La reconstrucción del país puede comenzar por los barrios venezolanos donde vive más de la mitad de la población, sostiene la arquitecta, investigadora y profesora universitaria Josefina Baldó, coautora del libro “La habilitación de barrios: principios, historia, metodología”
“No vas a poder decir que vas a reconstruir al país dejando el 54% de la población de lado”, sentencia y habla de un plan de largo plazo, de una política de Estado que trascienda a los gobiernos de turno.
De visita en la redacción de Contrapunto.com, llega puntual a la cita envuelta en el halo de la sabiduría que da la experiencia, la disciplina en la investigación y la sensibilidad por los sectores vulnerables del país.
Conversamos un poco sobre el bautizo del libro que escribió junto a Federico Villanueva y el respaldo recibido, no solo de la academia y la empresa privada, sino por los sectores populares que fueron protagonistas del trabajo de campo en el proceso de investigación y la puesta en práctica de algunas de las propuestas.
“Este libro recogió todo un ambiente de muchos años de lucha y además de la UCV, Empresas Polar y la CAF, estuvieron presentes en el bautizo gente que llegó desde Ojo de Agua, desde Macarao, desde Petare. Ahí estaba un grupo representativo porque formaban parte de ese libro. Lo lindo es que no eran sujetos pasivos, a los que se les iba a ofrecer esto; no, ellos participaron. Son protagonistas de los planos que tiene el libro. Tenemos años de planos con fotos. No solo aparecen fotos de ellos, sino que venían cuando teníamos que ubicar la foto exacta y daban toda la colaboración para que el libro saliera lo mejor posible”, señaló.
Las propuestas
Define la obra “como el inicio de una etapa que ahora viene al fin. Como dicen, le llegó el momento de poner en práctica un programa como este”.
“El 54% de nuestra gente vive en barrios, es un porcentaje gigantesco. Eso significa que casi seis de cada diez venezolanos, están viviendo en barrios. No es cualquier cosa”, sentencia la urbanista.
– Usted habla de que no hay que demoler. La idea es construir sobre el aporte que ha hecho también la creatividad popular en el barrio. Esa creatividad nuestra… ¿no ha puesto en riesgo en algún momento la vida de la gente en el barrio? Se lo pregunto porque llueve y hay desastres, los techos de cartón no son mentira.
– Ellos tienen un patrimonio construido. Este es su patrimonio. La gente a veces dejó todo porque su casa tuviera una plataforma más y pudieran montar otro piso. Es increíble el esfuerzo humano que se hizo en cada caso. Estamos en 2026, hay varias generaciones en ese trabajo desde los años 30 o 40 que empezó todo. Desde el boom petrolero para acá, empezaron al comienzo con ranchos de lata, provisionales y eso se fue mejorando cada vez más. Vinieron los hijos, esta gente en muchos casos montaba la platabanda arriba, después vinieron los nietos y siguió el crecimiento. Unos se van para otra parte, pero… ¿qué pasa por lo cual la gente tiene ese apego y arraigo con el barrio? Ellos ahí tienen unos lazos de solidaridad muy fuertes que no consiguen en otras partes.
Explica la arquitecta que “el abordaje no solo es de cabillas y cemento, debe ser integral. Hay que hacer todo un trabajo social, porque tú no puedes desarraigar a una persona. Yo recuerdo en el 99, con personas que vivían en La Guaira y eran pescadores, los llevaban a los Andes. ¡Señor, era imposible! A los tres meses volvieron a La Guaira. No se puede desarraigar así. Esos lazos de solidaridad, los tienen muy fuertes, de apego a su sitio. Claro que quieren que estén en condiciones de vida saludables, porque no es posible que no tengan proyectos de cloacas, de acueductos, de electricidad, un centro comunitario adecuado, una casa. Tiene que haber un teatro, una universidad, una escuela un centro comercial”.
Indica que la intervención debe ser planificada y no puede pensarse en un proyecto de corto plazo y debe dejarse atrás lo que denomina «procesos de maquillaje superficial».
“Está el tema de la seguridad, más ahora que los recientes sismos lo han puesto en evidencia. Hay que preservar lo del barrio, su patrimonio construido, pero intervenir, que es muy distinto al ‘maquillajito’ ese que le hacían solo con friso y pintura”, sentencia la profesora universitaria.
El planteamiento propone una intervención inteligente “porque en los barrios, en los cerros están casi sin calles, eso terrible. La gente tiene que subir el equivalente a 23 pisos. Ese es el promedio que encontramos nosotros en los barrios, por ejemplo, del área metropolitana. Desde el sitio de transporte público a una casa hay que subir o bajar hasta 23 pisos”.
“Te imaginas las condiciones de un trabajador que va y regresa a su puesto de trabajo y tiene que transitar ese trayecto. Buena parte de ellos están en el mercado formal de trabajo. Quieren toda la ciudad formal. Por eso es que no son marginales, están integrados a todo el aspecto socioeconómico de la ciudad. Llegan y tienen esa carga encima de haber tenido que hacer esa subida o bajada. Y además no puede ser que el agua no llegue ahora a nadie. Esto es verdaderamente un país muy destruido, pero por lo menos tenemos tuberías, alguna infraestructura para que por ahí llegue. Ahí no hay proyecto. Hay que crearle la infraestructura completa.
– Pero hay problemas de diseño urbanístico. Calles angostas, espacios que se cortan. Si se sostiene que no se debe demoler el barrio… ¿cómo crear las condiciones para la llegada de servicios? Si se interviene el barrio, se tiene que abrir una calle para que suba el transporte, también se van a llevar por delante una casa.
– Si es necesario te la vas a llevar, porque el proyecto tiene contemplado que si se van a demoler casas debe ser porque están en los suelos peligrosos, con problemas geotécnicos importantes, deslizamiento profundo y otra cantidad de aspectos técnicos que hay. Se tienen que demoler esas viviendas porque son un peligro, y se tienen que demoler porque va a pasar una calle. Pero esa gente de Caracas, por ejemplo, no es que ahora se va para Aragua o para los Valles del Tuy. No. Ella se va a quedar en el barrio y vamos a hacer conjuntos habitacionales para esa gente; se llaman viviendas de sustitución. Entonces la intervención no es una intervención de asfalto, cabilla y concreto. Es un abordaje social integral que también tiene que ver con la infraestructura.
– ¿En nuestros barrios hoy están los mejores arquitectos del mundo? Uno ve que en los barrios de Caracas y La Guaira no se cayeron tantas casas como uno esperaría?
– Hay que tener en cuenta y evaluar qué pasó en La Guaira. Vimos que fue un doble sismo, que fue muy duro y que realmente podía haber tumbado muchas cosas, pero hay que evaluar también la mala praxis. ¿Dónde se implementó? ¿En qué condiciones? ¿Cómo se hicieron esas edificaciones? Con Misión Vivienda desde antes, yo estuve allá, era un poco de latas brillantes que con el sol se veían. En Playa Grande todo se cayó, quedaron tres edificios. Es decir, la urbanización Hugo Chávez. Entonces hay que saber que ahí sí hubo las dos cosas: un sismo monstruoso y que además se hicieron edificaciones en un suelo que es imperdonable que se hiciera. Desde 1999 o 2000 había un registro de que había zonas donde tenían que ser o edificios muy bajos o zona verde. Eso es un problema y eso hay que evaluarlo bien. Además de los materiales, cómo se construyó y la parte estructural de las edificaciones.
Agrega que “los barrios prácticamente no se cayeron en La Guaira. Y afortunadamente en Caracas, en los sitios en pendientes donde el sismo tocó duro, la gente estaba en su casa, ahí durmió y siguió. Uno diría que resistieron, pero vale la pena una buena revisión porque el problema estructural en estas zonas. Necesitan una inspección hoy día porque con las lluvias hay peligro. No es que están absolutamente sin problema, pero sí se demostró que la gente construyó sus casas lo mejor posible”.
– ¿Cuánto le puede costar eso al país? Hay que tener un programa de financiamiento para eso. ¿Los multilaterales lo podrían hacer?
– Claro, sí podrían. Y fíjate que muchas veces nosotros sacamos las cifras. Si es para Caracas, todo sería 2.500 millones de dólares y para el país eran como 35.000 millones de dólares.
Asume que claramente esto tiene que ser asumido como una política de Estado porque no es atractiva para el sector privado.
Al mirar las cifras, vienen a la memoria dos casos de corrupción reconocidos por el Gobierno como el PDVSA Cripto y el vinculado a las acciones de Alex Saab. Lo dicho oficial y extraoficialmente indica que allí se perdieron los recursos calculados para este programa.
Baldó indica que el Estado venezolano, por ley, tuvo dentro de sus presupuestos, la provisión para gastos de este tipo destinados a la vivienda.
“Estaba establecido, cuando se montó el Consejo de la Vivienda, antes de la llegada de Hugo Chávez al poder, que se destinara el 5% del presupuesto nacional para el programa de vivienda, de los cuales había unos a fondo perdido y otros que sí tenían ganancias. Porque en estas viviendas no es que se financia todo para que la casa vaya a quedar perfecta; se financia la parte común, la estructura, la planificación urbana y de servicios, y la gente después con crédito va mejorando su vivienda. Era un programa que era muy equilibrado, porque además estaba este fondo que, muchas veces, era a fondo perdido en este caso”, recuerda la arquitecta.
Explica que con esos recursos “se montaron programas en barrios de todo el país. Teníamos proyectos y alrededor de un millar de talleres de arquitectura. Eso fue increíble, la masa de gente que pudo hacer este trabajo. Esto fue política de Estado en el 99 y 2000. Además había seis programas, pero no voy a entrar en ese detalle ahorita; uno era la habilitación de barrios. Y esto estaba acompañado por el refuerzo de la Ley de Política Habitacional que, justamente, destinaba estos fondos del presupuesto nacional. Lo otro era lo del ahorro habitacional, donde la gente tenía que dar el 3% y el 2% que venía para esto. Entonces era muy completo lo que se tenía. Sumado a que sí se pueden pedir fondos, porque hoy en día, bueno, con un país quebrado y con la poca voluntad que hay de montar esto, hay que hacerlo”.
Baldó sostiene que la propuesta del libro “La habilitación de barrios: principios, historia, metodología” es una oportunidad “en un momento de un país destruido, de reconstruir no solamente La Guaira, sino reconstruir Venezuela completa. Y uno de esos elementos son los barrios, porque no vas a poder decir que vas a reconstruir al país dejando el 54% de la población de lado».
Finalmente recalca: «Esto hay que hacerlo con la gente. Sin la gente ningún proyecto de urbanismo puede ser exitoso. Con la sabiduría de la gente, con el rigor de la técnica y el estudio, está garantizada la reconstrucción de un país que tiene a profesionales de la más alta calidad y la gente creativa y resiliente».





