En el marco del Mes Mundial de la Salud Mental Cecodap presentó este miércoles el informe anual para dar a conocer cómo impacta las situaciones de emergencia a los niños, niñas y adolescentes. Para esto se tomó en cuenta el trabajo realizado por el Servicio de atención psicológica en el deslave registrado en Mérida en el 2025 y el doble terremoto de junio de 2026 y aunque parezca extraño las manifestaciones suicidas son muy pocas durante las emergencias se manifiestan en un entorno más bien cotidiano.
La salud mental de niños, niñas y adolescentes en Venezuela mantiene un panorama preocupante, especialmente entre la población adolescente femenina y LGBTQ+, que concentra la mayoría de los casos asociados al riesgo suicida, de acuerdo al informe, presentado por Abel Saraiba, coordinador de Psicología de Cecodap, quien explicó que las alteraciones del estado de ánimo continúan siendo el principal motivo de consulta. Durante 2025, uno de cada tres casos atendidos presentó alguna alteración en este ámbito, que incluye ansiedad, depresión y manifestaciones mixtas.
El especialista señaló que esta tendencia se ha profundizado desde la pandemia. Después de las alteraciones del estado de ánimo, los comportamientos disruptivos en el hogar y los conflictos familiares figuran entre los motivos más frecuentes de atención.
La violencia ocupa un lugar central en el análisis de Cecodap, el sicólogo explicó que la organización lo aborda como un factor transversal, debido a que puede estar presente incluso cuando el motivo inicial de consulta está relacionado con síntomas como tristeza o ansiedad.
Tomando en cuenta el compromiso del SECODAR con el rigor metodológico, hemos definido una escala de riesgo para poder identificar cómo esta afectación, además que es lo que hemos visto, se profundiza en el tiempo y que además nos permite detectar cuáles son aquellos casos que requieren intervenciones críticas y urgentes, dijo.
En este sentido, bajo el enfoque de riesgo, «nunca hay riesgo cero, de acuerdo a lo registrado hay un 74 % de personas con riesgo mínimo, es decir, personas que son susceptibles a desarrollar algún tipo de afectación», pero que en este momento no son objeto de atención clínica.
Sin embargo, «si miramos desde los niveles leve a inminente, vamos a ver cómo una persona comienza en los niveles más o de menor riesgo con ideas de muerte, fantasías de muerte propias, pero luego empieza a incorporarse la presencia de autolesiones recurrentes, ideas suicidas no estructuradas, intentos previos de suicidio y por supuesto que a medida que se configura una combinación de estas variables derivamos en las dos categorías más severas, que son grave e inminente».
«Cuando hablamos de riesgo suicida en Venezuela se trata de un problema de salud pública, que como tal puede ser atendido. Y una evidencia que puede ser atendido y los resultados pueden ser satisfactorios es que durante estos nueve años que tiene el SAP atendiendo casos con estas características, hemos tenido cero desenlaces fatales», afirmó Abel Saraiba.
Saraiba explicó que «uno de los problemas para atender las inclinaciones suicidas de los pacientes es precisamente el acceso a los servicios de salud mental que puedan atender esta problemática, además de ser el reflejo, del impacto de la emergencia humanitaria. Como población crítica priorizada, como digamos el centro de este informe tenemos la adolescencia como punto de inflexión en el riesgo, especialmente en el riesgo suicida».
El 37,6 % de los adolescentes se encuentran por encima del riesgo mínimo, frente a 9,88 % en población de 5 a 11 años y aunque en esta última resulta inusual pensar en temas de riesgo suicida, la verdad es que año a año se ha observado que la edad de inicio se disminuye y aparecen casos de manera más temprana con niveles elevados de afectación, lo cual definitivamente merece mucha atención. 30 de 40 casos de riesgo inminente corresponden a adolescentes. El 40,3 % de los casos graves inminentes son adolescentes femeninas. Esto obedece a una lectura diferenciada de género; violencia sexual, violencia basada en género, sobrecarga en responsabilidades de crianza y labores del hogar, generan un impacto diferencial respecto a los adolescentes masculinos, detalló el vocero de SAP durante la presentación del informe.





