Nacido y criado en el estado Vargas (hoy rebautizado oficialmente como La Guaira), Lauren Caballero decidió separarse del madurismo por considerar que “llevan la revolución en la boca y viven de ella”. Es internacionalista y desarrolla una campaña cara a cara. El muchacho de Vargas propone cuatro ejes de acción en la Asamblea Nacional; el primero de ellos, una dolarización organizada de la economía y un salario equivalente a 100 dólares

La mejor carta de presentación de Lauren Caballero como candidato a la Asamblea Nacional (AN) por el circuito Vargas es que nació en el estado
(“en la maternidad de Macuto en 1987”) y se crió y levantó bajo su sol, salvo los dos años que su familia tuvo que refugiarse en casa de amigos porque la crecida del río Marapa tapió su casa, en diciembre de 1999. “Regresamos en el año 2001, con mis padres y mis hermanos. Somos cinco en la familia”.

Caballero, el muchacho que perdió un año de primaria por la tragedia de Vargas y que pasó de un colegio privado a un liceo público porque “se puso ruda la cosa”, es el más fuerte contendor que tiene el candidato del chavismo en el circuito Vargas: Nicolás “Nicolasito” Maduro Guerra, hijo del mandatario Nicolás Maduro.

El muchacho bautizado como Lauren porque su abuelo se llama Laurentino, es el candidato de Avanzada Progresista y de cinco partidos: Acción Democrática, Copei, El Cambio, Cambiemos y el Partido Ecológico.

Trabajar y estudiar al mismo tiempo, comenzar una carrera en la Unefa y darse cuenta de que no era lo suyo, inquietarse por la economía, molestarse por las desigualdades lo convierten en un hombre con el que cualquiera de los electores de Vargas podría identificarse. Aunque leía a Rousseau, Montesquieu y Voltaire, Caballero veía la política con recelo: “Algo para gente mala”.

Llegó a la UCV, a la carrera de Estudios Internacionales. Era, y así lo recuerda, “el momento más estelar del presidente Chávez”. Se apasionó por la política, se involucró en la militancia, se vinculó con el grupo Encuentro y con uno de sus fundadores, Xoan Noya (fallecido en 2018).

“Después vimos lo que pasó. Fue impactante comprobar en carne propia la diferencia entre el discurso que se utiliza para acudir al pueblo como un objeto desechable, para solamente obtener el poder político y usufructuarlo como un negocio, apartándose de la idea del ejercicio del poder obediencial”, explica Caballero. “Primero entendí que existía una traición evidente por parte de la élite hacia la gente común, los ciudadanos de a pie, y me di cuenta de que ese discurso servía solo para utilizar a la gente. Llevan la revolución en la boca y viven de ella”.

Por eso, refiere, “decidí separarme definitivamente del chavismo, que devino en madurismo. En el chavismo sigue habiendo gente valiosa, pero están excluidos de cualquier posibilidad” y además “a cualquiera que critique lo acusan de revisionista y pitiyanqui”.

Las condiciones en las cuales se llega a esta elección parlamentaria, aunque resulte paradójico, abrieron las puertas a jóvenes como él. “Si fuese una elección con condiciones democráticas totales, en las que la oposición tradicional sintiera que tiene la posibilidad de ganar con facilidad, un muchacho como yo no habría solo candidato, porque las élites se habrían impuesto”.

La misma lógica imperó en el PSUV, afirma: “Como creen que la victoria va a ser fácil, porque la oposición va dividida, colocaron a los mismos de siempre en puestos salidores y una vez más se burlaron de la base chavista”.

En Vargas, “en lugar de invitar a gente honorable, luchadores sociales del chavismo que levantan la voz por su comunidad, mandaron al ‘príncipe heredero’ y al comandante general de la Armada, al que llamo ‘el siciliano’. No viven en Vargas, están haciendo campaña, tienen el estado forrado de pendones y cosas; reparten mortadelas, neveras, electrodomésticos”.

Asevera que compite, no contra los dos abanderados del PSUV, sino “contra la alcaldía y la gobernación, que están haciendo la campaña usando fondos públicos para manipular a la gente en la desesperación creada por ellos mismos”.

Ha centrado su campaña en el casa por casa y las asambleas vecinales, entre otras estrategias cara a cara, a pesar de la pandemia. “Es una campaña por la dignidad de los varguenses”. Dice que el recibimiento “ha sido increíble”, que pensaba que se encontraría en la calle con la crispación de las redes sociales, pero que los vecinos lo invitan a pasar a sus casas a conversar. Se niega a conquistar votos “con dádivas o con migajas”.

¿Para qué llegar al Parlamento? “Nosotros pretendemos brindarle a Vargas una representación honorable en la Asamblea Nacional, que entienda las funciones del Parlamento, que ponga en primer lugar el retorno a la Constitución”.

El plan de acción legislativo que propone tiene cuatro ejes: económico, social, comunal y servicios.

“Promovemos la necesidad de que la economía venezolana se dolarice de manera organizada”, comenta. Según sus cálculos, con apoyo internacional se puede llegar a un salario de 100 dólares.

Plantea una ley marco para regularizar los programas sociales del Estado: que no sean usados como mecanismo de control y que no sean condicionados a un carné. Las leyes del poder popular deben ser retocadas, para que “el andamiaje comunitario pueda funcionar sin depender de órganos del poder ejecutivo, como el ministerio con competencia”. Hoy día “la comuna se convirtió en un brazo del Ejecutivo, convirtieron el ministerio de la comuna en los jefes de las comunidades, y eso es inaceptable. Vamos a liberar a las comunidades”.

Además de legislar para que los servicios públicos sean de calidad, insiste en que los ciudadanos deben ser indemnizados cuando estos fallan.

Pero para ejecutar todo lo que expone, Lauren Caballero necesita ganar y defender los votos. “Me voy a apoyar en los varguenses, en mis vecinos”, promete.