«Agua para beber gratis», anuncia un cartel en la avenida Catia La Mar, con la identificación de quienes la garantizan: Samaritan’s Purse. Las cuatro palabras parecen un regalo caído del cielo, porque el calor de Catia La Mar puede fundir el cerebro y hace falta mucho líquido para soportarlo. Tras los terremotos del 24 de junio, las dificultades parecen haberse multiplicado en La Guaira.
Una pareja se baja de la moto y llena varias botellitas. El muchacho que va como copiloto en un camión aprovecha para cargar varios botellones mientras la hermana Magaly Pérez, de la Congregación Familia de Dios Unida, observa el sistema de tanques y tubos que está bajo su responsabilidad.
Samaritan’s Purse, organización cristiana evangélica que ofrece ayuda humanitaria, se encargó no solo de entregar el equipo necesario para la distribución, sino también, de aportar diariamente el agua que se consume y que está disponible hasta las 6:00 de la tarde, explica Pérez. Ya perdió la cuenta de la gente que llega a calmar la sed en el lugar. «Hacemos lo que dice la Palabra: amar al prójimo como a ti mismo».


Pero los milagros no terminan allí. La Congregación Familia de Dios Unida, al mando del pastor Eusebio Cortés, asumió alimentar a varios centenares de personas cada día. «Hacemos más de 200 comidas al día. Y vamos a empezar a hacer cenas también». En este lugar «le damos comida al hospital, a la policía, a los milicianos, a todo el que necesite». Para continuar con esta tarea requieren más proteínas. «Aquí viene gente a pedir, y aquí le damos. Jesucristo no distinguió entre buenos y malos; a todos les dio de comer. Multiplicó los peces y los panes y eso es lo que hacemos nosotros».


«Ahora es que comienza la verdadera necesidad en La Guaira«
Carmen Hernández llegó a la cocina con su cabello suelto y empapada en sudor pasadas las 10:00 am este miércoles 19 de agosto. En pocos minutos, su larga cabellera estaba recogida debajo de un gorro y sus manos comenzaron a pelar los ajos. «Hoy vamos a hacer unas caraotas, pasta y salchicha guisada. A veces calculamos 100, o más. Lo que nos alcance. Estipulamos para 100 o 200 personas y siempre servimos más, porque el señor nos multiplica los alimentos y nosotras no decimos que no», detalla. «Viene gente de la comunidad a comer, y también el que pasa recibe el alimento».


La fe la mantiene todos los días en este frente de batalla: «Necesitamos que dios nos dé la fuerza, nos dé la fortaleza; que nos provea los alimentos, que siempre mantenga ese maná para que podamos atender a las personas».
Carmen vive cerca del aeropuerto, a varios kilómetros de distancia, y sin falta se presenta en la cocina y hace lo que haga falta. «Todos los días me levanto, atiendo a mi familia en la casa y me vengo para acá».


Otras manos cristianas también suman. Por ejemplo, las del pastor Carlos Vielma, del Ministerio de Misericordia Maná Celestial. Como lo describe, «este es el viaje número 18 desde el terremoto. Hemos traído proteínas, pollo, huevos, comida, agua, colchonetas, medicamentos. También, la asistencia emocional, el compartir con la gente, sentarnos a escuchar y a dar palabras de esperanza con el ejemplo».
El Ministerio tiene varios puntos de acopio, como Punta de Mulatos, Caraballeda, Catia La Mar, Los Corales. «Estamos en varios sitios llevando y acompañando, prestando apoyo a familias que perdieron familiares y casas pero que gracias a dios están vivas». Vielma estima que en Caraballeda se preparan 1.400 almuerzos al día. «A alrededor de 5 mil personas, a través de los centros de acopio, estamos asistiendo».
-¿Qué necesitan para mantener la ayuda?
-Necesitamos la oración. Que los colaboradores no bajen la guardia. Estamos haciendo un trabajo documentado, rindiendo cuentas. Ahora es que comienza la verdadera necesidad en La Guaira, porque el momento de la crisis emocional ya está pasando. Vemos que las caravanas no bajan como antes. «No se olviden de La Guaira», nos dice la gente, y aquí estamos presentes.
«Dios nos preparó para esto»
La convicción de la hermana Magaly comenzó antes de los terremotos. «A mí me dio cáncer. Tenía la garganta así. Y yo dije ‘dios, si me toca morirme, déjame dedicar la vida a ti. Cuando dije eso, enseguida sentí el Espíritu Santo; dios te abraza siempre», asegura.
«Dios nos preparó para esto», sostiene. La Congregación, que reúne a unos 200 miembros, pasó varios sustos y prácticamente perdió su sede el 24 de junio. La casa hogar que mantenían también sufrió. «Abajo está mi cuarto en la casa hogar, pero no le pasó nada. Dios dejó eso así para que pudiéramos ayudar al prójimo». Una persona que quedó atrapada en la estructura pudo salir por un huequito. La misma hermana Magaly soportó los sismos en Mare Abajo; ante el movimiento de la tierra, decidió arrodillarse: «Lo primero es pedir misericordia. A mis hijos no les pasó nada».
La hermana Magaly solicita que les donen varios toldos para poder poner mesas y atender mejor a quienes acuden a comer. No pide nada para los cristianos -ella misma- que se mantienen en el lugar día y noche, y que duermen en un camión y sobre paletas en los alrededores de ese camión. Ella misma, que parece girar en la rueda sin fin de las urgencias tras los terremotos, amanece con alabanzas y agradecimientos. «El sol es inclemente. La Palabra dice que siete veces va a calentar. Estudia el Apocalipsis», recomienda. Según su interpretación, viene una hambruna para el mundo y este es el momento de producir alimentos para que la gente no pase hambre.





