Se debe «diseñar una nueva ley con menos vocación de exhaustividad que la que tenemos en este momento», enfatizó el rector de la UCV / Texto y fotos: Vanessa Davies
El rector de la UCV, Víctor Rago, fue este jueves el organizador del debate sobre la nueva ley universitaria y, también, el anfitrión para una discusión que enciende pasiones y aviva preguntas.
«Parece que estamos en presencia, en esta universidad y en el país en general, en presencia de una situación muy peculiar, que es ponerle término, ponerle fin a una larguísima postergación del debate sobre los temas universitarios esenciales», enfatizó. «Esta es una institución fundamentalmente deliberativa y dialogal, para la que la interacción comunicativa es esencial y es la fuente de la que se alimenta la atmósfera intelectual que es la universidad».
El problema «es discutir sobre la universidad, preservar lo bueno que tiene el texto vigente, aunque sea residualmente, si nos parece que en términos generales está envejecido y obsoleto, y diseñar una nueva ley con menos vocación de exhaustividad que la que tenemos en este momento y que reconozca la amplia diversidad de las instituciones, de las instituciones universitarias».
Las universidades se examinan
El profesor aclaró que no concibe el debate de la ley de universidades «como un debate primario», y consideró que «la primera etapa del debate no debe ser la consideración de un texto legal, sino el examen crítico de la propia institución regulada por ese texto legal o por cualquier otro». Si la discusión se centra en quitar una norma para poner otra exclusivamente, «creo que nos perderíamos la oportunidad de decir cosas interesantes a propósito de la institución. Porque reflexionar sobre la institución, además, no es una tarea intermitente de los universitarios, ocasional, estimulada por una circunstancia casual. La reflexión sobre la institución es una tarea continua y permanente de los universitarios, porque la universidad es una institución en permanente proceso de constitución, es un proyecto inacabado».
Para Rago, la única perspectiva «desde la cual podemos concebir a la universidad como una institución relevante y fundamental para la sociedad es la perspectiva de la transformación universitaria». Si la ley vigente «nos parece defectuosa hoy, insuficiente, represiva en algunos aspectos, etcétera, es porque el mundo ha cambiado y la universidad, que pertenece al mundo, ha cambiado también».
Las universidades, subrayó, «deben cambiar, deben estar en proceso constante de transformación. Y la transformación universitaria, el cambio necesario, el cambio que les es consustancial a estas instituciones, no debe ser concebido como una tragedia apocalíptica que la va a condenar a una servidumbre ajena a su naturaleza, sino como una manifestación de vitalidad de la propia institución, que la hace en la medida en que cambia la cada vez más apta para cumplir con sus fines esenciales».
No adaptarse servilmente al mundo
El cambio del régimen académico es indispensable, aseveró. «Nosotros podríamos preguntarnos por qué tenemos las carreras que tenemos, o si deberíamos tener otras carreras. Y luego, el desarrollo de capacidades institucionales para interactuar con el mundo. Las universidades no deben adaptarse servilmente al mundo, que está configurado por fuerzas muy poderosas, por supuesto mucho más poderosas que las personas».
Las universidades, defendió, tienen una palabra que decir «acerca de la forma que debería adoptar el mundo, porque en realidad el sentido básico de esta institución, desde sus orígenes, es mejorar el mundo, hacer del mundo un lugar mejor, conociéndolo, interpretándolo».
Rago se refirió a conceptos como autonomía y democracia. «A mí me parece perfectamente natural, y algo que no entraña una dificultad, que supere la capacidad intelectual media de las personas, que la universidad, que la autonomía, tenga, entre otros significados, el de libertad de pensamiento». La democracia, explicó, «tiene que ser democracia universitaria, no democracia secas, democracia universitaria; es decir, un modelo de funcionamiento que garantice el máximo de democracia en el marco de las propiedades que definen a la institución».





