¿Cuáles son los escenarios que se presentan? ¿Cuál es la estragegia a seguir? ¿Cuáles son las negociaciones pendientes y con quiénes cuenta? Los próximos días plantean un forcejeo por el liderazgo político opositor, tanto a lo interno como frente al chavismo

Sin duda, el recibimiento que le hizo Trump a Juan Guaidó, en la Casa Blanca, marca un hito importante en la geopolítica alrededor del caso venezolano. Se puede decir que fue el cierre, con broche de oro, de un gira que en el ámbito externo es indudablemente exitosa.

Si seguimos el álbum de fotos de Guaidó, en este periplo, vemos que logra retratarse con el Presidente francés Emmanuel Macron, con el Primer Ministro del Reino Unido, Boris Johnson, con el Alto Comisionado de la UE para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, con el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau. Logra estar en un escenario cerca de Angela Merkel, Canciller alemana y participa en el foro económico más importante del planeta como es Davos.

Este registro fotográfico evidencia un respaldo internacional de buena parte de los líderes de las naciones más influyentes del mundo que, además, lo reconocen como Presidente Interino de Venezuela.

Esto coloca nuevamente a Venezuela en el foco de la discusión global y hace que el cuestionamiento a Nicolás Maduro, arrecie: Se sigue engordando el dossier de acciones que persiguen su salida del poder en Venezuela.

El trabajo internacional debe darse por cumplido por parte de la oposición que apoya a Guaidó, y que refrenda lo que desde hace un año viene sucediendo en el frente externo.

La geopolítica

Se espera la llegada de Guaidó, con la amenaza de Trump por delante de que no le puede pasar “nada”, después de que aludió a Maduro en la intervención más importante para un Presidente de los Estados Unidos: el Discurso del estado de Unión.

“Maduro es un gobernante ilegítimo, un tirano que brutaliza a su pueblo. Pero el dominio de la tiranía de Maduro será aplastado y roto”, sentenció Trump a la vez que saludó a Guaidó, y tanto demócratas como republicanos ovacionaron al líder opositor venezolano.

El Gobierno estadounidense da otro giro en su política hacia Venezuela, ya que las acciones de Mike Pompeo, venían apuntando a una posibilidad de negociación directa con Nicolás Maduro. Esta declaración de Trump, en su discurso hace pensar que, se impone la línea de los llamados halcones.

La respuesta no se hace esperar y el Canciller ruso Sergei Lavrov, inicia una gira por América Latina que toca Cuba y Venezuela, dos naciones señaladas por Trump y que son aliadas estratégicas del gigante euroasiático.

Foto: EFE

“La recesión económica que se esta viviendo en Venezuela procede de los intentos a través de una campaña ejecutada con el fin de derrocar al gobierno legitimo, utilizando incluso la fuerza. Es indignante que acciones unilaterales de Estados Unidos afecten lo social”, dijo Lavrov en su declaración pública.

El alto funcionario ruso se reunió con la Mesa de Diálogo Nacional, asumiendo un respaldo a esta iniciativa que se ha planteado como una ventana a la negociación, pero que sin embargo, se ve estancada por falta de resultados, aspecto reconocido por los propios integrantes de esta instancia.

¿Y adentro qué pasa?

Juan Guaidó, está obligado a llegar a Venezuela de una forma impactante.

Necesita capitalizar internamente todo ese respaldo externo y generar los espacios para crear las condiciones políticas que puedan presionar al Gobierno de Maduro.

El respaldo externo es muy importante para generar un cambio político, pero si esto no es acompañado por acciones en lo local resulta poco menos que imposible que termine cristalizando.

Los factores externos no pueden hacer el trabajo de los nacionales y cuando han intervenido, los pueblos terminan sufriendo las consecuencias y la gobernabilidad queda comprometida. Los casos están registrados y documentados en la historia reciente y no tan reciente. Basta ver Libia, Irak y Granada hace unos cuantos años.

Guaidó, necesita cohesionar las fuerzas opositoras dispersas, ya que esa ha sido la carencia de los adversarios de Maduro.

Foto: Jguaido

Los conflictos internos la dividen y debilitan, y genera suspicacia a sus seguidores.

El trabajo de masas no es consistente. No tiene un discurso unificado más allá “de querer salir de Maduro”, pero no existe claridad en los pasos a seguir.

Si no logra esa cohesión seguirá cayendo en las encuestas y se impondrá la estrategia del Gobierno de “dejarlo cocinarse en su propia salsa”.  

Es evidente que este nuevo espaldarazo de Trump a Guaidó, al recibirlo en la Casa Blanca, aunado a las amenazas con sanciones a la petrolera española Repsol, la estadounidense Chevron y el conglomerado indio Reliance por mantener sus actividades relacionadas con Venezuela, apuntan a que su “hombre en el terreno” tiene una carta de crédito, con que mostrar músculo ante la oposición local y afianzar su liderazgo.

¿Servirá?

Factores opositores le exigen a Guaidó, que dialogue con ellos y ya se ven fisuras en el llamado G4.

Mientras esto pasa, el chavismo se moviliza. Carnetiza militantes, el Gobierno despliega jornadas de atención “a las víctimas de la guera económica”, sigue distribuyendo las cajas Clap y se apalanca en la imagen de Hugo Chávez, para lograr la conexión con los sectores populares.

El chavismo se prepara para ir a elecciones y aceita toda su maquinaria para enfrentar el desgaste de Gobierno y una gestión que no ha podido dar respuestas eficaces a la crisis económica.

Se apoya en el discurso de la amenaza externa que Trump termina confirmando con su discurso altisonante.

Por eso se pone sobre la mesa… Después de Guaidó en la Casa Blanca… ¿Qué?

Desde esta tribuna no tenemos una bola de cristal, solo tenemos los pies planos.

El juego sigue.