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viernes, 21 junio, 2024
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Enrique Márquez: «Yo sí veo al Gobierno de Maduro perdiendo y entregando»

Texto y fotos: Vanessa Davies

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Acabar con los apagones en un año, salarizar los bonos para que el salario mínimo sea de 130 dólares, pragmatismo internacional y libertad para la población Lgbti son algunas de las promesas que hace el candidato de Centrados

Claro que Enrique Márquez tiene respuesta para inquietudes como «qué hará con las pensiones», «a cuánto llevará el salario mínimo» o «cómo liberará a los presos políticos». Pero si algo define la campaña presidencial de Márquez, candidato presidencial por Centrados en la Gente, es que quiere ser «el centro de la política».

«Creo que Venezuela ha perdido foco y centro, y como como político ha sido mi búsqueda siempre, y como candidato es mi oferta, encontrar una posibilidad de desarrollo de la política venezolana alrededor de la gente, alrededor del centro», señala durante una visita contrapunto.com.

-¿Qué es el centro?

-El no conflicto. El tratar de manejar el conflicto dentro de la Constitución. Siempre hay conflicto de ideas; si no, no seríamos seres humanos. Pero el centro debe ser la Constitución, que es el marco del manejo de conflicto.

Entre justicia y venganza, se inclina por justicia. «Inicialmente yo renuncio a la vendetta, a la venganza; renuncio a eso», aclara. «Conduciría al país hacia un proceso muy pragmático de encuentro. Hay quienes utilizan la palabra reconciliación; me parece una palabra muy humana para meterla en la política. Me parece que es un proceso de reencuentro por el país. Un plan pragmático que nos aleje de las ideologías, porque esto le ha hecho daño al país».

El centro «debe ser muy pragmático», reitera. «No hay pragmatismo en la venganza. En la venganza nadie gana. Creo que hay que romper los retrovisores y mirar hacia adelante». Eso no significa que no haya justicia: «Lo que no hay es venganza».

De inmediato, marca sus acciones con los presos políticos. «A aquellos que no tengan juicio, los sacaría. A todos les daría el beneficio de, si tienen un juicio abierto, lo tengan en libertad».

-¿Cree en la amnistía?

-Creo profundamente en la posibilidad de una amnistía política. No creo que pueda haber amnistía general, porque hay muchas acusaciones de violación de derechos humanos. De tal manera que yo hablaría una amnistía política que nos permita encontrar el camino de la política alejado precisamente de estos odios, y de estos códigos de odio, que la revolución ha impuesto en Venezuela. Yo creo que la única manera de girar el país es cambiar los códigos en los cuales se mueve el poder. Si el poder que espero tener lo voy a ejercer desde los mismos códigos de quien me ha precedido, eso no tiene sentido. El código de la intolerancia se vence con diálogo y tolerancia.

-¿Conviviría con el chavismo? ¿De qué manera?

-Cediendo y apretando. Cediendo en lo que haya que ceder y apretando en donde haya que apretar en función de empujar el país en la dirección correcta. Es imposible que yo pueda hacer una predicción de cómo se va a comportar el chavismo frente a una derrota. Hay muchos que piensan que el gobierno no está preparado para entregar el poder; yo digo que sí, porque se ha debilitado mucho, no tiene capital político para quedarse en el poder si pierde. De tal manera que yo sí veo al gobierno de Maduro perdiendo y entregando. Ahora, ¿qué va a pasar de ahí en adelante?

-¿Qué haría Enrique Márquez?

-Lo primero que haría es llamar a Maduro a una conversación sincera y ver lo que tenemos por delante en el país; a Maduro y al PSUV, igual que a la Plataforma, igual que a María Corina: ¿Qué país tenemos hacia adelante? Mi oferta ha sido un gobierno de emergencia y Unidad Nacional, porque hay cosas que hay que atender urgentemente. Eso implica a todo el mundo. Implica a todo el mundo necesario para preservar esa visión de unidad nacional, que no es algo utópico. La mayoría de los países, cuando se han encontrado en problemas de este tipo, claman por la unidad del país alrededor de un plan. Todos.

-¿Su plan podría ser apoyado por todos?

-Eso es lo que quiero y en eso se irá todo mis esfuerzo: en buscar concertar ese plan. Iré a la Asamblea Nacional y presentaré mi plan.

Sus acciones urgentísimas son para la economía, la educación y la salud. «La economía, para generar empleo de calidad, bien pagado. Eso no lo puede hacer el Estado solo; tiene que ser con el sector privado. Luego, el tema de la educación, porque no es posible que nuestros muchachos estén yendo a la escuela pública atendiendo dos días de clase a la semana».

-¿Cómo resuelve eso?

-Con la formación de 300.000 maestros en dos años. Porque hay un déficit de 300.000 maestros. Los maestros no es que no quieren dar clases; es que no hay maestros y no hay sueldos.

-¿Como les va a mejorar el sueldo a los maestros?

-Eso va en el tema económico: no hay forma, si no hay un refinanciamiento de deuda y una búsqueda de dinero fresco a través de las multilaterales.

-¿Por qué se lo prestarían?

-Porque habría una unidad nacional detrás; esa es la clave. A Maduro no se lo pueden prestar, y a un presidente que no genere unidad nacional y mantenga el conflicto tampoco se lo van a dar. Por eso es que digo que la solución para el país es alejarnos del conflicto.

-¿Cuánto podría ser ese dinero fresco?

-Los que me asesoran en esa materia hablan de que es posible captar en el año 1 cerca de 15 mil millones de dólares, que se sumarán a los recursos que se liberen del peso del Estado, porque hay una cantidad de empresas que hay que sacar del control del Estado. Según los empresarios de Fedecámaras hay cerca de 830 empresas.

-¿Las entregaría todas?

-No es tan sencillo como entregarlas; no es tan sencillo como eso. Hay que buscar cuál es la fórmula para cada una, porque es distinto hablar de Sidor o hablar de una torrefactora de café. Va a depender mucho de lo que queramos hacer en conjunto. Como he dicho, mi propuesta es entregar Sidor a una empresa del Estado con participación privada; no necesariamente tiene que ser privatizada. Yo no soy un privatizador a ultranza. Es una empresa mixta. El Estado está presente y el privado está presente.

-¿Qué haría con la salud?

-El tema del sistema prestacional de salud tiene que ver con la seguridad social en Venezuela, y eso no puede seguir siendo manejado exclusivamente por el Estado. La Seguridad Social tiene que ser manejada por los tres actores fundamentales: el Estado, el sector privado empleador y los trabajadores. Ese fondo especial está creado en el en el Sistema Integral de Seguridad Social, cuya ley fue aprobada al principio del año 2000. El sistema prestacional de salud de esa ley no ha sido aprobado por la Asamblea. En esa ley se establece que el fondo para manejar la salud en Venezuela nace precisamente de la Tesorería de Seguridad Social; esa Tesorería de Seguridad Social no la maneja el Estado, sino que la maneja esa concepción tripartita. La salud debe pasar por un proceso, no de desestatización, sino de sacar al gobierno del tema del control absoluto y pasarlo al control de lo que debe ser, que es una una visión de Seguridad Social para los trabajadores, para su familia, para los ancianos. Ese sistema está definido. ¿Por qué Maduro no lo implementa? Porque pierde el control de los fondos. Ese fondo idealmente en cada país no es manejado por el gobierno; es manejado por una tesorería que tiene que ver con esa visión tripartita de la salud, del empleo, de los salarios, de las pensiones.

-¿Su meta es llevar el salario mínimo a cuánto?

-Mira, tenemos un salario mínimo demasiado bajo. Yo lo primero que haría es desbonificar. Si los desbonificas, el salario mínimo con incidencia en prestaciones estaría en 130 dólares, al salarizar los bonos. Ahora, eso tiene una influencia directa, sobre todo, en el Estado, en materia de prestaciones. Yo creo que allí tiene que haber una búsqueda con los trabajadores y los empresarios de una fórmula para que ese impacto pueda ser manejado, pero a mí me parece un contrasentido que el madurismo, que es diferente del chavismo, haya dejado perder la Ley del Trabajo.

-¿Mantendría la ley tal como está?

-Sí, porque la única manera de cambiar esa ley es que exista un gran acuerdo sobre un nuevo esquema, y eso es complicadísimo. Yo no me atrevería a tocar esa ley; yo creo que hay que respetarla, hay que desarrollarla y, en este caso, buscar una forma de implementación que puede ser acordada con los trabajadores, porque sí sé del impacto que tiene principalmente en el Estado, porque el sector privado está pagando mucho mejores salarios y está aplicando la Ley del Trabajo. Es en el sector público donde se ha bonificado el ingreso de una manera grosera. De tal manera que yo sí mantendría la ley; es muy difícil, pero hay que hacerlo.

-¿Cómo se reinstitucionaliza el Estado?

-Debe haber un gran acuerdo nacional para hacerlo, y cuando digo esto es que no lo puede hacer un solo sector. Durante mucho tiempo vamos a tener que convivir, y por eso hablo de la unidad nacional como solución, no como eslogan: es la solución para el país. Por lo menos un periodo constitucional que lo utilicemos para eso. Ahora, ¿cómo reinstitucionalizar? Yo sí creo que yo, como presidente, buscaría ajustar la Constitución, ajustar las leyes para que no vuelva a presentarse el caso de que el contralor y el fiscal sean amigos íntimos del presidente. El contralor debe ser del bando contrario al presidente, y el fiscal también, porque el contralor tiene que controlar. Yo pediría un contralor que me ayude a vigilar a mis funcionarios, y un fiscal que vigile el cumplimiento de los derechos humanos, sobre todo.

-¿Cómo se manejaría en el ámbito internacional?

-Con absoluto pragmatismo. Venezuela necesita también en esa materia un reseteo, cero ideología en la política internacional, que es como se mueven la mayoría de los países. Tenemos a Brasil, que ha ido de la izquierda a la derecha y ha mantenido su visión internacional; creo que Brasil es un ejemplo de lo que hay que hacer, porque ha mantenido su visión internacional a pesar de las idas y venidas, tienen una una formación diplomática muy sólida. Yo rescataría a la carrera diplomática por completo y pragmatizaría las relaciones internacionales: las volvería relaciones más comerciales y menos ideológicas. Reivindicaría el poder geopolítico que tiene el petróleo; no regalaría petróleo, no lo utilizaría para eso. Lo utilizaría para construir relaciones fuertes con el que nos pague mejor. Pragmático, como los chinos; pragmático, como los brasileños. ¿Por qué tenemos que andar nosotros jugando a la ideología?

-¿Qué haría con la población LGBT, matrimonios igualitarios?

-Libertad. Eso significa someter a la consulta del pueblo la reformas que haya que hacer, y que el pueblo decida, pero sí estoy de acuerdo con que cada quien busque la felicidad de la forma como considere. Este es un Estado seglar, no está amarrado a ninguna iglesia, y como jefe de Estado respetaré todo eso. Sí creo en la libertad; eso significa que estoy a favor de cada quien pueda tener la orientación sexual que considere y tenga la libertad para hacerlo, y el Estado no se debe mezclar en eso; debe dar libertad. El tema más polémico quizá es el aborto, un tema de la vida; eso también eso hay que discutirlo profundamente. Se puede tener libertad para todo, pero cuando tocas la vida de otra persona ahí sí que deberíamos pensarlo bien. No estoy en contra, pero sí creo que hay que discutirlo mucho. Mi posición allí es «discutamos y veamos cómo le ha ido al resto del mundo que ha andado antes que nosotros esa senda». Creo que hay que discutir y comparar, y ver cuál es el esquema venezolano para ese aspecto. No me dejaría yo llevar por una moda o por algo de eso; yo creo que hay que hacer las cosas a lo venezolano. Nosotros tenemos una tipología del ser humano muy particular; creemos en la familia, creemos en el poder del amor de la familia, más que muchos. Yo sí creo en la preservación de la familia como un elemento fundamental de una política de Estado.

-La familia, ¿como la concibe?

-Libertad ante la construcción de ella. La familia. El amor de la familia, para mí, no tiene sexo, no tiene sexo. Tiene que haber libertad para eso y desde hace tiempo el ser humano rompió esa barrera; en Venezuela tiene que romperse.

-¿Cómo imagina estos seis meses, si gana?

-De convivencia, de diálogo, de conversaciones.

-¿No adelantaría la entrega del poder?

-No. Espero respetar la Constitución. Tomo el poder el 10 de enero. Y exigiría, en ese tiempo, que cualquier decisión que se vaya a tomar en el Estado sea una decisión, ojalá, concertada en función de avanzar. Por ejemplo, yo planteo que una de las primeras decisiones en la ruta de la planificación para la recuperación de la economía tiene que ver con el sistema eléctrico. Sin electricidad no podemos, y es algo tan práctico, tan pragmático. Nosotros tenemos una fórmula para resolver eso, pero se requiere un cambio en la ley, porque la ley del servicio eléctrico es una ley estatista y centralista, y con ese esquema no se puede; no importa los millones que le metas al sistema, con ese esquema no se puede.

SE propone reformar la ley para descentralizar «y permitir la competencia del sector privado, con el Estado entre ellos, de generación; preservando el control sobre la hidroelectricidad, sobre las termoeléctricas ya instaladas, sobre la transmisión de ultra alta tensión, e ir caminando en la dirección que ha caminado todo el planeta. Sumando América del Norte, América del Sur, Europa, el norte de África y Asia, solamente hay tres países donde el esquema que se utiliza es el de Venezuela: Venezuela Cuba y Norcorea. Todo lo demás camina en una dirección de desconcentración, de descentralización y de participación del sector privado. Esa es la solución para el sistema eléctrico y fíjate que no es tan complicado».

Lanza una de sus grandes promesas: «En un año no hay apagones en Venezuela. Hay dos medidas inmediatas: estabilizar el sistema de transmisión, que está desestabilizado; hay que invertir unos millones de dólares para eso, pero los tenemos, y ahí recuperamos 2.000 megavatios en esa en esa reestructuración que dura unos 10 meses. Y unos 2.000 megavatios más en tres plantas termoeléctricas: termozulia, termocumaná y termocarabobo, que son las más grandes y están en buen estado; lo que hay que hacer es llevarles combustible. Tenemos todos los planes, tenemos cómo hacerlo; de tal manera que en un año nosotros tenemos un sistema ya sano, sin apagones y ofreciendo a la industria un poco de energía para que arranque. En cuatro años tenemos superávit; no es tan complicado».

-¿Qué haría con los militares?

-Respeto a la institucionalidad.

-Han sido beligerantes.

-Eso es una violación de la Constitución. Yo hablo de volver a la Constitución. Eso significa un proceso de conversaciones respetuosas con el sector militar. Le daría todo el espacio que tienen hoy.

-¿Que sigan votando?

-Eso está en la Constitución. Lo que no deben hacer es tomar partido. Eso hay que corregirlo. Eso no se corrige en un salto cuántico, eso nos va a costar. Es que nada será fácil. Nos va a contar, pero tiene que haber un acuerdo nacional para que eso se produzca, y yo percibo que hay un pueblo que está decidido a construir ese acuerdo nacional. Hay una fuerza popular gigantesca que está dispuesta a acompañar los cambios y yo creo que ese el capital político que tendrá el que llegue la presidencia.

A pesar de las tentaciones, Márquez confirma que no cree en la reelección: «No me voy a reelegir. Voy a impulsar un cambio en la Constitución, concertado con toda la clase política, para eliminar la reelección».

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