Hasta el 28 de febrero habían fallecido en el país 256 médicos debido a la COVID-19, puntualiza Jaime Lorenzo, director ejecutivo de Médicos Unidos de Venezuela. “Según información suministrada por la Federación Médica Venezolana” hasta marzo de 2020 se habían ido del país 33 mil médicos en busca de mejores oportunidades

Desde niña sintió que debía estudiar medicina. “Yo soy la hermana mayor y desarrollé ese compromiso de protección, servicio y seguridad”, rememora Yajaira, egresada de La Universidad del Zulia y con más de 30 años de carrera. Como hija de maestra y un funcionario de la Guardia Nacional, asumió también que ser médica era una ayuda para la familia.

Hoy es jefa de emergencia de un centro asistencial en Caracas y, más allá de las carreras y dolores de cabeza, está satisfecha porque ha inspirado a otros “a seguir esta senda de servicio al prójimo”. Lo que más la frustra es “la mercantilización de la medicina”.

Como Yajaira, miles de médicos venezolanos –tanto los que permanecen en Venezuela como los que decidieron tomar otros rumbos- celebran su día este miércoles 10 de marzo. Es una fecha luctuosa para no pocas familias, por varias razones. La más contingente es la pandemia de COVID-19.

Hasta el 28 de febrero habían fallecido en el país 256 médicos debido a la COVID-19, puntualiza Jaime Lorenzo, director ejecutivo de Médicos Unidos de Venezuela. “La causa de la muerte definitivamente es COVID. Nosotros hacemos un análisis epidemiológico y clínico de los casos”, detalla. En algunos casos no fue posible la confirmación del coronavirus porque la prueba PCR “no llegó nunca, o llegó post mórtem”. Falta de materiales de protección y de pautas a seguir son las razones principales de estas muertes.

“La responsabilidad del Estado y del gobierno, representada en quien debe llevar la rectoría, que es el Ministerio de la Salud” es muy clara, puntualiza. Como ente rector debe “dictar las pautas necesarias para atender y manejarse dentro de las áreas de un hospital COVID o no COVID”, y saber que es una enfermedad “que puede entrar por cualquier área del sistema público de salud, e inclusive, del privado”. Si no hay protocolos y seguimiento “la posibilidad de infectarse es altísima”.

Tampoco hay “una política oportuna y continua de suministro de materiales de protección”, refiere. En síntesis, no hay nada que celebrar, como lo destaca MUV.

Los que se van, los que se quedan

“Según información suministrada por la Federación Médica Venezolana” hasta marzo de 2020 se habían ido del país 33 mil médicos, dice Lorenzo. Esto, sin contar a los que se fueron sin sus documentos, porque no los necesitaban para poder trabajar.

Aparte “hay un grupo importante de estudiantes de medicina que, habiendo culminado la carrera en Venezuela, se fueron y no solicitaron documentos porque probablemente no estaban inscritos en los colegios”, explica Lorenzo.

Otros se quedaron en Venezuela, en condiciones muy precarias, indica. Todo el personal sanitario “no ha tenido la facilidad de HCM que en algún momento llegó a tener el resto de funcionarios públicos, con la excusa de que, como estaban en los hospitales, no necesitaban ese apoyo”.

En una crisis generalizada, en la que los salarios son una víctima más, los médicos siguen dando mucho por muy poco, exponiéndose a enfermedades y a riesgos ocupacionales. “Estamos en un promedio de 24 a 28 dólares mensuales de sueldo, y un bono que lo dan por el carnet de la Patria que es para aquellos colegas registrados en esa página”. No existe ningún sistema de protección social ni acceso a medicamentos. A quienes han dedicado años a salvar las vidas de otros nadie les garantiza su propia vida.

Vida de entrega

Ser hijo de un médico es estar dispuesto a tener centenares de hermanos, que son los pacientes; a compartir menos tiempo en la casa; a aprender el significado de la palabra guardia. “Mi papá le daba mucha seriedad a su trato con los pacientes, mucha dedicación; tenía una gran vocación de servicio, una gran entrega”, recuerda el politólogo Jesús Mazzei, hijo del doctor Mazzei, expresidente del Instituto Nacional de Geriatría y Gerontología. “Mi papá era de los que iba a visitar a sus pacientes a la casa, y sobre todo, se dedicó a un grupo etareo que él quería mucho”.

El doctor Mazzei, para quien era muy importante el estudio, intentó que alguno de sus hijos siguiera la carrera, pero no lo logró. “Ninguno de nosotros tuvo la vocación”, relata. “Debe haber sido un trauma para mi papá, que ninguno de sus hijos se dedicara a la medicina”. Pero igual “sus hijos nos sentimos orgullosos del legado de mi papá”, hombre “que pertenece a una generación de médicos impresionante”.

Yajaira piensa que los médicos venezolanos necesitan apoyo “para poder cumplir con nuestro objetivo esencial: proveer a nuestros conciudadanos su bienestar” en la prevención, la curación e, incluso, los cuidados paliativos.

La situación socioeconómica corroe a los profesionales de la salud y es una de las peores enfermedades que atacan a los médicos. “Es imposible que mantengas un personal sanitario trabajando horarios de seis horas diarias por un sueldo que oscila entre 20 a 26 dólares mensuales. Con eso nadie vive”, subraya Lorenzo. Por eso los médicos están buscando cómo redondearse el ingreso con venta de productos, trabajos a destajo, algún oficio.

“¿Qué demandaríamos nosotros? Tener un futuro, no solamente para el ciudadano sino para el personal sanitario”, ingresos justos para los médicos y dotación; todo esto, para que el país vuelva ser “la punta de la medicina moderna en América Latina”.