Pedro Sánchez cierra filas con José Luis Rodríguez Zapatero. Un día después de recibir el golpe de su imputación, el presidente del Gobierno se enfrentó a las acusaciones de la oposición en la sesión de control del Congreso. Y dejó claro que los detalles de la investigación, por ahora, no le hacen dudar de su respaldo. “Toda colaboración con la justicia, todo respeto a la justicia y todo mi apoyo al presidente Zapatero, señorías”, sostuvo el presidente.
Sánchez reivindicó el legado de un hombre que pertenece a su círculo de confianza más estrecho y que supone uno de sus principales apoyos. Y al que el juez Calama sitúa ahora al frente de un entramado criminal. “Nos sacó de una guerra ilegal, amplió derechos y libertades y acabó con ETA. Lecciones de quienes tantas vergüenzas tienen que ocultar, ninguna”, le apuntó al PP.
En su turno de pregunta, Alberto Núñez Feijóo, hizo hincapié en los problemas judiciales que rodean al Gobierno y que escalaron con la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero. “Aplaudieron a Ábalos y está en la cárcel”, recordó a Sánchez. “Defendieron a Santos Cerdán” y “volverá a prisión”, añadió. “¿Cuánto podrá aguantar sin negar también a Zapatero?”, le preguntó.
“Sin su Consejo de Ministros, Zapatero no habría podido delinquir”, apuntó Feijóo. “Ni él, ni Ábalos, ni Santos Cerdán ni su entorno. Nadie. Es la clave de todo”, aseguró Feijóo, quien no dio ninguna pista durante la sesión de control sobre si piensa o no activar una moción de censura contra Sánchez. “No llegó para limpiar”, le reprochó, “si no para saquear”, agregó.
“El que pueda robar, que roba (sic), ese es el lema”, dijo, parafraseando aquel “el que pueda hacer, que haga” de José María Aznar. “España está gobernada por corruptos y yo me voy a encargar de cambiarlo”, concluyó.
Según fuentes de Moncloa, el presidente y su equipo dedicaron la tarde del martes a analizar en profundidad el auto del juez Calama. Y la conclusión, según esas mismas fuentes, en que no hay argumentos suficientes en ese escrito del juez para concluir que Zapatero delinquió. “Es un auto serio. Lo hemos analizado con detalle y estamos muy tranquilos después de leerlo”, aseguran en el Gobierno, donde sostienen que ese auto no aporta pruebas de que Zapatero incurriera en un delito de tráfico de influencias ni tampoco de que tenga vinculación societaria con el entramado empresarial a la que se investiga por blanqueo de capitales.
“Lo que quede por aclarar, estamos convencidos de que el expresidente lo aclarará. Todo lo que se expone en el auto lo vemos legal al cien por cien”, insisten esas fuentes, que aún así admiten que el mazazo político es innegable y aún de consecuencias imprevisibles. Porque Zapatero es, en primer término, el legado socialista que con más orgullo se enarbola en el partido. Idolatrado por las bases, estrella de las campañas electorales y con mucho tirón también entre los votantes progresistas en general, de su paso por Moncloa reivindica el PSOE la aprobación del matrimonio igualitario o el final de la banda terrorista ETA. Hitos históricos que lo convierten en una figura fundamental en los casi 140 años de vida del Partido Socialista. Y hoy es, además, una de las personas de mayor confianza personal y política para Pedro Sánchez, al que ha defendido contra y viento y marea hasta convertirse en uno de sus mayores activos.





