«No se reconstruye lo que no se ha despejado, y despejar es lento», afirma Oliveros mientras advierte que desechar escombros en vertederos destruye su valor de recuperación y acelera la saturación de los terrenos.
«No se reconstruye lo que no se ha despejado, y despejar es lento», afirma Oliveros mientras advierte que desechar escombros en vertederos destruye su valor de recuperación y acelera la saturación de los terrenos.
Posterior a los eventos sísmicos, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)) estimó que se generaron al menos 12 millones de toneladas de escombros en las zonas afectadas.
Ante esto, el economista Luis Oliveros, afirma que se debe atender la problemática mediante ejecuciones de reciclaje como la separación en origen, en vez de depositar todo en un botadero.
«No se reconstruye lo que no se ha despejado, y despejar es lento», sostiene Oliveros en paralelo que destaca que la acción de arrojar los escombros en un vertedero no solo destruye el valor recuperable de los componentes, sino que consume terrenos de manera acelerada.
Un flujo de materiales con valor macroeconómico
Bajo una perspectiva técnica y financiera, los escombros no deben verse únicamente como desecho, sino como un flujo continuo de materiales clasificables:
- Concreto y mampostería (60–75%): Una vez triturado, puede convertirse en agregado reciclado para bases de vías, rellenos y concreto nuevo.
- Acero y cabilla (5–10%): Representa un mercado de chatarra con alto valor comercial que prácticamente autofinancia su propia recolección.
- Fracción peligrosa (Asbesto, plomo, componentes médicos o electrónicos): Es la fracción crítica de seguridad; debe aislarse y tratarse de forma independiente para evitar contaminación masiva.
Oliveros aclara que el reciclaje no es «ambientalismo decorativo», en cambio, su aplicación puede «tener un dividendo macro directo: cada metro cúbico de agregado recuperado puede ser generador de divisas».





