La tasa de natalidad en Japón cae por debajo de los 700.000 anuales por primera vez

A pesar de los intentos del gobierno nipón para remediarlo, el país sigue manteniendo su titulo como el país con la población más anciana del mundo/ Alan Azuaje

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Las autoridades japonesas informaron el pasado miércoles que el país registró menos de 700.000 nacimientos en 2024, un nuevo mínimo histórico para el país del sol naciente, representando un descenso del 5,7 por ciento respecto al año anterior.

A pesar de los intentos del gobierno nipón para remediarlo, el país sigue manteniendo su titulo como el país con la población más anciana del mundo, un 28% de la población total según el censo de 2020.

El número total de nacimientos descendió a aproximadamente 686.000, lo que marca la primera vez que la cifra cae por debajo de 700.000. Las muertes totalizaron alrededor de 1,61 millones, lo que provocó una disminución neta de la población de aproximadamente 919.000 personas y prolongó la racha de descensos anuales de la población del país a 18 años. Los datos excluyen la migración.

Los datos subrayan la urgencia del reciente esfuerzo del gobierno por impulsar la fertilidad. El primer ministro, Shigeru Ishiba, implementó una serie de políticas destinadas a aliviar la carga financiera de las familias, incluyendo la ampliación de los subsidios por hijos y la gratuidad de la educación secundaria.

El gobierno también garantizó una compensación salarial completa para parejas que se acogen a la baja parental y mejoró las condiciones laborales del personal de cuidado infantil y de enfermería.

¿Porqué tan bajo?

Japón es un país altamente competitivo, con horarios de trabajo absurdos y un nivel de exigencia académica solo rivalizado por otros países asiáticos. Esto llevó a que no solo sea sea el país más anciano, si no también uno de los países con mas suicidios del mundo.

La reticencia a casarse o tener hijos probablemente se debe, al menos en parte, a la disminución de las oportunidades laborales para los hombres jóvenes. En 1960, el 97 % de los hombres de entre 25 y 29 años estaban empleados, pero para 2010 esta cifra se había reducido al 86 %. Durante el mismo período, las tasas de empleo de las mujeres jóvenes aumentaron drásticamente, del 50 % en 1960 al 72 % en 2010.

Aún más importante que las tasas generales de empleo, una gran proporción de los hombres jóvenes que trabajan hoy en día tienen empleos temporales, lo que muy probablemente afecta sus perspectivas de matrimonio. Y si las limitadas y precarias oportunidades laborales de los hombres los convierten en malos candidatos para el matrimonio, es probable que la fecundidad en Japón se mantenga muy baja durante algún tiempo.

Otro factor que puede estar afectando las tasas de matrimonio es la persistencia de una división tradicional del trabajo por género que impone a las mujeres importantes obligaciones en el mantenimiento del hogar y el cuidado de los hijos. En 2009, las esposas japonesas en edad reproductiva dedicaban un promedio de 27 horas semanales a las tareas del hogar (sin incluir el cuidado de los niños), mientras que los esposos dedicaban un promedio de 3 horas semanales.

Incluso las mujeres con empleo a tiempo completo dedicaban más de 20 horas semanales a las tareas del hogar. Además, las obligaciones laborales de las mujeres parecían tener muy poco efecto en la contribución de los hombres a las tareas del hogar, que nunca superó las 5,3 horas semanales en promedio.

Además de las tareas del hogar, la crianza de los hijos en Japón suele ser particularmente intensiva, y es la madre, en su inmensa mayoría, quien se encarga de atender las necesidades diarias de los niños y asegurar su éxito en un sistema educativo altamente competitivo. En todo el mundo, las mujeres dedican más tiempo a las tareas del hogar y al cuidado de los niños que los hombres, pero las diferencias en Japón son abismales.

En Japón es socialmente aceptado que la mujer una vez se casa deje de trabajar para dedicarse a ser ama de casa, dejando al hombre como único ingreso al hogar. Proliferando los horarios de trabajo extremos para mantenerse a flote.

Entre los horarios intensivos de trabajo, muchos niños crecen sin una presencia constante de sus familias, ya que cuando madre y padre trabajan pueden estar mucho tiempo sin estar con sus hijos. Eventualmente esos niños crecen, y muchos directamente deciden que no tienen el tiempo para tener hijos.

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