“Es un error pensar que la persona con diversidad funcional no es atractiva o que nadie se va a enamorar de ella”, aclara el asesor sexual

Luis Ángel Mora es sexólogo formado en la escuela de Fernando Bianco: El Centro de Investigaciones Psiquiátricas, Psicológicas y Sexológicas. No teme romper paradigmas. Al contrario, lo hace con gusto. El pasado 3 de diciembre se conmemoró el Día Internacional de la Discapacidad, y su primera aclaratoria es que no se debe llamar discapacidad, sino diversidad funcional.

“Lo que hacemos, en la práctica, es inhabilitar al individuo con diversidad funcional; esto ocurre porque lo menospreciamos y no entendemos que es una persona con necesidades y deseos”, comenta.

¿Una persona con diversidad funcional tiene vida sexual? Sí, y depende de su condición, según lo que esté comprometido. “En todo caso hay que comprender el síndrome, su condición intelectual”, detalla. “La familia, en principio, debe aprender de la condición de la persona en casa, y buscar a los especialistas que los ayuden a formarse para entender su sexualidad”.

Hay que perder el temor al rechazo. “Cuando se habla de discapacidad se quiere decir que alguien es incapaz de, y se dejan de la lado las potencialidades que tiene el individuo, incluida la sexualidad”.

“Es un error pensar que la persona con diversidad funcional no es atractiva o que nadie se va a enamorar de ella”, aclara.

Las necesidades de la persona van a variar, pero sin duda es un ser humano que tiene deseos, fantasías, ganas de caricias y ansias de ser amado, describe. Por ejemplo, no es pervertido un muchacho autista que se toca los genitales

Dependiendo de la condición la persona con diversidad funcional va a tener erección, eyaculación, orgasmo, recuerda Mora. La madre de un hijo varón estará más dispuesta a ayudar a ese hijo a masturbarse que ayudar a su hija, si ni siquiera ella lo hace.

“Hay padres que tienden a ligar a sus hijos para evitar la reproducción, y ante eso hay que decir que no podemos violar los derechos sexuales y reproductivos de la persona con diversidad funcional”, insiste.

Para Mora, el mejor camino es buscar el apoyo de un terapista sexual que explique cómo acompañar mejor a la persona con diversidad funcional.