El escenario que se avecina disminuye los estímulos para sentarse a dialogar con la Casa Blanca, según la percepción del analista Benigno Alarcón.

La cercanía de las elecciones en los Estados Unidos y los costos que le pueden generar a Donald Trump, el manejo de la pandemia del coronavirus hace que las necesidades políticas de negociación del Gobierno de Nicolás Maduro, pierda urgencia.

Esta conclusión surge de una conversación con Benigno Alarcón, Director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello. El encuentro se produce vía una de las plataformas disponibles para reuniones en línea en estos estos tiempos de coronavirus, en medio de un conversatorio con periodistas.

Alarcón, sostiene que el Gobierno de Maduro nunca ha estado interesado en negociar su salida, pero sí está dispuesto a conversar algunas condiciones para su subsistencia.

En este sentido, alerta sobre lo que considera una lectura inadecuada de las señales que se dan en el escenario político.

“Mucha gente piensa que cuando Maduro dice que va a negociar es porque está débil, porque se está rindiendo. Creo que esta es una lectura equivocada”, asegura el profesor universitario.

En su análisis señala que ,han existido coyunturas en las que alguna gente del Gobierno ha estado interesada en plantearse negociar con los Estados Unidos. Señala que en este caso se ha pensado en algunas garantías. El poder de EEUU y algunos otros factores internacionales son los que le pueden dar certezas, “de otro modo esas garantías serían muy endebles”.

“En este momento no siento que haya un interés de negociar con los Estados Unidos. La apuesta de Maduro apunta a que vienen unas elecciones y que el manejo de la pandemia puede tener costos para Trump. No intentarán nada hasta que pasen la elecciones en los Estados Unidos, porque llegado el mes de julio, Trump, se tiene que concentrar en su proceso electoral y no está cómodo”, sentencia Alarcón.

Por otra parte, plantea que si los republicanos pierden las elecciones los demócratas tendrían un trato distinto con el caso venezolano.

“Siempre hay interés en negociar, pero ahora está disminuido”, percibe Benigno Alarcón.