Más allá de la pérdida de peso: Objetivo de los fármacos

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Los nuevos fármacos contra la  obesidad han transformado su tratamiento y están demostrando ser eficaces con otras enfermedades, aunque también presentan limitaciones y su acceso a nivel mundial es un reto fundamental, según un número especial que les dedica la revista Science, que analiza también las nuevas generaciones.

Los medicamentos GLP-1 (agonistas del péptido similar al glucagón-1) se desarrollaron hace casi 20 años para la diabetes, pero ha sido en esta década cuando se empezaron a usar frente a la obesidad, lo que dio paso a una panoplia de investigaciones.

El especial incluye tres artículos de revisión y varios de análisis sobre diversos aspectos de estos fármacos que actúan sobre el metabolismo.

Las pruebas más recientes sugieren que estos fármacos pueden tener efectos sobre afecciones neurológicas y psiquiátricas, como la neurodegeneración y la adicción, y potencialmente sobre la prevención del cáncer.

Pero “aún quedan muchas incógnitas por resolver”, señala la introducción de la revista, que firman tres investigadores de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (EEUU).

Todo ello -consideran- apunta a la necesidad de comprender mejor los procesos biológicos que subyacen a la remodelación del tejido adiposo con y sin estos fármacos, así como de desarrollar nuevos medicamentos que actúen mediante mecanismos diferentes o que provoquen menos respuestas no deseadas y efectos secundarios.

El especial pone la mirada, entre otros temas, en los nuevos avances sobre el desarrollo de estos fármacos y en sus limitaciones, en un artículo de revisión firmado por el investigador de la Universidad de Leipzig (Alemania) Matthias Blüher.

El objetivo de las nuevas investigaciones es, en última instancia,  ir más allá de la mera reducción del peso corporal para desarrollar tratamientos que mejoren la salud general y aborden las complicaciones relacionadas con la obesidad.

Los enfoques más recientes se centran cada vez más en combinar múltiples mecanismos biológicos para lograr una mayor pérdida de peso y, al mismo tiempo, minimizar los efectos secundarios, afirma.

Ente las principales limitaciones asociadas a estos fármacos, cita los efectos secundarios gastrointestinales, las respuestas variables al tratamiento, la pérdida de masa muscular y la recuperación de peso tras interrumpir el tratamiento.

El especial incluye un artículo a cargo de Nora Volkow y Eric Wago, del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (EEUU), el cual indica que “cada vez hay más indicios” de que podrían reducir el deseo de consumir alcohol, nicotina, opioides y estimulantes.

Hasta ahora se han explorado esos efectos a través de la influencia de los medicamentos en el sistema de recompensa del cerebro basado en la dopamina, pero las pruebas más recientes sugieren que su impacto podría implicar interacciones más amplias entre el cerebro y los sistemas metabólico, hormonal, inflamatorio y cardiovascular del organismo.

Esto apunta hacia una comprensión más integral de la adicción que tenga en cuenta los factores biológicos, conductuales y sociales interrelacionados que contribuyen al consumo de sustancias.

Otra “cuestión abierta” es si reduce el riesgo de padecer cánceres relacionados con la obesidad, observan los expertos de la Universidad del Sur de Dinamarca Blánaid Hicks y Anton Pottegård, pues los datos disponibles “son insuficientes”.

La diabetes afecta a unos 500 millones de personas en el mundo y la obesidad a unos 1.000 millones, enfermedades cuyo tratamiento se ha visto trasformado con la llegada de los GLP-1 y surgen “innumerables promesas” en torno a ellos, pero su acceso a nivel mundial “sigue siendo un reto fundamental”.

Los investigadores Kenneth Shadlen y Olivier Wouters, de la Escuela de Londres de ciencia política y económica y de la Universidad Brown (EEUU), indican que el acceso sigue concentrándose en los países más ricos, a pesar de la carga desproporcionada que suponen la obesidad y la diabetes en los de renta baja y media.

Ampliar el acceso mundial a los nuevos medicamentos dependerá en gran medida de la disposición de las empresas farmacéuticas a ofrecer precios asequibles y acuerdos de licencia que permitan a los fabricantes de genéricos producir y distribuir estos medicamentos.

La diversidad de tipos de patentes, las prórrogas de la vigencia de las mismas y las exclusividades reglamentarias dificultan la estimación de la fecha exacta en que comienza la competencia de los genéricos en cada país. En el caso de la mayor parte de Europa occidental sería entre 2031 y 2032. EFE

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