Poco antes de la eucaristía, la feligresía se miró con asombro y observó el cielo y los edificios aledaños. Las y los fieles que se concentraron este domingo 28 de junio a escuchar la misa a cielo abierto en la Iglesia San Bernardino de Siena sintieron «algo raro» a sus pies. El padre José Luis siguió adelante con la misa. Si tembló o no tembló, nadie lo verificó en el momento. Si el sacerdote sintió o no sintió miedo, nadie lo supo. La celebración religiosa siguió su curso entre oraciones, la hostia y personas arrodilladas.
Al terminar la misa, una señora se encargó de que nadie entrara al templo. El padre abrió las puertas a los periodistas y mostró los daños causados por los terremotos del 24 de junio. No hubo pérdida de vidas que lamentar, pero sí, lesiones en la infraestructura.
«Las paredes del presbiterio se desplomaron, y en la parte de atrás de la iglesia varias paredes tienen fracturas», explicó el padre José Luis. El párroco, el padre Numa, ha buscado apoyo para determinar si ocurrió un daño estructural profundo. «Pero de que hay un daño visible, lo hay», subrayó.
Las misas continuarán al aire libre por seguridad, pero también, «porque las personas tienen el trauma de los terremotos». Se efectuarán a las 5:00 pm todos los días en el salón parroquial Coromoto. La escuela parroquial, además, funciona como centro de acopio.
Otras iglesias resultaron afectadas en distintos puntos de Caracas por los terremotos de magnitud 7,1 y 7,5 que sacudieron el país el pasado 24 de junio. La San Bernardino de Siena está flanqueada por edificaciones a las que los movimientos telúricos les arrebataron la estabilidad.
«Estamos muy afectados. Hay personas que han perdido seres queridos, pero muy por encima de eso debemos tener la fe muy fuerte y muy firme», insistió el sacerdote. Su mensaje, pese a todo, es de esperanza.





