La migración venezolana ha forzado a que padres tengan que dejar a sus hijos a cargo de los abuelos, mientras ellos se establecen en los países de destino 

La señora Trina tiene 60 años. Hace un año y medio uno de sus hijos le dio la noticia de que se iba a vivir a Perú junto a su esposa y a su hijo mayor de 10 años, pero había un detalle; el hijo menor de la pareja no viajaría con ellos. Diego, quien para aquel momento tenía tres años, se quedaría en Venezuela bajo el cuidado de su abuela Trina.

La abuela asegura que había olvidado lo que era criar a un niño pequeño. Su hija menor tiene 20 años, aún así asumió el rol de padre y madre para Diego, a quien sus progenitores no le contaron lo que pasaría con él tras la decisión de emigrar.

“El día que viajaron, a las 8:00 de la mañana, su mamá lo llevó al colegio y a las 8:30 estaban saliendo a Perú. Cuando Diego regresó en la tarde, se quedó en la ventana esperando a su papá un rato porque él llegaba a las 4:30 del trabajo, y así fue por varios días” recordó la señora Trina .

Foto: Ernesto García – Archivo Contrapunto

Edgar Muñoz, psicólogo, recomienda a los padres hablar con los niños y explicarles lo que ocurrirá; sin hacer promesas que no estén seguros de cumplir.

Aunque al niño no le contaron lo que pasaría, la decisión de dejarlo a cargo de su abuela sí fue consultada de forma familiar. Trina asume que siempre estuvo de acuerdo de encargarse del niño, porque tanto ella como los padres de Diego, consideraban que el niño estaba muy pequeño para migrar.

El psicólogo considera que este tipo de situaciones puede reafirmar la importancia de los abuelos en la vida de los vidas, quienes empiezan a considerarlos sus protectores, pero también advierte que puede generar una sensación de abandono por parte de sus padres, produciendo tristeza, soledad y melancolía.

Según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) más de 4 millones de venezolanos han migrado desde 2015 y de acuerdo a informes emitidos por las autoridades migratorias de Perú, el 73.7% de venezolanos que ingresaron en 2018 a ese país contaban con edades entre 20 a 39 años. Los padres de Diego tienen menos de 30 años.

Foto: Jonathan Lanza – Archivo Contrapunto

Encargarse de Diego significó para Trina “volver a empezar” en eso de tener que preparar comida y llevar al colegio y al medico a un niño. Relató que uno de los cambios más drásticos en su vida durante el tiempo que estuvo encargada del niño fue tener que mudarse a la casa de su hijo, el padre de Diego, y tener que dejar su propia casa donde vive con su esposo y su hija menor.

Luego de la migración de los padres de Diego, Trina tuvo que afrontar los cambios en el pequeño de tres años. Según la abuela, el niño empezó a comportarse de forma agresiva, no le hacía caso, gritaba y tiraba las cosas al piso. Pero también relata que el niño lloraba constantemente y dejaba de comer.

Para ellos (los padres) desprenderse de él fue duro. No querían hacerlo pero por la situación que estaban viviendo optaron por irse del país, pero con la mentalidad de que iban a trabajar por un año mientras se estabilizaban y reunían dinero para regresar a buscarlo“, relató.

Foto: Mairet Chourio – Archivo Contrapunto

Confiesa que uno de los episodios que más le generó angustia fue cuando la maestra de Diego le contó que el niño se negó a participar en las actividades por el Día del Padre alegando que él no tenía ni papá ni mamá. Al enterarse de que lo había dicho su nieto, Trina optó por pedirle a los padres que hicieran lo posible por llevárselo con ellos a Perú.

Asegura la señora Trina que en todo momento contó con el apoyo económico de los padres de Diego, y que agradece ser una mujer sana; que no padece de ninguna enfermedad o molestia física que complicara su desempeño durante el tiempo que estuvo a cargo de su nieto.

A pesar de lo complejo que fue asumir la crianza temporal del niño, Trina asegura que lo volvería a hacer, porque no se arrepiente de haberse encargado de Diego, a quien ahora ve sólo por los videos y la fotos que su hijo y nuera publican.

Foto: Cortesía

Yo soy muy llorona. Lo veo en los videos que pone su papá y eso me provoca tristeza pero también me alegro de ver a los cuatro juntos” explicó.

Esta abuela venezolana dice que quisiera irse a Perú y pasar unos días con su nieto, que por un año y medio fue como un hijo, pero existe un inconveniente; no tiene pasaporte, por lo que debe gestionarlo ante el Saime, dificultad a la que se suma que debe gestionar la visa de turista que exige Perú a los venezolanos desde el pasado mes de junio.

Los venezolanos en Perú sumaban 854 mil hasta mediados de julio, según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística e Informática de esa nación andina.