“La Venezuela de hoy, en el plano económico, está dando una vuelta inesperada”, e incluso, “vemos acciones que parecieran entrar en contradicción con algunas premisas defendidas durante todo el proceso que lideró el presidente Chávez”, explica el periodista José Gregorio Yépez, en su programa Con los pies planos

El gobierno de Nicolás Maduro ha tomado decisiones “ que si no son un paquete de medidas económicas de mercado, se le parecen mucho”, y todavía no queda claro si servirán para mejorar la calidad de vida de la población “o si solo servirán para que se enriquezcan unos cuantos con información privilegiada” como ocurrió en la transición entre la URSS y Rusia, aseveró el periodista José Gregorio Yépez.

“La Venezuela de hoy, en el plano económico, está dando una vuelta inesperada”, e incluso, “vemos acciones que parecieran entrar en contradicción con algunas premisas defendidas durante todo el proceso que lideró el presidente Chávez”, expresó Yépez durante su programa Con los pies planos.

El peso de la realidad, afirma, “ha impuesto decisiones poco esperadas de un gobierno que se enorgullece de ser revolucionario y con una orientación de izquierda”. Se ven cosas como, por ejemplo, “aplaudir la dolarización, la apertura en el sector petrolero” y los pactos para el sector energético al amparo de la llamada ley antibloqueo. “Hay procesos de privatización poco ortodoxos, pero privatizaciones al fin, que se dan también bajo el paraguas de esta ley”.

También han proliferado en la banca, recuerda Yépez, “productos que permiten el manejo de divisas en combinación con los bolívares, lo que confirma que, de facto, estamos en un sistema de cambio dual”. Y el Poder Judicial precisó que es posible establecer contratos en dólares. Este “es otro camino que lleva a Venezuela a transitar sobre la economía de mercado, tan satanizada por el discurso oficial”.

Las zonas económicas especiales parecen tener, como máximo atractivo, “la mano de obra barata venezolana”, ya que en el país el salario promedio es de poco más de 80 dólares, apenas por encima del salario mínimo de Haití.