Es miércoles en la tarde y el por puesto que baja desde Catia hasta Caribe avanza cargado de gente sudorosa. En uno de los asientos, una muchacha habla por teléfono y cuenta que, de las casi 100 familias de su edificio colapsado por los terremotos del 24 de junio, solo dos han recibido financiamiento para una nueva vivienda: una de ellas, en Mamporal (Barlovento), y otra, en Caracas.
En la última parada, frente a varios esqueletos de edificios, desciende Pilar con una bolsa de cosméticos. Ella habla de las historias sobrenaturales que se repiten en La Guaira. «Venía en la camionetica y un muchacho me señaló un edificio. ‘¿Ve esa cortina?’, me preguntó. Y desapareció, chama. Nadie supo dónde se metió, ni cómo se bajó, ni nada».
También en Caribe, Gabriel, un trabajador playero, se preguntaba quién puede ir a la playa con tanta desolación. «La gente está deprimida», afirma, y asegura que no hay trabajo ni futuro. Su plan es desplazarse a una zona petrolera, en el sur de Anzoátegui. La nueva Casas Muertas de este siglo.
En algunas estructuras a medio derruir había personas tratando de llevarse un cable, una puerta. A pocos metros, la vida efervescente trata de encontrar la vida apagada: los topos que buscan cuerpos, o restos de ellos, en residencias Caribe. Un mensaje en la pared describe los más de cuatro meses de lucha: «Cuando todo se vino abajo, nosotros seguimos de pie».

Dentro de la estructura conviven varios grupos de topos: Máquina de Hierro y Cascos Rojos, además de Protección Civil. Fuera de ella, Topos Adrenalina y UB26. Todos trabajan para recuperar cuerpos y, en el caso de Adrenalina, garantizar también la entrega de documentos y objetos que las familias deseen conservar.
Los drones del matemático Taylort Villarreal han orientado las pesquisas, pero varios topos toman los resultados como un insumo importante mas no definitivo, ya que -al rastrear litio- puede confundirse con un televisor o un reloj. En residencias Caribe hay un problema estructural: el agua en los sótanos, posiblemente procedente de un manantial. Ese líquido se achica y regresa, como lo detalló una funcionaria de Protección Civil. Sin soluciones definitivas, lo que queda es sacarlo cada vez que está.

Jonathan Patti lidera los Topos Adrenalina. Escribe en un cuaderno lo que hace, lo que consigue entre los escombros, las familias que van a pedirle apoyo para extraer a sus seres queridos. Proyecta quedarse el tiempo que sea necesario para despejar por completo las residencias Caribe. Desde los terremotos, Patti vive en carpas, trabaja de noche y se mantiene activo para que otros no pierdan la fe.





