Para muchos artistas el dibujo es la expresión sublime de su libertad; para otros pudiese significar la salida de sus problemas. Luis Zorrilla encontró en el arte su “vía de escape” para encontrarse con su “yo” interior y reflexionar sobre los sucesos que acontecieron en su vida. Para este caraqueño el retrato a grafito se convirtió en su fuente de trabajo. Se aferró férreamente a cada trazo sobre el papel, el cual logró exprimir toda su creatividad

Lleva más de 30 años radicado en el barrio “24 de julio de Petare” y hoy vive con sus dos hijas adolescentes. Desde niño sintió afinidad por el dibujo y el deporte, siendo así el baloncesto su máxima diversión. Recuerda con gran satisfacción las jugadas con sus compañeros en la cancha de la zona, donde amistosamente contendían. Esta disciplina deportiva lo animó a participar de manera “amateur” en la primaria y en el bachillerato.

Al finalizar sus estudios de secundaria ingresó en el Instituto Pedagógico de Miranda José Manuel Siso Martínez, donde optó por cursar la carrera de “Profesor de Educación Física”, la cual tuvo que congelar en el segundo semestre por un accidente que cambió totalmente su vida. 

El 17 de julio de 2010, Luis decidió ir una mañana de paseo junto a su familia a un río ubicado en Barlovento, para disfrutar del sol de aquel día. Decidió “lanzarse un clavado” desde una peña, pero sus 1,92 metros de estatura no resistieron de manera óptima la entrada al agua de aquel cuerpo que venía en caída libre.

“Me zumbé el clavado, pero para no pegar la cara contra el suelo del río, sufrí un latigazo. Cuando eché el cuello hacia atrás me fracturé la cervical, a nivel de la C5. Inmediatamente quedé inmóvil en el agua hasta que lograron sacarme y me trasladaron a un CDI de Barlovento (…) Han sido muchos años tristes que he pasado en cama. Hace casi un año empecé a dibujar de nuevo, yo dibujaba siempre desde pequeño; pero hace casi un año adaptándome con el lápiz empecé a trazar de nuevo. Puede decirse que dibujo mucho mejor que antes”, expresó.

Luis Rafael Zorrilla Navas

Nunca realizó cursos ni talleres de dibujo, lo que sabe lo ha aprendido a través de la práctica; como reza aquel refrán de nuestro acervo cultural “la práctica hace al maestro”. Zorrilla se considera que es un “profesional autodidacta del dibujo”. Consideró que tras el accidente sus pinturas mejoraron en gran manera, porque ahora tiene más tiempo para dedicarse a los detalles surrealistas de sus retratos.

Empezó a investigar sobre las características de los dibujos, los lápices adecuados para los trazos, los colores necesarios para dar las tonalidades y el papel ideal para llevar a cabo esta tarea. Un dibujo puede tardar en salir 2 semanas, pero con paciencia logra la tarea.

“Mi vida cambió de una manera total a lo positivo, muy feliz y contento. Los dibujos para mí fueron un milagro. Empecé a dibujar y colocar mis trabajos en Instagram y desde allí no he parado”, acotó.

Sus dibujos han recorrido por Venezuela, Colombia, España y Estados Unidos. Zorrilla estima que sus retratos pueden traspasar muchas fronteras y lleven un mensaje de esperanza y motivación para todas aquellas personas que han depositado su confianza en él.

¿Qué les dirías a esas jóvenes promesas del dibujo?

-A los jóvenes que les gusta dibujar, yo les diría que nos desmayen, que sigan haciéndole, que no se rindan. Que si ven otros dibujos mejores a los de ellos, que no importa, que no le paren a eso, porque cada quién tiene su estilo.

¿Podría decirse que usted es un dibujante-pintor empírico?

-No me considero empírico. Me considero 100% autodidacta, porque todo lo que he aprendido es por mí mismo.

¿Prefieres los dibujos retratos?

-Los retratos me gustan, porque siempre busco el realismo. Me gusta mucho el realismo. Siempre trato que mis trabajos sean lo más real posible, quiero que parezcan una fotografía. En blanco y negro, porque lo hago con lápices y es lo que más domino.

Las situaciones que muchas veces se pasan en la vida siempre tendrán un lado positivo; aún en los peores escenarios. Para Luis Zorrilla fue el empuje para dedicarse de lleno en una actividad que le devolvió el sentido de la vida, la cual permitió que su libertad se diera rienda suelta en cada trazo cuidadoso, pausado, pero firme en sus líneas.