El retorno de los parlamentarios del oficialismo permitiría seguir la ruta constitucional para nombrar un nuevo CNE

La palabra diálogo repica en Venezuela, pronunciada por mediadores como el Gobierno de Noruega y la Comunidad del Caribe. Todas las iniciativas han estado marcadas por el silencio, pero de lo poco que se sabe hay tres letras que se repiten: CNE, Consejo Nacional Electoral.

Parece haber consenso -léase bien: parece- entre el oficialismo y la oposición para hacer cambios en el ente electoral, como paso previo para celebrar elecciones. ¿Qué elecciones? Parlamentarias, según la coalición que gobierna; presidenciales, de acuerdo con la coalición opositora.

La ruta constitucional comienza con un acuerdo político para un propósito muy claro: Que la Asamblea Nacional (AN) inicie el camino para nombrar un nuevo CNE. Pero para poder hacerlo, se debe reincorporar la bancada del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) al Poder Legislativo. Eso pasa, entre otros elementos, porque el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) deje si efecto el “desacato” al cual ha sometido al Parlamento durante varios años, decisiones tomadas una vez que el oficialismo perdió la mayoría legislativa.

“Ese espacio nunca debió ser abandonado, porque ese es el reflejo del país, de la pluralidad, y allí nosotros teníamos que haber dado el debate para tratar de reinstitucionalizar el país”, expone el parlamentario Leonardo Regnault, dirigente de Avanzada Progresista.

El regreso del oficialismo a la AN forma parte de la ruta “que hemos planteado desde hace tiempo”, recuerda el diputado Omar Ávila, secretario general de Unidad Visión Venezuela (UVV). “Esos 53 diputados del PSUV fueron electos por los mismos 14 millones de venezolanos que nos eligieron a nosotros”.

Regnault afirmó a Contrapunto que la ciudadanía envió un mensaje a la dirigencia política, en diciembre de 2015, al darle la victoria legislativa a la oposición: deben entenderse. Por eso, no duda en sostener que “lo mejor que le puede pasar a este país es que la pluralidad se exprese en la AN, que este sea un escenario de debate y que pueda recuperar plenamente sus competencias.

La presencia del oficialismo en el Poder Legislativo “abriría todas las posibilidades de destrancar el juego, porque sería en el Parlamento donde se acuerde un nuevo Poder Electoral”, resalta Ávila, “y se puedan resolver los otros poderes del Estado”.

Sin embargo, esto traería aparejadas otras acciones políticas, como el cese de la asamblea constituyente, que tocan intereses de grupos dentro de la coalición gobernante. Tal vez por eso hay factores políticos que claman por acuerdos parciales entre el oficialismo y la oposición, y no por grandes soluciones.