La relación de Cipriana Ramos con La Guaira es de puro amor y compromiso. «¿Cuándo vamos a reconocer nosotros que Vargas no se murió con el deslave, no se murió con la caída del viaducto y tampoco se va a morir ahora?», se pregunta la empresaria y primera vicepresidenta de la Cámara de Comercio de La Guaira.
Ramos participó este miércoles en el lanzamiento de Fortaleza La Guaira, un plan del que la Cámara forma parte, además del Inces y otras organizaciones. «Es una institución que se está creando hoy, y la vamos a llamar institución porque va a permanecer en el tiempo, para entrelazar el tejido empresarial y gremial en el desarrollo de la formación de aquellas habilidades que necesitamos para planificar el estado que queremos».


-¿Qué necesitan para planificar? ¿Qué necesita La Guaira?
-Eso es lo que estamos buscando en esta experiencia: que cada uno nos diga, porque uno piensa que La Guaira es mar, turismo; que somos ciudad portuaria, pero es que también La Guaira es campo, es agro, además del turismo y la recreación, la ciudad portuaria; y además somos zona comercial. Cada quien, dentro de sus necesidades y experiencias, me va a decir qué es lo que quiere. ¿Qué es Fortaleza La Guaira? Es la formación de aquellas habilidades que necesitamos para desarrollar a Vargas con un nuevo plan de ordenación urbanística
-¿Ese plan se conoce ya?
-No, el tema es que el plan de ordenación urbanística fue el secreto mejor guardado aquí por muchos años. Conocemos el plan de ordenación territorial, el Potep. El trabajo se hizo y no está cónsono con lo que vivimos en el día a día. Necesitamos un plan de ordenación urbanística conocido por todos, desarrollado por todos que nos va a dar la vocación de cada sector en toda esta franja costera que es La Guaira. ¿Cuál es la vocación de Carayaca? Es distinta la vocación de Maiquetía. Necesitamos parroquializar, ¿sí? Porque tú no dices «voy a Maiquetía» cuando estás en Pariata; tú dices «voy a Pariata». Tú no dices «voy a Caraballeda» cuando estás en Caribe; tú dices «voy a Caribe», Entonces, hay muchísimas cosas en las que tenemos que reordenarnos y esa reordenación es interna de cada uno de nosotros.
Ramos señala que una parte del sector comercial se activó tras los terremotos, particularmente, en Maiquetía. «¿Por qué Maiquetía sufrió menos? Porque hubo negocios que quedaron con unas grietas, pero podían trabajar. ¿Por qué demoró un poco más la apertura de esos negocios o abrir esos negocios? Porque con familiares desaparecidos, familiares desplazados o pérdida de la vivienda no tenías el ánimo de abrir un negocio; a tus trabajadores tenías que buscarlos, tenías que ayudarlos, y por eso demoró un poquito más abrir los negocios en Maiquetía. En Maiquetía, en Caraballeda, dentro de las zonas afectadas tenemos áreas que sufrieron muy poco. En Catia La Mar hay una línea de destrucción, pero hay zonas que no fueron saqueados y pudieron comenzar a operar», describe.
Alivio fiscal, exoneración de impuestos
La vicepresidenta remarca que las necesidades económicas de La Guaira continúan: «Tenemos una zona aduanera portuaria que continúa operativa porque el comercio mundial no se paraliza y porque nosotros estábamos aquí en Vargas, pero nuestros clientes no son de Vargas, nuestros clientes son de todo el país». Comenzaron a trabajar por Puerto Cabello, pero ya regresaron al litoral. Prefiere no hablar sobre el porcentaje de recuperación, porque es variable: «En la zona de Caraballeda, en la parte del Caribe, puedes ver que se recupera 3 %. Pero cuando te vas a Maiquetía ves que Maiquetía ahora tiene una sobrepoblación porque todo el espacio que nos quedó para operar es Maiquetía, y no solamente el sector comercio; el sector servicio también está en Maiquetía.


A quienes alegan que no hay condiciones para reabrir las playas, les pregunta: «¿Dónde están las maquinarias que están trabajando? ¿Dónde están las maquinarias que nos ayudaron? El duelo tú lo vas recuperando. Todos tenemos el duelo por dentro y lo vas recuperando. En el duelo lo primero es el no reconocimiento, y aquí entonces yo digo que la alcaldía todavía no ha reconocido lo que pasó en Vargas, porque no hay un decreto de alivio fiscal, no hay una ordenanza de exoneración de impuestos. Entonces, ¿cuál es el duelo que tienes? O sea, ¿qué es lo que me estás diciendo a mí? El mensaje que recibimos fue como que los empresarios de Maiquetía se quejan porque les están cobrando impuestos, pero están abiertos y por lo tanto tienen que pagar los impuestos. Sí, pero ve mi casa cómo está, mis trabajadores cómo están, cuántas pérdidas materiales y humanas tuve».
-¿Qué medidas se necesitarían?
-Cada nivel de gobierno tiene una medida distinta. El primer nivel de gobierno, que es el gobierno local, y por eso hablaba del plan de desarrollo urbanístico local, debe comenzar por darse cuenta de que los empresarios estamos operativos, pero tenemos necesidades. Le enviamos una comunicación al gobernador, que es el otro nivel de gobierno, diciéndole: «Dirígete al nivel central, solicita recursos para que alivies a la alcaldía, para que nos alivien a nosotros como residentes del estado, que lo necesitamos». O sea, los tres niveles de gobierno son completamente distintos y cada uno tiene cómo.
-¿Cuáles son los alivios?
-El primer alivio es una exoneración de impuestos; no de IVA, porque ya lo vivimos cuando el deslave y no funcionó lo del IVA. Ya a estas alturas el partido a veces digo que ni siquiera es la exoneración de impuestos; es que ni siquiera nos diste el cariño que necesitábamos en el momento. Nos olvidaste, nos dejaste a un lado. Existimos solo para pagar impuestos, no existimos para más nada. Me comentaba un grupo de empresarios que el alcalde tiene unas licencias de industria y comercio en su escritorio y no las ha firmado. ¿Cuál es la ayuda que tú le estás dando a las personas que estamos aquí en Vargas? Si esa, que es una de tus obligaciones, no la estás haciendo, entonces, ¿qué ayuda necesitamos? Evidentemente, alivio fiscal. La circular del Seniat nos indica qué vamos a hacer con el libro de aduanas, que ahora lo vamos a tener eh el automatizado. Ya vimos la vulnerabilidad que tenemos, porque aquellos que perdimos las oficinas nos quedamos sin libros. Y no me vas a decir ahora que el libro no lo tenía buen resguardo como buen padre de familia, porque la obligación que yo tenía era tener mi libro en mi oficina, no resguardado en otro lado.





