Dionis Alvarado, profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad de Carabobo (UC), aseguró que la necesidad lo obligó a vender la ropa de su madre, ya “con un salario inferior a tres dólares quincenales es imposible comer”

Este jueves, el diputado a la Asamblea Nacional electa en 2015, Marco Aurelio Quiñones, lamentó que la crisis económica que vive Venezuela haya llegado a niveles tan severos que se den casos como el del profesor universitario Dionis Alvarado, que habría vendido la ropa de su madre fallecida para poder comprar un poco de arroz.

“Las penurias en las condiciones de vida en Venezuela son comparables con la pobreza de naciones africanas que viven sumidas en guerras o luchas tribales”, refirió Quiñones en un mensaje difundido a través de sus redes sociales.

En ese sentido, alertó que la crisis económica ocasionada por la dictadura de Nicolás Maduro ha convertido a Venezuela en uno de los países más pobres del mundo.

“Hemos involucionado tanto gracias al régimen de Maduro que vamos rumbo a ser considerados la Etiopía de Suramérica”, concluyó.

Por su parte, Dionis Alvarado, profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad de Carabobo (UC), aseguró que la necesidad lo obligó a vender la ropa de su madre, ya “con un salario inferior a tres dólares quincenales, cada día que pasa se le hace más cuesta arriba cubrir sus necesidades básicas e incluso cumplir con las clases”.

“Vendí la ropa de mi madre muerta para comprar arroz, porque eso es lo que estamos comiendo en la casa: arroz con granos”, dijo Alvarado en entrevista con El Carabobeño. “La quincena apenas me alcanza para comprar un kilogramo del frijol más barato, porque ni siquiera caraotas”.

Debido a que vive en Valencia y no posee un vehículo propio que le permita trasladarse de Carabobo hasta Aragua, se ve en la obligación de usar transporte público. “El salario es insuficiente para ir hasta Maracay a dar las clases, por lo cual hay un impedimento básico para poder cumplir con mis responsabilidades como docente”, expuso.

La muerte de su madre, quien durante 56 años se mantuvo activa al servicio de la nación como maestra, significó una enorme tragedia. No solo por lo que implica la pérdida de una figura tan esencial, sino también por los gastos que derivan de los servicios funerarios, que en la mayoría de los casos llegan a superar los mil dólares.

“Tuve que pedir ayuda”, admitió avergonzado y casi entre lágrimas. “El día de su muerte, gracias a los profesores y muchos amigos pudimos pagar parte el entierro, porque con el dinero que le quedó a ella de sus prestaciones no alcanzaba ni siquiera para comprar las flores de su tumba, después de 56 años de servicio”.