Enrique Ochoa Antich: Hoy vivimos un 27 de febrero de 1989 a cuentagotas

Texto: Vanessa Davies. Fotos: Rafael Briceño-Archivo Contrapunto

“Nicolás Maduro tiene sobre el lomo más muertos que los del 27 de febrero de 1989. En particular desde la OLP y las FAES”, afirma el dirigente político y activista de derechos humanos. Ochoa Antich, del equipo fundador de Cofavic, comparte su historia en primera persona

De El Caracazo (27 de febrero de 1989) recuerdo muchísimas cosas. Una de ellas, el olor de la muerte a dos o tres cuadras de la morgue de Bello Monte. Yo subía a pie a la morgue, en esa época no sabía manejar ni tenía carro, y a dos o tres cuadras sentías el olor de la muerte, el olor de los cadáveres. Es un olor muy particular. El otro recuerdo son los cadáveres apilados a las puertas de la morgue, en la rampa por donde entran los vehículos; como no cabían los cuerpos adentro, estaban apilados en los dos lados de la rampa los cadáveres desnudos. Eso me impactó muchísimo.

El 27 de febrero nos tomó, como a todos los venezolanos, por sorpresa. Yo estaba en la fracción del MAS, en el edificio de Pajaritos (sede administrativa del Parlamento), no sabíamos exactamente qué estaba pasando. La primera muerte del 27F fue de Yulimar Reyes; la mató un policía que le disparó perdigones a muy corta distancia.

El 28 de febrero, creyendo que me estaba dirigiendo al centro de los acontecimientos, me fui para el Nuevo Circo de Caracas. Yo era secretario del MAS para los derechos humanos. Allí me atrapó un problema: el de miles de usuarios de transporte que no hallaban cómo regresar a sus sitios de origen porque se había paralizado el transporte. Me quedé allí el 28 de febrero y el 1 de marzo. Cuando salía el 28 de febrero hacia mi casa un soldado me encañonó con un FAL, traté de convencerlo de que me dejara ir a mi casa, y me dijo “entre, porque suspendieron las garantías, y sin garantías no se paga muerto”. Entonces me devolví y pasé la noche allí. Estaba solo. Empecé a llamar a la gente que conocía; en esa época había teléfonos monederos. Como acababa de terminar mi periodo como diputado suplente del diputado Walter Márquez, mucha gente creía que era diputado.

El 1 de marzo logré que llegara un transporte al Nuevo Circo, trasladamos a todo el mundo al Poliedro y organizamos a la gente por áreas. Era muchísima gente. Logré que el gobierno empezara a enviar autobuses y la gente comenzó a irse. Ese 1 de marzo vi, desde el Poliedro, los fogonazos en El Valle. Me parece que eso tuvo que ver con la muerte de Acosta Carlez, como reacción típica de los cuerpos de seguridad del Estado cuando les matan a uno de los suyos.

El gobierno de Carlos Andrés Pérez tomó una decisión absurda. El ministro de la Defensa, Ítalo del Valle Alliegro, nos invitó a hablar y fuimos. Cuando le dije que cómo era posible que hubiesen tomado la decisión de que las tropas entraran a los barrios a rescatar lo saqueado, se puso la cabeza entre las manos y afirmó “fueron órdenes de Pérez”. La mayor cantidad de las muertes se produjeron cuando el ejército entró a los barrios a buscar lo que habían saqueado. En los barrios había malandros, militantes de izquierda, que a lo mejor echaban un tiro y le respondían con disparo de FAL. Recordé el despacho de Eleazar López Contreras después de la muerte de Juan Vicente Gómez, en 1936, porque él escribe al gobernador de Caracas que no permitiera que dispararan contra el pueblo. Las fuerzas armadas de un sistema supuestamente democrático decidieron entrar a los barrios a rescatar lo saqueado, y estoy seguro de que fue con la orden de disparar a matar.

El 2 de marzo en la fracción del MAS conversamos con los dirigentes Edgar Silva y Giovanni Pasquali, y Pasquali propuso ir a la morgue. Cuando llegamos a la morgue los familiares nos plantearon que había desaparecidos, que no los conseguían en ninguna parte; se nos acercó una nube de periodistas, y les dijimos “aquí ocurrió una masacre”.

Rafael Briceño Sierralta

Ya el 3 de marzo llegamos a la morgue con más organización. Me pusieron en contacto con estudiantes de Derecho entre las cuales estaban Liliana Ortega. Ellas nos ayudaron a levantar los datos y a organizar a los familiares. Allí se creó el comité por los desaparecidos, que luego se llamó comité contra la violencia y las víctimas inocentes. Un día, en la sede de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos, Soraya El Ashkar (cofundadora de la Red de Apoyo) propuso llamarlo como lo que era: comité de familiares de las víctimas. Recuerdo que salió de la cocina y dijo que debía llamarse como lo que era. Así surgió Cofavic.

En ese momento tuve una reflexión: lo ocurrido no era un hecho cualquiera, era un hito de nuestra historia. Lo emparenté con el Viernes Negro de 1983: el quebrantamiento económico de un sistema. El 27 de febrero se produjo el quebrantamiento social, se había quebrantado la expectativa populista de progreso, de que el pueblo progresaba con una democracia representativa.

Nosotros estuvimos en la morgue por lo menos los días 2, 3 y 4 de marzo, y logramos levantar suficiente información. Llegué a la puerta, y en un descuido de un funcionario vi la cifra de 300 y pico de cadáveres solo en la morgue de Bello Monte. No comparto la exageración, a mi modo de ver, de la cifra que el chavismo ha blandido, de 3 mil muertos por el 27F. Cofavic levantó con nombre, apellido y cédula de identidad una lista de 380 muertos. El gobierno de Pérez habló de 260, cifra muy parecida a la del terremoto de Caracas, y a veces tengo el pálpito de que la tomaron por eso. Me atrevo a llegar a 500 víctimas, lo que es una de las masacres más grandes de América Latina y la más intensa de nuestra historia, solo comparable con los fusilamientos de Bolívar en 1814 en La Guaira.

El 27 de febrero fue una explosión espontánea, una explosión biológica del cuerpo social. Había una tensión reprimida, una olla de presión que de pronto explotó. Decir que eso fue organizado por la izquierda venezolana es una necedad. Yo, que vi los acontecimientos y conocía a la izquierda, puedo decir que con su dispersión y debilidad organizativa no era capaz de producir el evento. Que la izquierda haya tratado de conducir la protesta pudo ser, pero eso fue una rebelión sin propósito político, más allá de un discurso general contra la corrupción, los políticos y el alto costo de la vida.

El 28 de febrero vi una marcha, con un borracho a la cabeza: acababan de quemar una casa de citas y el borracho decía que la habían quemado porque estaban en contra de la corrupción. Decir que cuando Fidel Castro vino a la toma de posesión de CAP dejó agentes en los barrios que produjeron el 27F es una ridiculez. Eso fue una rebelión popular espontánea que se produjo por la forma como se implementaron las medidas económicas. En buena medida eran necesarias, porque el país necesitaba ajustes en la economía, había que disminuir el déficit fiscal, poner orden en la deuda. Esas medidas requerían de consenso político, pero Pérez sobrevaloró su liderazgo político, les dejó la economía a los tecnócratas sin explicarle al país nada y sin medidas sociales compensatorias que se necesitaban porque un plan de ajustes siempre tiene un costo social importante.

Carlos Andrés Pérez fue electo en 1988 porque la gente creía que regresábamos a la Venezuela saudita de su primer gobierno, la de las vacas gordas. Él sabía que eso no era posible, pero silbaba para el cielo, se había el distraído y buscaba que la gente votara creyendo que volvíamos a esa Venezuela. Su contendor, Eduardo Fernández, aparecía como neoliberal. Y de la noche a la mañana, de la promesa del paraíso populista, que era una “ilusión de armonía”, Pérez puso al pueblo en las puertas del infierno neoliberal sin explicar, sin debatir, sin consenso y sin medidas sociales. Eso generó ansiedad, angustia. El aumento en el precio del yogurt mereció una primera página del diario El Nacional. Esa ilusión populista de progreso no era una mentira, se contrastaba con hechos reales, pero estaba sostenida en una mentira, porque el Estado no podía financiarla.

Pérez, ya como presidente, dijo que los trabajadores tendrían que olvidarse de sus reivindicaciones sociales y salariales. Estaba convencido de que con su liderazgo político y los tecnócratas todo estaba resuelto. Pero la sociedad se llenó de ansiedad ante lo que venía. De pronto dices que vienen aumentos de precios, y apenas hubo una pequeña chispa se incendió la pradera. La voz reivindicadora era saqueo, “voy a saquear comida para prepararme para lo que viene”. A eso ayudó mucho la decisión criminal de algunos comerciantes de acaparar, además del aumento en el precio del pasaje. Una de las pocas consultas que hubo sobre el ajuste fue a los partidos políticos, y Pérez presentó el hecho cumplido; presentó el plan, reprivatización, resolver el déficit. La teoría de él era caer y luego subir. El primero en pedir la palabra fue Pompeyo Márquez (MAS) y esta fue su pregunta: Dónde está la gente en ese plan, porque en ese plan no había nada relacionado con la gente.

¿Qué debimos aprender del proceso del Caracazo? Que se requiere una economía que produzca riqueza, no que dependa del petróleo. Lo que le ha pasado al chavismo en 20 años se parece al Puntofijismo: vivieron del petróleo, crearon una expectativa de progreso, los pobres fueron menos pobres. Pero llega un momento en el cual el Estado petrolero no tiene cómo dar los recursos necesarios y se viene al suelo el castillo de naipes, porque no está sostenido en la riqueza que produce la sociedad. Con el primer Pérez, igual que con Chávez, el Estado se puso a producir azúcar, y mientras los centrales azucareros privados daban ganancias los del Estado quebraron. Veamos el caso de Sidor: Teodoro Petkoff la privatizó, hasta el año 2007 la producción iba en aumento, se dobló la producción; y de 2007 en adelante la producción bajó a 25% con la estatización.

La gran lección del 27 de febrero es que ese modelo populista, estatista no funciona y produce situaciones como las del 27F y lo que estamos viviendo hoy. Hoy vivimos un 27 de febrero a cuentagotas. Maduro tiene en el lomo más muertos que los del 27 de febrero de 1989. En particular desde la OLP y las FAES. Hay una masacre constante y progresiva en los barrios de Caracas, operaciones militares y policiales fuera de cualquier tipo de parámetro.

Otra gran lección es que, desde el punto de vista político, ningún plan puede hacerse sin consenso, sin acuerdos, sin pactar, sin buscar concesiones de empresarios y trabajadores. No se puede imponer un modelo. Pérez pretendió hacerlo con el proyecto neoliberal, y el chavismo trató de imponer un proyecto a troche y moche.

La otra gran lección es que el ejército no debe ser usado jamás para restituir el orden político interno. Si se llega a usar, como ocurrió el 27F porque las policías sean superadas por las protestas, tiene que salir a la calle con la orden estricta de no disparar contra el pueblo. A los militares les decía que si sacaban tropas y las ponían en las puertas de los barrios los saqueos morían de inanición. Pero asumieron la absurda idea de escarmentar, e incluso hicieron una exposición en la Zona Rental con todo lo que habían rescatado como trofeo de guerra sobre 500 muertos. Presentaban como un éxito ventiladores. neveras y cajas de güisqui. La única manera de usar al ejército, diseñado para la guerra y para el exterminio del otro, es quizá en forma disuasiva. En 1989 se aplicó el Plan Ávila. El 11 de abril de 2002 se estuvo a punto de aplicar el Plan Ávila, lo que hubiese sido muy grave, porque era sacar al ejército en un momento en el que había miles de personas protestando en las calles.

El 27 de febrero de 1989 nos indicó que la democracia también violaba los derechos humanos de manera masiva y sistemática, y sobre todo de los comunes. En el presente las OLP y las FAES violan los DDHH de manera masiva y sistemática de los comunes.

No se ha hecho justicia con el 27F. Para nada. La justicia militar nos quitó los casos. Más de 260 en un solo expediente, a cargo de un solo fiscal. Eso fue meterlos en una gaveta y que durmieran el sueño de los justos. Le escribí una carta a Chávez, diciéndole que me ofrecía para conmemorar el 27-F y que esperaba que se reanimaran los casos. Eso nunca ocurrió. Solamente se acusó a los responsables políticos. Eso tiene importancia, pero cada uno de estos casos tiene autores materiales. ¿Qué pasó con los que dispararon en la escalera de Mesuca, contra gente que no estaba protestando sino que venía del mercado? Seguramente hubo un capitán que dio la orden y que llegó a general con Chávez, aunque reconozco que debe haber habido una orden superior porque los procedimientos fueron semejantes en Petare, en El Valle y en Catia.

Recuerdo los casos de Gregoria Matilde Castillo, que se tuvo que hacer la muerta para que no la mataran en la escalera de Mesuca y perdió la pierna. El caso de Crisanto Mederos, que lo mataron en la cama de un disparo. Francisco Moncada, un niño que se asomó y le dispararon con FAL. Hay unos responsables materiales que nunca enfrentaron la justicia, que siguieron su carrera militar en el chavismo.

Ha habido un doble rasero del chavismo con El Caracazo. Se evalúa el 27 de febrero y la masacre de una manera diferente a como se puede considerar la marcha a Miraflores del 11 de abril de 2002, al margen del golpe de Estado que estaba detrás, y las muertes que han ocurrido.

La del 27 fue una masacre contra un pueblo que protestaba contra el plan neoliberal, dice el chavismo, cuando en realidad era una protesta muy instintiva; ahora, cuando hay muertos en una manifestación, el gobierno afirma que dispara contra unos malvados que pretenden derrocarlo. Las frases que usa el chavismo contra los que protestan son muy parecidas a las que usaban AD y Copei contra quienes protestábamos. “La desestabilización del régimen democrático” es una frase muy parecida a la que usaban adecos y copeyanos. Siempre estuve en contra de las guarimbas, fueron protestas violentas, pero el 27 de febrero de 1989 también lo fue.

¿Puede repetirse el 27F? Hay condiciones objetivas, que son iguales o peores. Ahora hay más hambre. Si antes estábamos muy mal, hoy estamos mucho peor. Pero las condiciones subjetivas sí han cambiado. La población entendió que rebeliones sin conducción y sin propósito no sirven para mucho. Algunas protestas han remachado la idea de que así no se resuelven las cosas. La calle sirve, la calle ayuda. Nosotros protestábamos con los pensionados y nos reuníamos con las autoridades del Seguro. Protestas y negocias. La protesta solo por la protesta no funciona.

Quisiera creer que la Fuerza Armada ha aprendido que no debe estar disponible para una acción de restitución del orden. Tengo la impresión de que el chavismo se ha encargado de entrenar a la Guardia Nacional y a la policía para enfrentar situaciones de desorden público, aunque con un costo de vidas elevado. No producen la misma cantidad de muertes que produciría el ejército en la calle. La Guardia Nacional y la Policía posiblemente tiene tantas o más muertes. El gobierno de Maduro tiene encima 17 veces las muertes del 27F si sumas masacres en los barrios, procedimientos. Pero creo que el ejército se resiste a repetir un hecho parecido.

Creo que los factores subjetivos (los que protestan y los que masacraron y reprimieron) impiden que se repita un 27F. Es la única explicación posible.