El expresidente de COPEI, Luis Ignacio Planas, señala que hace falta para la reconciliación hace falta la reparación que considera indispensable para generar justicia.
El dirigente político escribe un artículo de opinión en el que señala que «la restitución no es un concepto moderno ni exclusivamente jurídico. Es un principio bíblico que atraviesa toda la Escritura. Desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, Dios exige no solo el arrepentimiento, sino la reparación concreta de lo que fue tomado injustamente. Restituir es devolver, sanar y restaurar el orden quebrantado.
«En el Libro del Éxodo (22:1-4), la Ley establece con claridad: quien robe un animal y lo mate o venda, deberá restituir cinco bueyes por el buey y cuatro ovejas por la oveja. No basta con pedir perdón; es necesario devolver con generosidad lo sustraído. En Levítico (el libro que regula la vida santa del pueblo de Israel, sus ofrendas y la reparación de las faltas) 6:1-7, el que comete fraude o robo debe confesar su pecado, devolver el bien más una quinta parte adicional y ofrecer un sacrificio de reparación. Números 5:5-8 insiste en el mismo principio: la confesión debe ir acompañada de la restitución plena», indica Planas.
Agrega que «la justicia bíblica no se agota en el castigo ni en el olvido: exige la reparación activa».
«El ejemplo más conocido del Nuevo Testamento es el de Zaqueo (Lucas 19:1-10). Este publicano, al encontrarse con Jesús, no se limita a una declaración de fe. Anuncia públicamente: “Si en algo he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”. Jesús responde: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”, argumenta el expresidente de COPEI.
Explica que la Doctrina Social de la Iglesia insiste en que no hay verdadera reconciliación «sin el acto concreto de devolver lo que pertenece a otro. La restitución se convierte así en signo visible de conversión y reconciliación».
Hoy en Venezuela
«En la coyuntura actual de nuestro país, este concepto adquiere una dimensión política urgente. Puede iluminar la situación de los partidos políticos venezolanos cuyas tarjetas electorales fueron intervenidas por decisiones judiciales. Durante años, organizaciones con larga trayectoria histórica vieron desplazadas sus autoridades legítimas. La tarjeta representa la memoria, la militancia y el derecho de miles de ciudadanos a participar bajo su propia identidad histórica, simbólica y organizativa. La tarjeta es la expresión institucional de una comunidad política», indica en su artículo.
Más adelante habla del proceso de judicialización del partido del que fue presidente y señala que en 2009 «dirigentes del propio partido, en medio de una división interna, acudieron a instancias judiciales externas y, al hacerlo, abrieron deliberadamente la puerta a una intervención que, con el tiempo, terminó despojando a la organización de su dirección y de su identidad institucional. Ese proceso no fue un simple desacuerdo interno: se prestó al poder para afectar a todo el partido, empobreció a COPEI y debilitó gravemente su capacidad de ser interlocutor pleno en la vida democrática. La restitución bíblica no solo exige devolver lo arrebatado; también llama a quienes, desde adentro, facilitaron ese daño a reconocer su responsabilidad».
«Hablar de restitución en este contexto es reclamar, desde la tradición bíblica de la justicia reparadora, el restablecimiento de lo que pertenece legítimamente a otro. Así como Zaqueo devolvió cuadruplicado y la Ley de Moisés exigía la reparación plena, devolver las tarjetas a sus autoridades legítimas sería un acto de justicia que restaura el derecho a la participación política. No se trata de un favor ni de una concesión, sino de corregir una distorsión que empobreció el pluralismo democrático», sostiene Planas.
Sobre las negociaciones que actualmente se producen entre opositores integrantes de la Asamblea Nacional de 2015 y el gobierno indica que estas «ofrecen una oportunidad concreta para avanzar en esa dirección. Cuando un proceso de diálogo produce resultados de verdadera restitución, no solo se resuelve un problema técnico-electoral: se envía un mensaje de que es posible reconstruir la confianza sobre bases de legalidad y equidad».
«Desde una perspectiva cristiana, no hay reconciliación auténtica sin reparación. Devolver lo arrebatado es reconocer la dignidad del otro y la legitimidad de su existencia política. Para los partidos que fueron judicializados, recuperar su tarjeta no es un premio: es el restablecimiento de su capacidad de ser interlocutores plenos en la vida democrática», sentencia el dirigente.
Insiste en que «Venezuela ha sufrido demasiadas rupturas. La restitución de las tarjetas partidistas sería un acto simbólico y práctico de gran valor».
Finalmente señala que «la esperanza se construye con actos concretos de restitución. Que las negociaciones en curso se traduzcan en esa devolución sería, más que un logro político, un signo de que la justicia puede volver a caminar en Venezuela. Porque restituir no es solo devolver un bien: es restaurar la dignidad de quienes lo perdieron y la confianza de toda la sociedad.
COPEI espera justicia».





