Los cambios de banquillo en el Inter y la Juventus traen un nuevo sistema táctico en ambos equipos; cada quien a su manera, con algunos puntos en común y muchos opuestos

Maurizio Sarri:

Para poder entender la decisión de los inversionista de la Juventus, es necesario observarla como si fuese un producto industrial. Andrea Agnelli, presidente del club de Torino, substituyó a Massimiliano Allegri, porque, quizás, consideró que el equipo había llegado al final de un ciclo; así como si hubiese querido retirar del mercado un producto maduro, antes que se convirtiera en obsoleto, para estrenar un nuevo modelo.

La decisión de Agnelli recayó sobre Maurizio Sarri, que es un entrenador totalmente opuesto a su antecesor en muchísimos aspectos. Sobre todos, Sarri tiene un enfoque ampliamente top-down (de arriba hacia abajo): establece los principios que considera no negociables y de esto deriva el sistema táctico y sus tareas en las varias fases del juego. Allegri en sus años juventinos (entrenó a la Vecchia Signora entre 2014 y 2019) tuvo un enfoque antípodo, volcado hacía el bottom-up(de abajo hacia arriba): observaba en el campo las características de sus jugadores y la integración, hasta ensamblar un estilo de juego adecuado al material con que contaba. Allegri era un fino artesano, mientras que Sarri es un arquitecto.

A pesar de ser fiel a sus principios, Sarri no es un entrenador tácticamente rígido, él ha conseguido soluciones sobre la base del material humano del que dispone. Un ejemplo claro es la maniobra baja de juego.

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Durante su primer año en Serie A; con el recién ascendido Empoli, Sarri pedía a su playmaker (pivote creativo) bajo, Mirko Valdifiori, de lanzar largo hacía las puntas, por encima de la cabeza de los defensas (como se gráfica en la imagen). Intentaba aprovechar la capacidad de lanzamiento largo de su armador y la velocidad de sus puntas. Las causas de esta decisión, sin embargo, recayeron sobre la presencia de repartos defensivos menos técnicos respecto a los estándares de la Serie A, entonces, la intención de Sarri era quitarle a los defensas las tareas de construcción.

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Un primer cambio en la configuración que propuso tanto en el Napoli y en el Chelsea, a causa de la presencia de Jorginho. El fraseo vertical y sincopado entre el armador italo-brasileño y los centrales, servía para desorganizar las líneas adversarias y encontrar un hombre más allá de la primera línea de presión. Los laterales, largos al borde del campo, ofrecían sólo un mero apoyo espacial al entramado interno de los mediocampistas.

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En los primeros amistosos veraniegos se comenzó a ver algo nuevo en la fase de armado juventino. Miralem Pjanic es la referencia en el triángulo de la mediacancha. El bosnio fue marcado casi siempre a hombre, de esta manera los centrales se veían obligados a descarga con los laterales, mientras que, más adelante, los volantes a los lados de Pjanic se abren y retroceden (como se gráfica en la imagen). El espacio que se crea favorece la recepción de la punta o del externo de ataque, servidos con un pase diagonal del lateral hacía la parte interna de la cancha.

El punto en común entre estos tres diferentes enfoques es el principio, es decir, la voluntad de atraer hacía adelante a los adversarios. Invitar al adversario a la presión con un fraseo inicialmente corto que crea espacios en otras zonas del campo, que se convierten en atacables. La segunda fase, que es el ataque al espacio, puede desarrollarse de dos maneras: verticalizando rápidamente y jugando centralmente con el volante o con la punta entre líneas. La implementación no varía; los principios se mantienen. En pocas palabras, éste es el trabajo de Maurizio Sarri.

Antonio Conte:

Carece de dificultad entender los motivos por los cuales el Inter decidió entregarle su proyecto a Antonio Conte: en su primer año con la Juventus ganó el Scudetto totalizando 26 puntos más que la temporada anterior, replicando su actuación duran el primer año con el Chelsea, en Premier; consiguiendo 43 puntos más que el año anterior. Gracias a estas dos experiencias, adjunta a aquella no ganadora pero muy convincente con la selección italiana, Conte se ganó la fama del entrenador capaz de llegar y revolucionar muy rápidamente equipos poco excelsos, gracias a sencillas y precisas ideas de juego, además de su carisma.

Inter Milan’s head coach Antonio Conte speaks with his forward Romelu Lukaku (R) during the Italian serie A soccer match between FC Inter and US Lecce at Giuseppe Meazza stadium in Milan, 26 August 2019. ANSA / MATTEO BAZZI

El Inter, tras dos difíciles cuartos lugares busca un proyecto técnico que pueda maximizar las inversiones hechas, que en los últimos años fueron sumamente importantes. La decisión de sentar a Antonio Conte en el banquillo del Meazza fue profundamente deseada por el club, al punto de convertirlo en el entrenador mejor pagado de la historia de la Serie A, y no es más que la búsqueda del definitivo salto de calidad que con Luciano Spalletti no llegó.

Aún habiendo entrenado en Serie A (Atalanta por 13 partidos y la Juventus por 3 temporadas), el regreso de Conte al campeonato italiano puede ser considerado como una novedad: el entrenador trae consigo un fútbol único en Italia, refinado por la experiencia inglesa con una metodología de trabajo bien precisa y una comunicación muy particular; directa, como su estilo táctico.

En sus pocas semanas como entrenador sacó del proyecto a Mauro Icardi y a Radja Nainggolan además de contestar el retraso en el mercado, citando la voluntad de querer a Romelu Lukaku, quien llegó pocas semanas después.

Pero en la cancha, durante sus primeras citas fue posible observar las señales de su juego: en los movimientos y en las jugadas del Inter, pareciera querer construir el equipo con su sello de fábrica, el 3-5-2 que tantas victorias le trajo en Italia.

Sin embargo, él no es un técnico dogmático: más que el módulo, para Conte lo fundamental son algunos principios sobre los cuales construye sus equipos. En esta fase de posesión, por ejemplo, los dos externos de mediacancha deben estar siempre muy altos, en línea con las dos puntas, quienes deben permanecer cerradas en el centro.

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Aquí es posible observar la altura y la amplitud de los externos (Candreva y D’Ambrosio) y como se mantienen por el medio, bastante cerrados, las dos puntas (Colidio y Longo)

Los jugadores están obligados a memorizar una serie de estrategias y movimientos muy específicos (Conte es famoso por hacer practicar las jugadas hasta el cansancio, incluso en un 11 contra 0) que deben ser reproducidos en el campo, dependiendo de las situaciones. Un trabajo que no es del todo mecánico, pero que obliga a los intérpretes a continuas decisiones, tomadas sobre la base de los principios de juego “contianos“: ocupación de los espacios, escaladas, triángulos en fase de construcción, juego a un toque y desmarque, movimientos alternantes entre las puntas, etc…

El fundamento de todo, sin embargo, es más mental que táctico. Conte pide a sus jugadores un esfuerzo continuo a través del trabajo. “Sólo este verbo: trabajar, trabajar, trabajar” fueron sus palabras durante su presentación al Chelsea, “No sólo tenemos que trabajar (para reducir el gap con Juve y Napoli) sino que tenemos que trabajar más y mejor que los demás”, eso dijo en la rueda de prensa de su presentación al Inter. Una filosofía muy centrada que convierte en un pretexto de trabajo.

El concepto de intensidad, para él, es fundamental: quien sale a la cancha tiene que ser capaz de agredir hacía adelante, en fase de recuperación, pero también de replegar rápidamente. En fase ofensiva es necesario constantemente proponerse y ser capaces de jugar un fútbol directo y veloz, para hacerlo es necesario estar siempre física y mentalmente conectados al partido.

Un ejemplo puede verse durante el amistoso con el PSG: Stefano Sensi ocupa el rol de playmaker central y sin ningún problema se acerca a el área adversaria para presionar al defensa, obligándolo a buscar descarga hacía un costado, imposibilitando el juego vertical.

En la gráfica anterior vemos cómo, en el mismo momento, Esposito se proyecta inmediatamente hacía el costado, para presionar al jugador que va a recibir el lanzamiento.

Ahora, acto seguido, cuatro jugadores del Inter cierran los espacios a todas las posibles líneas de pase. Esa acción finalizaría con una recuperación del balón por parte de Esposito y una peligrosa conclusión de Perisic.

Quien ha trabajado con Antonio Conte reporta una atención maniática del técnico hacía los detalles, cosa que le permitió arreglar y mejorar sobre la marcha todos los equipos que ha entrenado. De esta manera, es necesario prepararse para ver un equipo capaz de transformarse en muy poco tiempo, en la continua búsqueda de una mejor configuración, como anteriormente sucedió en la Juve o en el Chelsea.

El mercado de Inter no se ha cerrado, sin embargo, un buen número de jugadores ha sido integrado al plantel. El club se ha esforzado en darle a Conte los jugadores funcionales para su proyecto, Lukaku y Barella, por ejemplo.

Dos equipos que decidieron cambiar su esencia, escalar a un nivel superior, con dos estilos de juego distintos, el arte de Sarri y la guerra de Conte, dos maneras de ver y vivir el fútbol totalmente distintas y listas para chocar.