La traducción literal de estas dos palabras las vuelve sinónimos, pero en la realidad económica nacional no son lo mismo. Hoy día se ha vuelto más fácil pagar con divisas en efectivo que con la moneda de curso legal. Existe el peligro que por esta vía se hagan operaciones de legitimación de capitales

Ya es común que en panaderías, supermercados, talleres mecánicos y mototaxis se acepten divisas como forma de pago, ante la falta de bolívares soberanos y los altos montos de los precios.

Las transacciones diarias de la economía están tendiendo a realizarse en divisas, y cada vez es más frecuente la circulación de billetes verdes con la cara de Lincoln Jefferson y Franklin en la calles y negocios del país.

Y no es solo en Caracas. Las transacciones en divisas son el pan nuestro de cada día en Maracaibo, Barquisimeto, Maracay, en una venta de empanadas en Calabozo o en las riberas del Cinaruco en el Parque Nacional Santos Luzardo, en el estado Apure.

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¿Y por qué?

El fenómeno hiperinflacionario ha complicado las formas de pago. Hace un tiempo el trueque y el pago en especies era muy común.

Contrapunto conoció el caso de la maestra de primaria que fue retenida en el colegio, gracias a que los padres y representantes aportaban mensualmente un kilo de algún producto alimenticio para completar el salario de la docente.

Sin embargo, desde comienzos de año los pagos en dólares vienen imponiéndose y no es raro que los responsables de atender y cobrar en los carritos de perros calientes le digan a sus clientes “pague en ‘Trones’ (traducción libre del plural del apellido Trump, que significa dólares), porque no hay conexión”.

Un “asquerosito” (perro caliente básico) puede costar hasta 6.000 bolívares, una hamburguesa “full equipo”, hasta 22.000 bolívares y una cachapa 15.000 bolívares.

En ningún caso alcanza con una ida al cajero automático para cancelar estos precios, ya que estos dispositivos entregan apenas 3.000 bolívares diarios.

La gente ha entendido que si tiene la posibilidad de acceder a divisas y se queda con ellas puede protegerse ante el aumento desmedido e implacable de los precios, a pesar de la ralentización que se ha producido en las últimas semanas.

Las empresas que manejan inventarios de alta rotación como los supermercados, se han anotado en esta tendencia y así facturan montos en bolívares que van a su contabilidad, pero reciben dólares para reponer su inventario. De esta forma declaran el IVA y el Impuesto Sobre La Renta en montos en bolívares, pero recibieron pagos en divisas que los protegen de la hiperinflación a la hora de reponer sus inventarios.

Los comerciantes han habilitado estas transacciones y se han sofisticado. En un principio solo aceptaban pagos en cifras redondas, es decir, 10, 20, 30, 50 o 100 dólares, sin embargo ahora ya “hasta dan vuelto”, en billetes de 1 y 5 dólares, si tienen la disponibilidad.

Si la cuenta no es redonda, se llega a un acuerdo de la cifra en bolívares que debe quedar por fuera y así cancelarla con la tarjeta de debito.

¡Pero cuidado! Si la conectividad falla, usted puede pasar más tiempo pagando 900 bolívares soberanos con su tarjeta de debito que cancelando el grueso de su cuenta en moneda extranjera.

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Las distorsiones

Una de las preocupaciones que se presentan con esta situación, que unos técnicos llaman “dolarización de facto” y otros desplazamiento de la moneda nacional, es el origen de los billetes verdes que circulan en la economía venezolana.

Siendo Venezuela un país cuyo flujo de divisas depende fundamentalmente de la renta petrolera, en este momento, con la caída de las exportaciones, existe una clara merma de este fuente.

El origen de los dólares existentes en el mercado interno pudiera estar vinculado a los agentes económicos que manejaban efectivo en dólares y no los pudieron bancarizar.

En este escenario, el analista financiero José Ignacio Guarino, llama la atención sobre el peligro de que se abra la posibilidad de que este mercado sirva para la legitimación de capitales provenientes de actividades reñidas con las buenas prácticas económicas.