Con Miguel Ángel Sánchez se cumple cabalmente el dicho popular que reza «no moja, pero empapa». Sánchez, biólogo y profesor de la Universidad Bolivariana de Venezuela núcleo Monagas, llegó con mucha humildad -y con los datos sobre sus morichales «bajo el brazo»- a un evento como la octava edición de las Jornadas de Investigación y Extensión de la Facultad de Ciencias de la UCV, celebrado esta semana. Y defendió a su Mauritia flexuosa como el ser vivo que mejor puede despachar los gases de efecto invernadero. «Los números indican que puede ser así», afirma.
Los morichales, los manglares y los humedales «son ecosistemas que manejan el carbono libre», señala Sánchez. Es decir, absorben dióxido de carbono y, de esta manera, ayudan a frenar el calentamiento global. Retienen el carbono en sus troncos y en el suelo; y como también se encargan de que la tierra esté húmeda, dificultan que el carbono se libere. Son los alquimistas de la sabana.
El profesor lidera una investigación -que une varios laboratorios de varias instituciones educativas venezolanas- que comenzó hace un año y que busca verificar si los morichales son mejores captadores de gases de efecto invernadero que otros ecosistemas. Los integrantes de este proyecto trabajan, además, con datos de la fauna, la microflora «e, incluso, del intercambio gaseoso». Es «un proyecto sumamente amplio y muy particular en función de ellos».


«Creemos que el morichal es más eficiente en la captación de carbono por el manejo de la salinidad. La retención de carbono no es tan efectiva cuando hay sal que cuando se trata de agua dulce. El mayor intercambio de carbono libre ocurre en cuerpos de agua dulce, más que en agua de mar», describe. «Eso es lo que estamos tratando de demostrar».
Monagas alberga más de 80 % de los morichales de Venezuela. Le siguen estados como Anzoátegui y Sucre. Están ubicados justamente en zonas petroleras, por lo que se mantienen las tensiones con la industria de los hidrocarburos. No siempre la actuación de las empresas es lo rápida y eficiente que la naturaleza necesita, pero Sánchez aboga por relaciones más positivas en pro de la naturaleza. «Hay unas 14 mil hectáreas de morichales en Venezuela», amenazadas por factores como la expansión urbana y los derrames de crudo.
Para el científico es importantísimo que el ecosistema de morichales pueda ser replicado en otras zonas del país, como se logró en Cojedes. «Estamos trabajando para fomentar los morichales» siempre que se mantengan las condiciones para replicar el ecosistema, explica. «Esto nos da un margen para recrear ecosistemas que puedan hacer control del cambio climático». Incluso, el mismo morichal podría remediar las





