Al observar la vida y la carrera de este venezolano podemos afirmar que el camino de un pelotero para llegar a las Mayores no suele ser fácil, pero entre esas dificultades muchos logran encontrar la inspiración para trabajar más duro que el resto y esos son quienes logran trascender

Yorbin Ceuta es un ejemplo para las nuevas generaciones de peloteros que se están formando en los diamantes de nuestro país. Sacrificio y trabajo duro dan sus frutos y eso es lo que él demostró al firmar con los Astros de Houston por un millón de dólares en el 2016.

“Estar lejos de mi familia y de mi hijo es una de las cosas más difíciles que me ha tocado. Pero es un sacrificio que valdrá la pena. Por ellos y para ellos trabajo duro, así este cansado. Son mi fortaleza, y me exijo todos los días para estar bien, mi familia y yo” confiesa Ceuta a Contrapunto desde Estados Unidos.

Y es que para el infielder, quien tiene tres años en el sistema de granjas de los Astros, el pequeño Yorbin Mathias de dos años de edad, es uno de sus motores.

Aseguró también que su ídolo es el campocorto Elvis Andrus: “Me gusta su forma de jugar porque es un buen pelotero y campocorto. Ha sido un modelo a seguir”, comentó.

Ceuta, en sus dos primeras temporadas registró 77 hits en 329 turnos al bate, en los que conectó apenas 6 dobles y 5 triples, sin cuadrangulares, números que le valieron el llamado de la filial clase A de los Astros, los Tricity ValleyCats.

En esta categoría no tuvo tanta oportunidad para demostrar su talento, ya que debutó con hit y tomó apenas 12 turnos al bate en 4 compromisos, por lo que debió regresar a la Liga de la Costa del Golfo, en donde se desempeña actualmente con la filial rookie de Houston.

El mirandino ha jugado más de 45 entradas en tres posiciones diferentes, en los que aún no ha cometido error y, desde en el orden ofensivo ya conectó su primer cuadrangular. 

El originario de Guarenas formó parte de la camada de prospectos que fueron comprados por la MLB en 2016, a través de una inversión que superó los 27 millones de dólares en beisbolistas venezolanos.

–¿Cómo tomaste la decisión del béisbol?

–Lo que me inspiró a jugar este deporte fue mi papá. Yo iba a sus juegos y me llamaba mucho la atención. Me entrenaba todo los días y aprendía cosas. Es un deporte que me gusta desde que tengo uso de razón

Mi primer equipo fue Trapichito de los 4 a los 9 años. Posteriormente jugué en la Sabana, en el estado Vargas, para luego volver a Trapichito a los 12 años.

No ha sido fácil. Mi primer nacional fue a los 6 años en San Cristobal, y mi papá tuvo que pedir prestamos para que yo pudiera viajar. Para pagar ese préstamo tuvo que trabajar de lunes a lunes para que yo pudiera viajar con mi mamá y mi hermano menor.  Pero todo el sacrificio ha valido la pena y gracias a mi familia estoy aquí jugando.

–¿Siempre fue tu sueño jugar béisbol?

–Desde pequeño quise jugar béisbol profesional. Siempre he sido “fiebruo” cuando empiezan tanto la temporada de la MLB como la venezolana. Es lo que me ha servido de inspiración para formar mi camino hasta llegar a ser un gran pelotero en las Grandes Ligas

–¿Cómo fue el salto a Estados Unidos?

–Jugando con Trapichito y en el 2013 fui a unas pruebas de selección de (el estado) Miranda en donde había unos cazatalentos de academias de Venezuela. Ahí pasé a entrenar en la Academia de Jorge Cortez, en Guarenas, donde entrené un par de meses, para luego llegar a la MM Baseball Academy, en Valencia, donde duré casi 6 meses sin pisar mi hogar.

En 2015 viajé a Dominicana para hacer un par de Try outs, donde todo salió bien. Lamentablemente salí lesionado de esos juegos y eso me impidió asistir a otras pruebas con los Padres de San Diego en Curazao.

Fueron momentos de frustración, pero gracias a Dios pude recuperarme y obtener la gran recompensa de poder firmar con los Astros de Houston. Firmé el 2 de julio de 2016 y ahorita estoy jugando la liga rookie.

–¿Como manejas estar alejado de tu familia?

–No es fácil pero es un sacrificio necesario. Desde los 10 años me tocaba viajar con la selección de Vargas; debía quedarme en casas de amigos. Eso me hizo madurar mucho. Mi ultimo Panamericano fue en el 2014 y por no tener mucho dinero me toco viajar solo.

–¿Siente presión por ser un pelotero de 1 millón de dólares?

–No tanto como presión; sino como una gran responsabilidad con el equipo. Me vieron muy proyectado, por lo que es un gran reto que debo cumplir. Es lo que me inspira a trabajar duro todos los días.

El día de mi firma fue el más especial de mi carrera. Todo el trabajo que hice en la academia con ayuda de los técnicos, el día a día; levantarme temprano sin importar el cansancio. Desde pequeño quería lograrlo y gracias a Dios se pudo

–¿Aspiras llegar al primer equipo?

–Estamos trabajando para llegar. Esas son decisiones que toma la gerencia del equipo, pero con mi constancia y trabajo duro espero dar las mejores impresiones para que ellos decidan mi futuro con el equipo.