Batalla de Carabobo: Pie de fuerza, armas, combate y disposición final de los cadáveres

Rosibel Cristina González @RosibelCGV

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«Los fusiles, carabinas, pistolas, lanzas, dagas y cañones fueron las armas utilizadas entre los contrincantes continentales que, al final, después de tantos años de enfrentamientos por la deseada libertad y por América, terminaron en una guerra a quemarropa»

La Batalla de Carabobo es considerada por los historiadores, como una de las victorias más contundentes que marcó el inicio de una nueva era en el territorio latinoamericano.

“La batalla de Carabobo fue el enfrentamiento más violento, en comparación con el resto de los países del continente”, a juicio de Richard López, historiador y catedrático en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador.

El académico refiere que en el caso de Venezuela, la guerra estuvo marcada por los colores: la estratificación racial que inició con los blancos peninsulares y los blancos criollos. “Los primeros contaban con todos los privilegios emanados desde La Corona española. Se trataba de un conflicto social. Los blancos peninsulares tenían todos los privilegios, cargos públicos, dirección de los ejércitos, comercio, mientras que los blancos criollos – a pesar de ser un sector importante en la sociedad civil-, tenían imposibilidad de control en el aparato gubernamental. Estaban restringidos en términos comerciales”.

Y agregó que existían otros grupos sociales, quienes también presentaban conflictos por sus características raciales que tampoco eran reconocidas por los blancos criollos. “Este grupo estaba conformado por los mestizos, indígenas y los negros, ambos sectores destinados a la servidumbre. Tales conflictos por ganar territorio en la sociedad, afloran la guerra de independencia”. 

El pie de fuerza 

En la Sabana de Carabobo, el ejército realista y los patriotas se concentraban en una batalla decisiva para la liberación del territorio venezolano, con la expulsión definitiva de las tropas españolas.

El general republicano Mariano Montilla contaba con un pie de fuerza (soldados) de tres mil hombres. De acuerdo con registros, Montilla puso bajo asedio Cartagena de Indias entre el 14 de julio de 1820 y el 10 de octubre de 1821 (durante la vigencia del armisticio hubo un alto al fuego) y ocupó Riohacha y Maracaibo (lo que llegó al fin de la tregua).

Por su parte, Simón Bolívar comandaba 5.000 soldados acantonados en Barinas y Páez marchaba hacia él con 4.000 refuerzos. Bermúdez por su parte avanzaba hacia Caracas con 2.000 desde el Oriente.

Por último, el ejército neogranadino se encargaba de las operaciones en el valle de El Magdalena.

La Torre en cambio, disponía de 9.000 soldados distribuidos a lo largo de toda la costa caribeña venezolana y neogranadina en distintas guarniciones, pero con sus comunicaciones interrumpidas desde la revolución en Maracaibo que llevó a que dicha ciudad pasara a poder republicano.

Más de dos años antes (1818) sus fuerzas eran de 18.000 combatientes, pero a causa de las continuas derrotas ante los independentistas habían descendido a la mitad.

Bolívar y sus ejércitos totalizaban en cambio 20.000 hombres frente a los cerca de ocho mil que eran pocos años antes.

De los 4.279 efectivos, los realistas perdieron dos oficiales superiores, 120 subalternos y 2.786 soldados.

Armas: el mayor obstáculo para los patriotas

De acuerdo con Gustavo Bustamante, vicerrector administrativo de la Universidad Nacional Experimental Marítima del Caribe, los patriotas tuvieron dificultades para conseguir que los fabricantes y vendedores les facilitaran las armas.

«Hubo que recurrir desesperadamente, a varios métodos ingeniosos para conseguirlas: comprarlas a contrabandistas, robarlas en depósitos de armas enemigos, quitarlas a combatientes caídos en combate del bando oponente, o inventarlas, como fue el caso de las temibles lanzas usadas por las tropas patriotas ecuestres», dijo.

En su publicación Tecnología militar en la batalla de Carabobo, el académico refiere «los combatientes patriotas, durante este período en general, eran aparentemente despreocupados, no utilizaban uniforme, combatían descalzos, casi sin ropa, sus armas favoritas eran las lanzas, los machetes y los cuchillos afilados. Cuando presentaban combate no se organizaban según las reglas de la guerra europea. Aceptaban como jefe solo al más audaz de ellos, no al que vestía el uniforme más ostentoso, ni al que portaba más distintivos en sus hombros».

Estrategia de combate

«La caballería se organizaba generalmente, en escuadrones integrados por cien guerreros, y tres escuadrones un regimiento. Su arma favorita, la lanza, era fabricada con un listón de madera flexible, cuya medida oscilaba entre tres y cuatro metros de longitud. Cabalgando, los lanceros fijaban las riendas sobre sus piernas y con éstas guiaban el animal»

Bustamante continúa y describe: «A su vez, con las manos desocupadas manejaban con libertad las filosas y mortales armas, y cuando lograban apuntar con precisión, contra un enemigo interpuesto en su camino, que se aproximaba en dirección opuesta, con la fuerza del empuje que impelía su veloz semoviente, era tal el choque con el que impactaban y atravesaban la desgraciada víctima, que ésta se levantaba regularmente en varios metros».

«La herida mortal, provocada por la lanza dejaba un hoyo de varios centímetros. El empuje que traía el equino y el guerrero, hacía que la lanza, al irrumpir violentamente en el cuerpo del enemigo, rompiera todo a su paso: carne, huesos, vértebras, ligamentos, armaduras y órganos vitales. La muerte se producía en medio de fatídicos dolores, luego de un tiempo de agonía», explicó.

Finalmente refirió que los fusiles, carabinas, pistolas, lanzas, dagas y cañones fueron las armas utilizadas entre los contrincantes continentales que, al final, después de tantos años de enfrentamientos por la deseada libertad y por América, terminaron en una guerra a quemarropa.

Los decesos y la disposición final de los cadáveres

El coordinador de la Red de Historia, Memoria y patrimonio de Caracas, Jorge Berrueta dijo que los cadáveres de los caídos en combate eran enterrados en el mismo lugar del deceso.

Otras veces, eran acumulados en pilas. «Los patriotas daban un lapso para que el ejército realista reclamara los cuerpos. Pero la victoria fue tan contundente que los patriotas enterraban a los nuestros y a los del ejército realista. Transcurridos varios días y si no eran reclamados, los patriotas les daban cristiana sepultura en el mismo campo de batalla», acotó el también director del archivo nacional.

Finalmente indicó que «los cadáveres mutilados de realistas, era parte de la respuesta contundente de Bolívar, a través del decreto a muerte».

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