La MacArthur: la carrera más larga de palomas mensajeras

La carrera de Filipinas de palomas ha sido objeto de fuertes críticas por parte de organizaciones de defensa de los derechos de los animales debido al enorme índice de mortalidad que implica para las aves participantes 

Es una odisea de 600 kilómetros en la que el 90% de los competidores muere: de cansancio, de calor, por las olas o por los depredadores despiadados. La MacArthur, la carrera más larga de palomas mensajeras de Filipinas, mantiene en vilo, de principio a fin, a los amantes de las palomas.

La carrera ha sido objeto de fuertes críticas por parte organizaciones de defensa de los derechos de los animales, dada la enorme mortalidad que implica para las aves, sin contar las que acaban siendo capturadas para ser revendidas ilegalmente. 

Grafico: AFP

“En comparación con Europa y Estados Unidos, aquí hay muchos depredadores, y mucha gente dispara contra estas aves”, comenta Jaime Lim, un colombicultor (persona que se dedica al arte de criar y fomentar la reproducción de palomas) famoso en el archipiélago asiático. 

“Se tensan redes en medio de las montañas para atrapar a las aves. Es un problema muy grande (…) Las palomas mensajeras que se utilizan en las carreras pueden valer miles de dólares. Pero, a veces, los traficantes las revenden por 14 dólares“, explica Lim, quien también es magnate del sector inmobiliario. 

Explicó a AFP que “Es el precio que hay que pagar por el éxito de una disciplina muy popular en Filipinas, donde hay al menos 300 clubes, con miles de miembros”.

La tradición de los concursos de palomas mensajeras, arraigada en Bélgica pero también en Holanda y en el norte de Francia, se remonta al siglo XIX y estaba en declive cuando los asiáticos empezaron a interesarse por ella, dándole una segunda vida en algunas regiones. Las carreras de palomas mensajeras son muy populares en India, Taiwán y China. 

El impagable Armando

La paloma macho se llama Armando y dicen que es la más rápida de todos los tiempos /
Cortesía: Telemundo

En marzo, un inversor chino batió récords al pagar 1,25 millones de euros en una subasta por una paloma mensajera estrella de concurso, Amando, adiestrada en Bélgica. 

Mary Grace San José, de 38 años, oriunda del barrio pobre de Tondo, en Manila, explica que la popularidad de este pasatiempo se debe a que está abierto a todo el mundo. “Lo importante es poder alimentarlas (…) Quizá uno no pueda darles lo que los ricos compran, pero no pasa nada”. 

Explica Eddie Noble, un responsable del club de colombicultura Metro Manila, con unos mil miembros, que si esa actividad es tan popular se debe a la fascinación que despierta “la fenomenal habilidad de esos pájaros para encontrar su camino”.

Estudiosos del fenómeno aseguran que es un talento que la ciencia todavía no ha sabido explicar con exactitud, pero que podría estar relacionado con una sensibilidad hacia los campos magnéticos terrestres y con una capacidad de esos pájaros para usarlos y orientarse. 

La sed de ganar también motiva a algunos propietarios. “No queda bien decirlo, pero la posibilidad de apostar también cuenta”, reconoce Noble a la agencia AFP. 

“En el mejor de los casos, el 10% (de las aves en competencia) llega hasta el final”, explicó Nelson Chua, director de la carrera que se celebra a finales de marzo y que parte de MacArthur, en la isla de Leyte, en el centro del archipiélago filipino, y termina en la periferia de Manila. 

“Calculamos que entre el 50% y el 70% acaban en las redes, abatidas o muertas por los depredadores” agregó el directivo de la competencia, para quien, durante la MacArthur, el talento de las palomas se pone realmente a prueba.

Agregó que además “La mayoría de las otras palomas mueren por el cansancio a causa del calor o en el mar, por las tormentas”. 

“Nada de deportivo”

Este año, la salida se dio el 30 de marzo, explicó Lim que las medidas de seguridad llegan “hasta el punto que la fecha de inicio de la carrera se suele mantener en secreto el máximo tiempo posible para evitar que los traficantes coloquen sus redes”. 

Las más rápidas llegan en unas diez horas. Cuando el ave llega, su propietario debe recuperar un código enganchado a una de las patas del pájaro y llamar a los organizadores, para que determinen la clasificación final. 

Según Ashley, de la asociación de defensa de los animales Peta, la mayoría de las muertes ocurren durante las tres travesías marinas. 

Fruno explica que, para evitar el viento, las palomas bajan hacia la superficie del agua y que muchas son engullidas por las olas. 

“No hay nada deportivo en el hecho de obligar a unos animales a arriesgar su vida, y a menudo perderla, para que alguien gane un premio, un título o dinero”, denunció Fruno. 

A pesar de las denuncias acerca del maltrato animal que reciben los especímenes obligados a participar en la competencia, agrega el cable que: los amantes de la colombicultura se toman en serio el tema de los riesgos y afirman que la espera les resulta insoportable

“A veces toma días, pero siempre vuelven, excepto si cayeron en una red”, dice San José. Dos palomas que lanzó en la última MacArthur nunca volvieron