La directora venezolana Marisol Martínez lleva a escena el texto de la uruguaya Mariana Percovich, basado en un crimen real. La temporada comenzó este viernes 26 de julio

Esta historia puede ocurrir en Petare, Venezuela; en Buenos Aires, Argentina; Cerro Chato, Uruguay (donde efectivamente sucedió). Total, las mujeres son carne de cañón y a veces son cañones que disparan contra culpables, pero también contra inocentes.

Mujeres del barrio, mujeres de pranes, mujeres que de los hombres conocen la violencia. Estas son las mujeres de Medea del Olimar, obra de la uruguaya Mariana Percovich que la directora venezolana Marisol Martínez lleva al Trasnocho Cultural a partir de este viernes 26 de julio.

La actriz Luz Dary Quitián es esta mamá que no deja de serlo para convertirse en asesina. La acompañan Valentina Garrido, Randimar Guevara, Zahir Mora, Dayana Cadenas y Sol Vásquez, que cantan un desatinado “Él me mintió” y se menean con Héctor Lavoe.

Estas son mujeres que viven en un rancho, que tienen cuatro trapos y un par de zapatos para verse sexys y agitar deseos en medio de la miseria. Una chica canta Soy el peor de Bad Bunny -una versión femenina- mientras las otras sacan a Medea de las casas de lata para la prisión, una vez consumado el crimen. Lo que en una escena es barrio en otra se convierte en cárcel.

La carcelera es otra mujer en faja con una pistola en la cintura que le cuelga un cencerro a Medea, porque si las mujeres son cañones también pueden ser carceleras de sí mismas y de las otras. El sexo con los hombres es una forma de uso, pero cuando es entre ellas, de complicidad.

Ese es el mundo de esta Medea del barrio, en el que la vida es más dura que en otros sitios y una olla puede reemplazar el rostro. En el que matar es otra forma de amar, ambos verbos de la pasión y del embeleso.

Esta Medea lo ha sido de vida real: Una mujer de 33 años que estranguló a su hija con sus propias manos y a quien la procesaron por “un delito de homicidio especialmente agravado”. Supuestamente internada por problemas psiquiátricos, la madre asesina también fue, años atrás, una hija maltratada.

En el ensayo para la prensa, este viernes 26 de julio, había más hombres (fotógrafos y periodistas) que mujeres, aunque esta es una obra sobre mujeres, escrita por una mujer y representada por mujeres. Cinco mujeres que son una sola, la Medea del Olimar hecha fragmentos.

“Hacer teatro en estos momentos es un acto de resistencia”, dijo Martínez al compartir con los periodistas. Lo que se muestra al público caraqueño es el texto original de Percovich, con el único cambio de la puesta en escena para que parezca un barrio caraqueño.

“Es un texto angustiante, una situación angustiante. Medea es la madre que asesina su creación. Mata lo peor de ella”, reflexionó la directora.

Lo que se muestra es la historia de una asesina confesa de Uruguay, que acaba a su hija mientras duerme.

La tragedia de esta Medea del Olimar sucedió en territorio uruguayo, pero puede ocurrir en cualquier otro lugar; en Caracas, por ejemplo. A lo mejor está ocurriendo en este momento.