La cumbre del G7 llega a Évian el lunes en un contexto de gran inestabilidad geopolítica. En el punto de mira hasta el miércoles, las guerras en Irán y Ucrania y la volatilidad de las decisiones del presidente estadounidense, Donald Trump, que añade incertidumbre al objetivo del anfitrión, el francés Emmanuel Macron, de buscar consensos.
Esa ciudad balneario sentará en la misma mesa también a los representantes de Alemania, Canadá, Italia, Japón y el Reino Unido, además de la Unión Europea y otras naciones invitadas, y aunque su lema oficial aborda los desequilibrios macroeconómicos globales, el foco real está puesto en esos conflictos.
No en vano, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, acudirá al encuentro en un momento en que su país busca apoyo urgente en materia de defensa aérea y reclama que se mantenga la presión sobre Rusia mediante sanciones y la congelación de sus activos.
El martes, en su presencia, el grupo de los siete países más industrializados del mundo debatirá cómo impulsar una negociación directa entre Kiev y Moscú. Macron ha dejado clara la necesidad de «reconstruir el consenso dentro del G7 en torno al apoyo a Ucrania».
Han pasado ya cuatro años y casi cuatro meses desde el inicio de la ofensiva rusa en febrero de 2022 y poco más de 100 días desde los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel contra Irán, y en ambos conflictos Trump ha mostrado su descontento con los socios europeos.





