Gobernadores que son candidatos a la reelección, y también aspirantes a alcaldías, prometen construir pozos. Los hogares venezolanos reciben, en promedio, 52 horas de agua a la semana, explica Jesús Vásquez, de Monitor Ciudad. Esta es la ruta de la escasez: “Almacenar agua, comprar agua embotellada, cargar agua desde otro punto y fuentes alternativas como agua de lluvia o de río”

“Me voy, porque ya va a empezar ‘la hora loca’ y tengo que correr”, dice Carolina, a pocos minutos del apartamento de sus padres en una zona de Caracas, en la que el agua es la excepción y no la regla. “La hora loca” es el día cuando “ponen el agua”, miércoles o domingo. Para remate, en esta zona caraqueña comenzó a fallar la luz. No es un parpadeo; es la oscuridad total, con velas que se reflejan en la ventana e iluminan la realidad. Y si a esa realidad le faltaban palabras, hoy las ponen los candidatos a alcaldías y gobernaciones con propagandas en las que prometen pozos de agua y electricidad permanente.

Por grupos de Whatsapp, un fenómeno comunicacional en Venezuela, circula un flyer en el que se afirma que esta campaña electoral parece del siglo XIX porque ofrece atender cosas que se daban por resueltas en este siglo. En esta campaña se ofrece resolver la crisis eléctrica y los candidatos “lo toman como tema electoral por lo grave de la situación en cada estado, las fallas son constantes, los apagones no tienen horario”, subraya Aixa López, presidenta del Comité de Afectados por los Apagones.

No es diferente con el agua. “El deterioro de los servicios públicos ha sido tan grande que los venezolanos, y no solo los caraqueños, comenzaron a identificar los servicios públicos como un obstáculo para su desarrollo y para poder progresar dentro de la sociedad”, remarca Jesús Vásquez, coordinador de Monitor Ciudad. En el caso de Caracas “las principales encuestadoras recuerdan que el problema del agua en Caracas es lo principal”, apunta. Por eso considera “perfectamente normal que los candidatos se refieren a los problemas de la población dentro de las campañas políticas”.

El agua y la electricidad, evalúa Vásquez, son los principales problemas de servicios públicos de Venezuela. El seguimiento de Monitor Ciudad permite concluir que “se mantiene por debajo de los tres días de agua a la semana en promedio”, e incluso el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos estima que el problema del agua “es el peor valorado en todo el país”. No se salvan ni los estados Amazonas y Bolívar, que deberían tener –como lo señala Vásquez- mayor disponibilidad de agua por su cercanía a grandes ríos y represas, pero “padecen los mismos problemas de las ciudades que están alejadas de las fuentes de agua”. El Comité de Afectados por los Apagones registra más de 100 mil fallas en lo que va de 2021.

“La luz, agua, basura son los principales, pero la luz impacta en otros y por ello es el principal”, señala López. El problema eléctrico, además, se relaciona con el agua, puntualiza Vásquez, porque afecta los equipos y sistemas.

La “hora loca” de Carolina no es algo nuevecito. “Tenemos varios años con un esquema importante de racionamiento que empezó hace varios años debido a un fenómeno climático”, y los monitoreos confirman que los hogares reciben unas 52 horas de servicio a la semana. Otro problema es la continuidad del suministro, y que las familias se vean obligadas a dedicar varias horas a buscar agua. “Esa es una gran tragedia y muestra las desigualdades entre los estados del país, y la importancia de tener un buen sistema de distribución”.

Para conseguir el líquido, las personas hacen de todo; hasta conseguir el dinero del que carecen. “Se ha privatizado informalmente el servicio de agua. Las personas más pudientes pueden alquilar una cisterna o perforar un pozo, pero en los sectores populares se tiene que comprar agua embotellada: esa es la principal forma de resolver”, describe. “Lo primero que hacen es buscar cuánto pote tengan para almacenar agua”. En zonas como Mariches y San José de Cotiza hasta almacenan agua de lluvia”. La secuencia detectada por Monitor Ciudad avanza así: “Almacenar agua, comprar agua embotellada, cargar agua desde otro punto y fuentes alternativas como agua de lluvia o de río”.

El más pobre debe exprimirse los bolsillos para disponer de lo mínimo. “Los que compran agua embotellada, 1 o 1,5 dólares. Perforar un pozo cuesta 20 mil dólares en promedio para menos de 100 metros”, ilustra. Un camión cisterna en Caracas se cotiza entre 40 y 60 dólares, puede costar entre 120 y 150 dólares en tiempos de escasez. En Zulia pueden ofrecerse en 200 dólares, en Amazonas se pagan 5 dólares una pimpina de 200 litros (no tratada)”. Esto “hace impagable el servicio de agua”, advierte.

¿Qué pasó con las súper cisternas que trajo el gobierno de Maduro? Han implicado nuevas dificultades. “Tienen que dedicar un día para esperar la cisterna, son las mujeres las más afectadas que se quedan todo el día cuidando que no les quiten el recipiente” y que tienen que cargar o arrastrar envases muy pesados.

Si este es el diagnóstico, ¿es falsa la promesa de los candidatos de resolver estas fallas? “No es irresponsable ni irreal la propuesta electoral”, destaca Aixa López. “Los alcaldes tienen competencia legal pero no la cumplen; si la cumplieran no habría tantos problemas con la luz ya que los alcaldes deben participar de manera proactiva con el ministro planificando, fiscalizando y educando a los usuarios, pero lamentablemente este tema se politiza”.

En cuando al agua, Jesús Vásquez afirma que alcaldes y gobernadores “sí tienen competencias sobre la gestión del agua”, y las alcaldías “son las responsables por la distribución del agua potable, aunque en la práctica no sucede así” y el servicio queda en manos de las hidrológicas.

Monitor Ciudad reitera que los alcaldes deben involucrarse en la gestión del agua, no solo porque es su competencia sino porque son problemas que vive el ciudadano. Pero alerta que los prometidos pozos de agua son soluciones locales y costosas, que no en todos los lugares pueden funcionar. “Parece irrealizable generar una expectativa de solucionar el problema del agua en una gobernación o alcaldía; no lo veo posible en las condiciones actuales”, refiere Vásquez. “Mas sí es necesaria la coordinación entre los distintos niveles del poder público y las hidrológicas, de manera de detectar las fugas de agua” y tomar otras medidas.