Son las reinas de la resistencia, de la perseverancia, de la convicción. Porque para volar del norte al dur, y del sur al norte, prácticamente sin parar, hay que ser una maravilla con alas. Las aves migratorias son eso, y más. Y pasan por Venezuela, donde encuentran un lugar para recuperarse de estas travesías. Este sábado 9 de mayo es su día mundial, ocasión propicia para conocerlas, para contarlas e insistir en que su hogar -la naturaleza- corre peligro.
De acuerdo con Gianco Angelozzi, investigador venezolano radicado en Cadaná, en Venezuela hay 1.420 especies de aves registradas, y unas 132 son migratorias. Las que viven en el Norte se trasladan hacia zonas tropicales cuando el frío apremia, y las que residen en el Sur se mueven hacia el norte.
Las especies boreales, que crían en Estados Unidos y Canadá, «empiezan a llegar entre septiembre y noviembre y permanecen en el país hasta marzo o mayo», explica Angelozzi. «Las migratorias australes comienzan a llegar a Venezuela entre abril y junio, y retornan al sur entre septiembre y octubre». Es decir, que «tenemos aves migratorias en Venezuela todo el año, donde recuperan su energía, mudan las plumas y maduran sexualmente».
En territorio venezolano las aves utilizan bosques, playas, costas, las planicies intermareales, detalla el investigador. «No es un área de paso, es una pieza esencial para el ciclo de vida de muchas especies».


Una buena «pechuga»
Las aves migratorias recorren largas distancias, y pueden hacerlo porque su cuerpo está hecho para ello: «Tienen alas largas para aumentar la eficiencia del vuelo y músculos pectorales desarrollados, además de un sistema respiratorio eficiente» y otras adaptaciones metabólicas. Se pueden guiar por las estrellas.
Solo hay que ubicarse en el mapamundi para entender que son fenomenales: «Hay playeras que se reproducen el el Ártico canadiense, en el verano boreal, y se van a la Tierra del Fuego, en el sur de Suramérica», ilustra el científico. Pueden volar sin parar durante varios días, y tienen sus sitios de parada donde descansan y se reabastecen. Algunas especies vuelan de noche para evitar el calorón del día, y otras se aprovechan de las corrientes de aire ascendente.
Pero estos prodigios del aire afrontan amenazas como la pérdida del hábitat, el cambio climático, los fenómenos extremos como los huracanes. En Venezuela se ven perjudicadas, como lo enumera Angelozzi, por la colisión contra edificios, tendidos eléctricos y derrames petroleros en zonas de los estados Falcón y Anzoátegui.
Proteger el ambiente, resguardar ecosistemas clave como los humedales y las costas son acciones que benefician a las aves migratorias, las pequeñas que vuelan centenares de kilómetros en una red que conecta el planeta.





