José Guerra: “Quien diga que van a venir los capitales se está engañando y está engañando al país”

Texto: Vanessa Davies. Fotos: Rafael Briceño-Archivo Contrapunto

“Entiendo que están haciendo un reseteo de todo lo que hizo hasta 2016 o 2017 con los controles de precios y los controles de cambio, pero las señales son contradictorias”, advierte el economista. “Hay un intento de flexibilizar la economía pero te van a la cadena Farmatodo y la obligan a bajar los precios. Van a las empresas de cable y las obligan a un conjunto de regulaciones. Y siempre está la amenaza”. Guerra pide ubicarse: “Olvidémonos de las soluciones inmediatas para la economía venezolana”. Alerta que “la inflación está cogiendo fuerza otra vez”

No está el economista José Guerra en el talante de un cazador que le clava el colmillo a la presa y la observa agonizar. Al contrario. Cuando Guerra, profesor universitario y director del Observatorio Venezolano de Finanzas, se refiere a las dificultades para cambiar la economía, lo hace con preocupación. “Aquello de que ‘lo bueno es lo malo que se está poniendo’, no creo en eso”, asegura. Además, rechaza la política de bodegones: “Con bodegones no se va a recuperar la economía venezolana”.

Tiene un diálogo en mente, pero es otro y no el que protagonizan los actores políticos. “El diálogo siempre es bueno, siempre es propicio el contacto de la autoridad gubernamental con la gente que invierte y crea trabajo”, pero “el diálogo tiene que ser genuino, el diálogo tiene que ser sincero, tiene que ser permanente”, explica en conversación con contrapunto.com. Intentos como el que hoy adelanta la administración de Nicolás Maduro “los hemos visto en el pasado, y no da resultado”.

Pero, más que diálogo, considera que la economía venezolana necesita definiciones para resolver los que evalúa como los problemas fundamentales: parar la hiperinflación, reactivar la economía y generar empleo y atender la pobreza y la depauperación. “Y no veo eso en los intentos de diálogo”, subraya.

-¿La administración de Maduro puede hacer cambios que apunten en la dirección de los tres problemas que usted plantea resolver?

-El problema de la legitimidad, al final, es cómo lo ve el país y cómo lo ve el mundo. Lo que es claro es que hay un poder fáctico que está en el control territorial del país, que lo ejerce Nicolás Maduro; no hay discusión acerca de eso. Desde enero de este año hay una AN, con todos los problemas que legitimidad que puede tener. Y hay una restricción importante, que es la externa, que la falta de reconocimiento de Nicolás Maduro. Eso nos lleva a un tema fundamental: no hay forma de recuperar la economía venezolana sin un acuerdo de financiamiento internacional. El problema de Venezuela no son los bolívares. Los bolívares los emite el Banco Central en la cantidad que quiera. El problema es que no tenemos dólares, las reservas internacionales están en el mínimo histórico y no tenemos acceso al mercado financiero internacional porque en 2017 Maduro decretó la moratoria de la deuda y eso cerró los mercados internacionales. Además, por otro factor del que la gente se olvida: Venezuela rompió con el Fondo Monetario Internacional. Al romper con el FMI no hay créditos de la banca multilateral. Venezuela requiere de un financiamiento de 30 mil a 40 mil millones de dólares durante unos cinco años que no va a venir de los inversionistas venezolanos. La experiencia de América Latina indica que cuando hay estos procesos de fuga masiva de capitales los capitales tardan mucho en regresar porque pierden la confianza, porque no ven las cosas claras. ¿El capital qué requiere? Estabilidad a largo plazo, no una medida puntual. Ese capital no va a venir a Venezuela. Lo que puede ayudar de manera importante es un acuerdo global de financiamiento en el que estén involucrados el Fondo Monetario, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, la CAF para articular un paquete de financiamiento de 30 mil millones de dólares.

Ese dinero es, detalla, para “levantar las importaciones y traer a Venezuela las materias primas, los alimentos y los bienes de capital requeridos para potenciar la producción nacional”. Un plan económico permite avanzar hacia la renegociación de la deuda.

Pero “nada de eso se está hablando en esa mesa de diálogo”, advierte. “¿Qué es lo que se está hablando? Vamos a cambiar una ley aquí, otra ley acá, vamos a agilizar los trámites. Pero no hay financiamiento. En esas condiciones todo esto está agravado, porque falta una gran definición: ¿Qué vamos a hacer para sacar al país de esta debacle en la cual está sumido?”.

Rafael Briceño Sierralta

Guerra adelanta que la tasa de inflación de febrero de 2021 “excede a la que tuvo en el mes de enero, que fue muy alta ya. Es decir, que la inflación, en lugar de ceder, está cogiendo fuerza otra vez”. La economía está paralizada, reitera, y la situación social se agrava: “Salarios de la administración pública de tres dólares más un bono, 4 millones de pensionados ganando menos de un dólar la pensión básica… No hay forma de resolver y elevar los salarios sin financiamiento externo. Puedes fabricar los bolívares que quieras, pero no puedes fabricar y emitir dólares”.

Por eso, opina que el diálogo, tal como está planteado, no va a resolver problemas. “Veo que faltan definiciones importantes, veo al régimen de Nicolás Maduro con falta de definiciones, entiendo que están haciendo un reseteo de todo lo que hizo hasta 2016 o 2017 con los controles de precios y los controles de cambio, pero las señales son contradictorias: Hay un intento de flexibilizar la economía pero te van a la cadena Farmatodo y la obligan a bajar los precios. Van a las empresas de cable y las obligan a un conjunto de regulaciones. Y siempre está la amenaza”.

Las leyes habilitantes del año 2001, y otras normas como la ley de precios justos, la ley de economía comunal, entre otras, “están vigentes. Esas leyes no han sido derogadas. Tienes ahora una mezcla indigesta de unas leyes que quieren sustituir a las otras que no se han derogado. Tienes un pasticho legal allí que no se sabe, porque cualquier funcionario, valido de la autoridad, puede apelar a la ley de precios justos” o puede volver “a la ley de la economía comunal para implantar el trueque”. Hay “una superposición de un ordenamiento legal que no ha sido derogado”, insiste, y una de ellas es la ley de hidrocarburos vigente y la intención de echar para atrás la estatización de las empresas mediante “una normativa legal que es la ley antibloqueo, que no es ley y que no ha derogado la ley de hidrocarburos”. Las leyes “se derogan, no expiran por sí mismas”, y mientras no haya un cambio de la ley de hidrocarburos “no hay posibilidad de que venga inversión al país”.

La AN de 2020 asoma un paquete de leyes. La respuesta de Guerra es como un látigo: “La hiperinflación no se combate con leyes, sino con política monetaria y haciendo algo con el tipo de cambio”, remarca. Se refiere a la ley de zonas económicas especiales que busca “revertir los controles que se hicieron anteriormente” y recuerda que eso se ha hecho en países como China y Costa Rica. “Hay un conjunto de reglamentos, leyes que obstaculizan la puesta en práctica de esas zonas especiales, y esas zonas especiales generalmente se construyen con capitales internacionales” y no son un proceso rápido.

“Falta mucho, y la gran definición que falta es el modelo que queremos. Tengo la impresión de que estos cambios que están ocurriendo se están dando por una circunstancia: que cayó el precio del petróleo, que ahora se ha recuperado por las decisiones de la OPEP y porque cayó la producción. Estoy seguro de que si el petróleo estuviese en 100 dólares por barril, como en 2012 y 2013, y la producción estuviera en 6 millones de barriles, aquí no habría cambios importantes”, reflexiona.

Trae a colación lo sucedido en China con Deng Xiaoping, que implicó modificar la China rural por la China de hoy. “Eso es un proceso de construcción en el cual asumes que el modelo que te llevó a a esa situación ya no tenía sentido”.

-¿Quién es el Deng Xiaoping venezolano?

-Todavía no lo veo, desde el punto de vista de los que están en el poder. Cuando ves las declaraciones de los altos funcionarios del partido de gobierno no veo una claridad conceptual acerca del país que queremos. ¿Queremos una economía encerrada en sí misma o una economía abierta, donde el emprendimiento florezca y no haya restricciones importantes. Yo no creo que el Estado debe ausentarse de la economía. El Estado tiene que estar, y la prueba es lo que pasó con la COVID-19. ¿Te imaginas que los estados hubiesen dicho que este es un problema del mercado? La catástrofe hubiese sido monumental. No habría habido financiamiento para las vacunas, como pasó en EEUU, donde el gobierno de Trump inyectó millones de dólares a los laboratorios para que aceleraran la producción de vacunas. Los auxilios financieros a las empresas y a los hogares arruinados. El Estado hace falta, pero un Estado que regula, que guía, no un Estado que invade, que obstaculiza, que hostiliza la inversión. Esa reflexión no se ha hecho en Venezuela. Algunos voceros que están en el poder tienen ese problema ideológico que no se ha resuelto.

-¿Quién le presta a Maduro?

-Nadie.

-¿Mientras Maduro gobierne no habrá préstamo internacional?

-Depende. Si hay una negociación política puede haber. Depende.

José Guerra hace un repaso por los aliados de Maduro y su disposición a prestarle dinero. China manda “un avión con 500 mil dosis de vacuna, 200 mil equipos de bioseguridad”, pero “eso no resuelve el problema, porque el problema es la liquidez”. A la nación asiática se le adeudan “casi 20 mil millones de dólares y los chinos no van a meter un centavo en Venezuela para fábricas quebradas”, como producción de teléfonos y ferrocarriles. “Los chinos no regalan plata”, sentencia.

Los rusos “están en la misma situación”, pero han sido afectados por la caída de los precios del petróleo. Turquía e Irán tampoco tienen recursos para prestar. “Desde ese punto de vista no hay financiamiento. Los que pueden arbitrar un financiamiento importante son los multilaterales”.

Rafael Briceño Sierralta

Por ende Maduro, resalta Guerra, debería permitir el ingreso del FMI, y eso incluye que el organismo haga una revisión de la economía como ocurre en otros países: cifras de la balanza de pagos, inflación, finanzas públicas, situación monetaria, situación social. “Para poder restablecer las relaciones con el Fondo Monetario hay que permitir que, en medio de un acuerdo, el Fondo haga la revisión” de las finanzas.

-No hay soluciones inmediatas.

-Olvidémonos de las soluciones inmediatas. No existen este momento.

Hay “que reconstruir el tejido financiero internacional para poder acceder al financiamiento, y eso tarda. Quien le diga a usted que van a venir los capitales se está engañando, está engañando al país, porque eso no va a suceder”, concluye.

No obstante, para Guerra, a fin de encarar la economía hay pasos que deben dar los sectores políticos. “La primera condición es que haya reconocimiento de ambos lados. La política suicida de no reconocimiento de ningún lado no nos lleva a ninguna parte”, asevera. “No puede ser que la política del gobierno sean las inhabilitaciones, la persecución”.

Critica que la AN de 2020 arremeta contra las esposas de políticos opositores. “Si quieres castigar, castiga a los políticos; no castigues a las esposas de los políticos”, expresa. “¿Qué tiene que ver la esposa de Henry Ramos Allup, Diana D’Agostino, con lo que hizo Ramos Alllup? ¿Qué tiene que ver la esposa de Juan Guaidó con lo que hace Guaidó? Si le compruebas que ella manejó dinero, o que Diana D’Agostino manejó dinero, esa es otra cosa. Pero es porque son esposas. Ese tipo de situaciones, lejos de favorecer la solución, la complican”. Tampoco puede ser “que el llamado a elecciones sea casuístico”.

-¿Cuáles son las condiciones sine qua non para una negociación política?

-El reconocimiento. Una ley de amnistía o ley de perdón, porque hay que perdonar. Solamente los casos de crímenes de lesa humanidad van a ser castigados. No puedes pretender que a quienes mataron a Acosta Arévalo no les pase nada; tienen que ser castigados. Tercero, un cronograma electoral claramente definido. Cesar las inhabilitaciones políticas. La legalización de los partidos políticos; a nosotros nos hicieron recoger firmas dos veces, y después nos ilegalizaron. Supervisión internacional para las elecciones. Sobre ese piso entras en un proceso.

Aclara que no es partidario de las sanciones al país, pero sentencia que no se puede pretender que alguien use el sistema bancario de otro país para lavar capitales. “Un tipo que defraudó al fisco, que robó, cualquier gobierno tiene el derecho de impedir que ese corrupto use la red financiera de ese país para hacer transacciones”.

En síntesis, “no hay salidas milagrosas de corto plazo que no pasen por ese tránsito”, puntualiza.

La oposición tiene dos visiones sobre las salidas, según Guerra: Un sector que defiende la invasión para instaurar un régimen distinto en Venezuela, tesis “que no suscribo, que está probado que no es funcional ni conveniente”. Otro sector quiere una salida política, pero para eso el voto debe ser un instrumento de cambio. Eso se atiende “con un acuerdo político”.

“¿Qué es lo que creo ahora? Que Maduro nos está llevando a la abstención. Ellos valoraron que los que le podemos ganar la elección somos nosotros, la gran mayoría. Nos aparta, nos provoca, nos inhabilita, nos quita las tarjetas para que desistamos. Quiere construir un traje a la medida que es una oposición a su medida” que no lo cuestione y no lo rete.

“¿Qué debemos hacer nosotros? Volver al ring electoral, volver a encontrarnos con el voto pero con la condición de que el voto elija”, expresa. “Hay un relación matemática, y es que a mayor nivel de votación peor le va al PSUV”. El CNE, asevera, “no hace trampa”; en realidad hay “ventajismo” con migraciones, punto rojo, carnet de la patria, uso de recursos del Estado.

Los sectores que adversan a Maduro no están en su mejor momento, admite, pero “en medio de la calamidad tenemos una cierta ventaja: Maduro es el presidente más antipopular que ha tenido Venezuela desde que hay república y que hay elecciones libres. No ha habido presidente más antipopular”. Hay que crear confianza en el voto, defiende, porque a mayor participación “la probabilidad de que la oposición gane las elecciones es mayor”. Hoy día Maduro gana “porque el descontento se queda en la casa y no va a votar”.