El precio bajo lo seduce, pero también exige buen servicio y productos de calidad. La consumidora venezolana, el consumidor venezolano se han visto obligados a cambiar, pero hay rasgos que lo definen. «A pesar de que su variable principal es el precio, sigue demandando elementos de servicio, de gratificación. Valora la calidad y sigue esperando un buen servicio, aunque su cupo de compra sea más reducido», señala el economista Fabián Campos, analista de entorno e integrante de Datanalisis.
El consumo de las venezolanas y los venezolanos «ha estado disminuido por el deterioro importante de la economía de Venezuela, pero a la vez hablamos de un consumidor mucho más pragmático, mucho más consciente; que valora el uso de cada dólar, de cada bolívar», ilustró el especialista en el contexto del foro Venezuela 2026: mapa de inversiones realizado este jueves en el Hotel Renaissance.
Ahora hay mayor habilidad para adaptarse al entorno, apunta, «y la sabiduría para tener esos elementos de adaptación». En su mayoría la consumidora o el consumidor «tienen una segunda fuente de ingreso, aunque no necesariamente sea formal».
Es, define Campos, «un consumo híbrido, un consumo diferente en la economía de Venezuela, y eso caracteriza la economía en 2025 y 2026».
-¿Qué involucra un consumo híbrido?
-Algo muy pragmático entre digital y efectivo, pero también hay capacidad para entender que en algunos rubros hay mayor elasticidad. En unos puedes preferir una marca sobre otra; en otros, no estás dispuesto a sacrificar esa marca. Esa combinación en la cesta del consumidor ha hecho que puedan mejorar los elementos de consumo. Y esa es una cuenta que todas las empresas en Venezuela tienen que saca: ¿Qué tan elástico es mi producto en términos de precio-demanda? Porque una de las grandes medidas de ajuste era aumentar el precio para cubrirte con el diferencial cambiario, pero lo estabas haciendo con un producto muy elástico y se desplomó tu demanda.
-¿Cuál es el equilibrio?
-Tenemos que hablar de rentabilidad en un portafolio. La rentabilidad se mide en portafolio y no en productos específicos. Es poder compensar con productos que tengan más margen, y otros que no tengan tanto margen. Esa mezcla de cosas es lo que puede determinar el mix para las empresas.
-¿Hay fidelidad a las marcas?
-Se está recuperando la fidelidad de marca. En 2018 era un consumidor con poca fidelidad de marca, por un consumo caracterizado por la emergencia, pero hoy estamos viendo más fidelidad de marca y mayor capacidad de compra. Es una Venezuela distinta de la que vivimos en 2016, 2017, 2018.
La consumidora o el consumidor deben ser segmentados, y no con la estratificación tradicional ABC. «La clase media en Venezuela ha mutado. Hay una clase media que tiene acceso a cierta capacidad de compra, y otra que tiene acceso al día a día por una remesa. Hay un matiz muy importante. Y dependiendo del segmento, los segmentos más bajos compran diariamente. Los segmentos altos pueden planificar compras de dos o tres semanas, e incluso, meses.
-¿Quién decide la compra en el hogar?
-Somos una sociedad matriarcal. Pero más allá de quién lo define, los hogares venezolanos tienen una prioridad, que es el precio, pero siguen valorando elementos de servicio y calidad y puede ser una decisión conjunta.





