El Equipo Vanessa sale a las 4:30 pm de la parroquia San Sebastián de Maiquetía, donde comparte la cocina con el comedor de Cáritas; la iglesia aguantó como pudo los trancazos del 24 de junio, aunque sus imágenes están guardadas en un salón. La meta es servir 600 arepas o más, con rellenos como carne mechada, salchichas y atún. Este viernes 18 de septiembre decidieron hacer el Arepazo en Caribe, en una de las zonas cero que dejaron los terremotos. La premisa del profesor Jesús Narea, integrante del grupo, es que la gente se coma una arepita caliente y hecha al momento. Es como si se montara una arepera en el territorio de la desesperanza.


Un donante anónimo y sus hermanas entregaron insumos para el próximo Arepazo, el del martes 22, que posiblemente se realizará en Catia La Mar. Otros donantes, con sus contribuciones, hicieron posible la cena de este viernes. Estás arepas se alimentan de la solidaridad de quienes aportan harina de maíz y proteínas, café y juguito. Ya el Equipo Vanessa suma horas y horas de trabajo voluntario: las artes en la cocina del Pícaro, el cocinero de cuartel que llegó a ofrecer sus servicios; la masa elaborada por manos como las de Carmen, que sienten que su misión en esta tragedia no ha terminado.
El punto elegido inicialmente para montar el tarantín era el Mcdonald’s de Caribe. Pero, ya en el sitio, decidieron buscar otra opción en la que pudieran atender a más personas. Lisseth Manamá, también lideresa del equipo junto con Vanessa Rodríguez (a quien se le debe el nombre de Equipo Vanessa), se acercó hasta la esquina donde el grupo de rescatistas Máquina de Guerra seguía trabajando, para evaluar el entorno. Sin embargo, eligieron otro punto que consideraron que tenía mejores condiciones: la estación de servicio de Caribe, frente a varios de los edificios de Misión Vivienda que parecen golpeados por una mandarria gigante.


Una vez definido el lugar, el voluntariado descendió de los vehículos e instaló el toldo, preparó las dos planchas, sacó los rellenos y se puso manos a la obra. Iban organizados para alimentar a un contingente, y quedó claro que pueden hacerlo. La cola nunca bajó. Incluso, como lo precisó Narea, tuvieron que preparar más masa en el lugar para poder satisfacer a todo el mundo.
Como bien lo describe el profesor, esta iniciativa nació del dolor de las pérdidas. Los tres promotores -Jesús Narea, Lisseth Manamá y Vanessa Rodríguez- vieron a seres queridos desaparecer en las viviendas que los albergaban.


Frente a las Opppe, donde el dolor sigue chorreando un poco cada día, las arepas de Equipo Vanessa se convirtieron en una forma de consuelo. Uno de los topos que sigue buscando cadáveres dijo que eran arepas chukiluki, recién hechas y sabrosas, y se las agradeció a Lisseth con un abrazo apretado.





