Teófilo Alemán ha logrado construir un hogar en la cima de una montaña en Carayaca, en el estado La Guaira. Su casa, levantada con madera y láminas de zinc, es el retrato de la humildad. También lo es el propio Teófilo, que acompañó el recorrido de los inspectores voluntarios de la UCV el pasado sábado 25 de julio y ni siquiera esperaba que su vivienda entrara en las revisiones. Pero el arquitecto Charles Grillo, que se unió a las evaluaciones para aliviar la pena de la muerte de su esposa en las Opppe de playa Los Cocos, le dijo que subieran hasta la casita, y subió las escaleras esculpidas en la tierra.
Teófilo, su esposa y sus dos hijas necesitan de todo, porque habitan en una vivienda rural inestable, sin estructura y con riesgo geológico. Su hija mayor, Eleidi Nacarid, es una adolescente de 17 años que crea animés y quiere estudiar todas las carreras que le gustan. Su hija menor se quedó sin escuela (la Rafael Rangel), porque el terremoto la derribó. Su esposa, también dirigente comunitaria, elabora adornos con globos. El propio Teófilo da clases, estudió comunicación social y quiere trabajar como periodista. «Mis necesidades son una mejor vivienda», y «si nos dan opción de comprar una casa en la parroquia, mucho mejor para nosotros». Su deseo es permanecer en Carayaca y garantizar que sus hijas puedan estudiar «y que sigan adelante»
Sergio Silva, profesor de la escuela de ingeniería civil de la UCV, organizó la jornada de inspecciones rápidas post sismo en Carayaca con el apoyo de la comunidad y de las comunas 28 de Julio, Cohete en Revolución y Tirima Socialista. Comunas y consejos comunales hicieron una evaluación previa, y cuando llegó el equipo de ingenieros, arquitectos, estudiantes y trabajadores sociales, ya tenían los recorridos previstos. Faltó tiempo para poder mirar a todos los que querían ser analizados, y en la cola de prioridades, los dirigentes sociales se pusieron en la cola.
Como lo explicó Silva, en tres días de trabajo se inspeccionaron 217 viviendas, de las cuales la mayoría (42 %) pasaron la prueba del análisis y el martillo y consiguieron la tarjeta verde. Pero 58 % se distribuyó entre calcomanías amarillas (32 %) y rojas (26 %).


José Benítez, de la comuna 28 de Julio, explica que su territorio alberga 1.200 familias, de las cuales al menos 54 vieron sus viviendas afectadas por los sismos. «Uno tiene una apreciación como vecino, pero se necesita el equipo técnico», le dijo Benítez al bombero Gustavo Córdova, líder del equipo de inspectores formado por Andrés Da Silva y Ángel González.
Benítez orientó la caminata por el sector Alto Paraíso para que los expertos miraran las casas de sus vecinos; la suya quedó entre las últimas. «El ranchito me hizo así. Sé que se me va a caer», admitió. Córdova pasó por varios hogares sin columnas, con áreas inseguras. Finalmente, en la parcela En honor a nuestros padres, el bombero se enfrentó a la precariedad. «Yo estoy claro en que la tarjeta es roja», comentó. Córdova le insistió en que deben salir pronto de allí, porque todo el lugar es inseguro para ellos.


En el sector El Cohete, Luisa Navarro se enfrenta a un riesgo geológico que llevó al profesor Silva y a su ayudante, Carlos Villegas, a poner 11 etiquetas rojas. Aun cuando Luisa recibió la noticia con lágrimas en los ojos, para ella lo importante es que hay gente en peores condiciones en otras zonas de La Guaira; por eso, la noche anterior se dedicó con sus hijas a elaborar 200 bollitos para compartir con los damnificados de Mare Abajo. Al momento de pedir algo para ella, solo solicita carpas y colchonetas, a fin de poder salir de la casa y volver a dormir en paz.
Mauari, hijo de Luisa, trató de edificar un hogar un poco más abajo del de su mamá. «Si la tierra se desliza, te va a caer encima», lo alertó Villegas, porque es precisamente el riesgo geológico lo que los acecha. Mauari es una persona con vida espiritual, y así lo contó mientras mostraba los materiales que ha comprado poco a poco. ¿Qué te dice la casa? Su respuesta: «Que me puedo quedar en ella». ¿De verdad? Movió la cabeza de un lado a otro. Sabe que debe marcharse, pero no tiene un lugar donde echar nuevas raíces.





