Oscar Valero cumplirá, en septiembre próximo, siete años como paciente en la unidad de hemodiálisis Unidiatra, en el estado Lara. «Inicié la diálisis en el Hospital Central de Barquisimeto mientras estuve hospitalizado», recuerda, para luego pasar a la unidad que lo mantiene con vida. Esta es la Unidad de Diálisis del Centro de Especialidades Médicas Razetti, que atiende a unos 200 pacientes.
Pacientes y familiares de Unidiatra, en un mensaje dirigido a los medios de comunicación, advirtieron que la unidad se encuentra «en un estado de parálisis técnica debido a la renuncia masiva del personal de enfermería» como consecuencia de los bajos salarios.
Valero -en entrevista vía WhatsApp- destaca la labor del personal médico y de enfermería: «Ellas son atentas, siempre pendientes de nuestro bienestar y de como nos va en casa». Con los suministros, en cambio, el camino puede ser tortuoso: «Hay momentos en que llegan con algunas horas de retraso, y como la unidad no tiene suministro de backup, toca esperar a que llegue el camión para ser conectados. Esto ha pasado más seguido desde el 3 de enero, cuando nos comentaron que bombardearon un depósito del IVSS».
Este año, confirma Valero, la falla ha pasado varias veces, porque «mandan el material muy justo y, a veces, se gasta un poco más por alguna complicación de algún paciente. Y cuando se retrasa un poco no hay lo suficiente, y toca esperar a que llegue el camión; mientras tanto, se retrasa la diálisis de ese día».
Las máquinas, además, «fallan muy seguido, y a pesar de haber un técnico, se le hace más difícil porque no hay repuestos, y en ocasiones debe sacar de las máquinas que ya no están operativas. Cuando se daña una máquina se hace un horario de contingencia de 2:30 horas de tratamiento para poder dializarnos a pesar de esa falla». Son unas 32 máquinas distribuidas en tres salas, y cada semana se dañan una o dos por sala.
Enfermería en crisis
Las afecciones renales crónicas, como lo recordaron pacientes y familiares, no pueden esperar, porque la diálisis no es una opción sino la única forma de seguir con vida. «A pesar de contar con las máquinas, estas no pueden ser operadas sin el personal de enfermería capacitado. Sin enfermeras no hay conexión; sin conexión no hay vida. Cada sesión de diálisis perdida representa una acumulación de toxinas y líquidos en el organismo», advirtieron.
Como lo explicó Valero, «el personal de enfermería ya tiene mucho tiempo indicando que se le hace muy difícil asistir a la unidad porque lo que devengan es muy poco; sin embargo, hacen un enorme esfuerzo por el gran cariño que tienen hacia todos los pacientes y porque saben lo importantes que son para nuestro tratamiento».
Si las enfermeras no pueden asistir, alertó, las consecuencias serían catastróficas, porque «no nos podrían conectar a la máquina y eso, para nosotros, es vital. Un solo día significaría una desmejora inmediata ya que las máquinas nos ayudan a eliminar toxinas y líquido. No tener el tratamiento significaría la muerte».
Las y los pacientes se han planteado dar una colaboración para las enfermeras. «Incluso, a mediano plazo, planteamos que puedan ayudarlas a recibir siquiera el bono de guerra, que no reciben por ser catalogadas como empleadas privadas. Y que, a largo plazo, puedan ser absorbidas por la nómina del IVSS». Son posibles soluciones que plantean al Estado venezolano.





