Simón García: Elecciones parlamentarias podrían servir como un referéndum contra Maduro

Texto: José Gregorio Yépez y Vanessa Davies. Fotos: Rafael Briceño-Contrapunto. Video: Miguel "cuchicuchi" Romero

El chavismo va a cavar su propia tumba si no se aparta del poder para tomar aire y recuperarse, afirma el analista político. Un gobierno de transición debe ser de civiles, plural e incorporar a chavistas, opositores y sectores sociales

Simón García es una muy rara combinación de inteligencia y humildad. Puestos a escoger, lo suyo no es el boxeo, sino el hilar fino de un ajedrecista que debe pensar, no en la próxima jugada, sino en las venideras 10. “Procuré nacer en La Victoria”, dice, con la sonrisa socarrona que luce en su boca.

García fue noticia este fin de semana, y lo seguirá siendo en los próximos días, por la decisión de promover -con otros dirigentes opositores- una nueva plataforma política: Tamos Unidos. Aunque el lanzamiento formal se realizará el miércoles 7 de agosto, la comidilla en redes sociales comenzó el sábado 3 de agosto. Los guerreros del teclado -rojos azules, iguales en su intolerancia que raya en el fascismo- aplastaron a los promotores de TU, entre quienes se cuenta García.

La conversación con Contrapunto se registró antes del anuncio del nacimiento de Tamos Unidos. Hay que aclarar que el analista cree en las elecciones presidenciales como el mecanismo para quitarle espinas al camino venezolano, pero no se echa para atrás ante el reto de las parlamentarias.

-¿Qué piensa de la negociación en Barbados?

-Los procesos de negociación y de entendimiento son por lo general sumamente largos, complejos y llenos de zigzag, avances, situaciones de estancamiento e, incluso, de retrocesos. En Barbados existe un factor de motivación muy grande, que es la presión de la comunidad internacional a favor de una solución política, pacífica y electoral, y esa presión no está expresada solamente en una buena voluntad, sino en un sistema de amenazas creíbles, porque ya están en ejecución, que son las sanciones. Existe interés de los participantes, y del más difícil de ellos, que es el gobierno, en llegar a algún tipo de conclusiones y algún tipo de resultados.

-¿Y si no pasa nada?

-En el caso de que no pase nada sería una derrota para todos los participantes, sería una calamidad para todo el país y sería solamente un paréntesis, porque no existe otro camino que negociar una solución.

-¿Por qué es una derrota para todos si el gobierno puede decir que sigue mandando?

-El gobierno puede ser víctima de esa ilusión: la ilusión de que no encontrar una solución y ganar tiempo lo favorece. Pero lo que está por debajo de ese ganar tiempo es un proceso de profundización de la crisis de hegemonía que castiga al gobierno. El que está enjuiciado, el que tiene 80% del país en contra es el gobierno, y no puede tener la expectativa de que comprar tiempo lo favorece. Sus bases de sustentación comienzan a crujir y a disminuir, y son visibles las voces dentro del oficialismo, dentro del PSUV y del propio gobierno que son partidarias de que se llegue a una negociación. No hay futuro para el proyecto del chavismo si no hay un desenlace pacífico.

-¿Qué hay distinto ahora?

-Hay que examinar qué significa que el gobierno gane tiempo, y si ganar tiempo significa que gane. Creo que el gobierno está viviendo una situación límite: que ya no puede gobernar, que los gobernados no quieren que gobierne y que su equipo de gobierno no tiene ninguna posibilidad de resolver ninguno de los problemas que aquejan al país. El gobierno se va a encontrar con su propia tumba, va a cavar su propia tumba si no busca una solución que le permita, como ocurrió con Daniel Ortega en Nicaragua en 1990, tomar aire, recuperarse y competir en el terreno democrático.

-¿Cómo va a cavar su tumba?

-Como proyecto político el chavismo tiene un éxito: triunfó donde muchos proyectos revolucionarios habían fracasado. Era llegar al poder por una vía electoral, y desde el gobierno conquistado electoralmente colonizar el Estado y ponerlo al servicio de un proyecto particular revolucionario. Cuando el oficialismo se divorcia de su compromiso democrático y electoral comienza a fracasar. La única manera de que subsista en el futuro es que retome ese compromiso. Si no, le queda adentrarse en el autoritarismo y desarrollar una vocación totalitaria más acentuada. No se puede decir que sea un gobierno totalitario, aunque tiene la vocación de controlar absolutamente la sociedad poniéndola bajo la dominación del Estado, pero no lo ha logrado.

-¿Qué puede hacer fracasar Barbados?

-Se está aplicando una teoría de la negociación que esgrime, en primer lugar, las amenazas mutuas, y eso ha ido conduciendo a una lógica de escalar los desacuerdos y no de insistir efectivamente en los puntos que puedan destrancar el empate catastrófico, aunque en términos de fuerzas sociales no se trata un empate: hay una mayoría en contra de Maduro, una base social frente a la cual un aparato autoritario es difícil que pueda mantenerse e imponerse, a menos que sea a sangre y fuego.

-¿Qué lo ha mantenido en el poder?

-Una parte de lo que lo mantiene en el poder son los fantasmas del pasado, la fuerza simbólica de Chávez, lo que significó Chávez activando sobre el cerebro de los venezolanos. Hay una fuerza inercial en el sostenimiento. Lo mantiene en el poder la composición peculiar de la macolla de fuerzas que está gobernando; que no está integrada solo por una madeja política, sino por madejas delictivas y criminales. Hay unos intereses que no solamente están fuera de la lógica democrática, sino que están en el mundo de la criminalidad.

-¿Todo el chavismo es criminal, en su opinión?

-No. Por eso hablé de macollas y madejas. Hay una madeja que sostiene un proyecto político, imbricada, interferida por otras madejas. Una de esas madejas es el componente militar en términos doctrinarios. Otra es la que tiene que ver con el narcotráfico y los diversos tipos de contrabando. ¿Quién tiene la sartén por el mango en esa madeja? En algunos momentos los sectores extremistas delincuentes.

-¿Quién está sentado en la mesa de negociación?

-El sector político del chavismo que obedece al presidente de la República. Es su canciller, su ministro de comunicaciones, el gobernador de Miranda y un cuarto que va a las reuniones.

-¿Falta otro sector para llegar a soluciones reales?

-La teoría dice que deben estar los factores que tienen que ver con la resolución del problema. Habría que preguntarse si los sectores extremistas están interesados o no en la resolución del problema. Eso tiene que ver con la demanda de que esté Diosdado Cabello.

-¿Si se cae Barbados?

-Hay que insistir en un proceso de entendimiento.

-¿Debe venirse a Venezuela ese proceso?

-No necesariamente. El problema de la localización de las conversaciones no tiene que ver con la soberanía de las decisiones. Se puede discutir en Venezuela y perder soberanía en las decisiones, o discutir en otras partes del mundo y garantizar la confidencialidad.

-¿Debe ser en secreto?

-La experiencia indica que debe ser así, como lo demuestran los procesos recientes de América Latina (el más reciente, el de Colombia, que estuvo fuera de la observación pública). Hay los que se hacen a la luz pública, como el de los vietnamitas y norteamericanos, pero sus avances y retrocesos eran confidenciales. El problema no es que se sepa que se está en una conversación, sino tener éxito, y hay que protegerla de los francotiradores que la quieren boicotear. Una regla metodológica es la que se está usando bajo la orientación de Noruega.

-¿Para restablecer la convivencia es suficiente Barbados?

-No creo que sea suficiente, pero es el comienzo de un entendimiento. Este entendimiento es mucho más complicado que el que se produjo en Venezuela con el Pacto de Punto Fijo, porque aquel consiguió un país menos destruido que este; aquel fue entre factores democráticos, y este es entre factores revolucionarios autoritarios y factores democráticos. Es más difícil conciliar intereses de élite.

-¿Cómo conformar ese entendimiento?

-En primer lugar, con un pacto de nueva gobernabilidad. Un esquema de nueva gobernabilidad. En segundo lugar, un proyecto común de reconstrucción del país. Y en tercer lugar la realización de elecciones libres y justas. No basta con llegar a un acuerdo electoral. La destrucción del país es tan grande que se necesita un periodo en el cual los proyectos políticos rivales puedan tener una franja de acción común, destinada a resolver los problemas de la gente y a reconstruir el músculo económico e institucional.

-¿Como es el esquema de nueva gobernabilidad?

-No tiene un ganador único: se requiere de un periodo de corresponsabilidad entre fuerzas de oposición y de gobierno, cualesquiera sean ellas: las que están ahora o las que surjan de un proceso electoral futuro. La mitad del país no puede resolver el problema con la indiferencia, menos aún con la oposición de la otra mitad, o de un cuarto, o cualquier tipo de perturbación. La necesidad de reconstruir lo que hemos perdido, que es demasiado, la caída del PIB o el aumento descomunal de la pobreza, y hasta los valores cívicos. Para reconstruirlo no se puede hacer en una situación de hegemonía, sino de mayor y mejor calidad.

-¿Cómo lo ve?

-La manera de concretarlo es que haya una distribución equilibrada del poder, que proviene de una composición de los organismos electos respetando la voluntad de los electores; más una cuota de representación del perdedor. El presidente gana, y según la proporción de votos, va a ofrecer a la oposición una presencia en el gabinete, y la oposición podrá aceptarla o no. Eso abre la idea de que se va a gobernar para todos.

-¿Con Maduro fuera o no?

-Esto debe ser el resultado de una elección presidencial.

-Un sector dice que ya hubo elecciones.

-Por eso se trata de un entendimiento que cierre las pugnas del viejo ciclo, caracterizado por la polarización y la imposición de un régimen político y económico. Necesitamos una sociedad en la que las fuerzas del mercado actúen con eficiencia; una democracia de ciudadanos, empoderar al ciudadano y que tenga derechos. El que gane va a cumplir el programa de reconstrucción, que necesita además la viabilidad o sostén financiero de la transición. Ya hay cálculos: puede costar 60 mil millones de dólares. Para garantizar que el país va a pagar esos desembolsos se necesita un entendimiento nacional que dé confianza y certidumbre.

-¿Las parlamentarias resuelven el problema?

-Si se toma como un medidor de la voluntad de cambio del venezolano, la realización de elecciones parlamentarias podría operar como un referéndum. Si el gobierno las pierde aplastantemente es la expresión de un mandato. Si uno está abierto a la idea de jugar en todos los tableros, y de que todas las soluciones democráticas están sobre la mesa, uno tiene que contemplar estas posibilidades. Eso no significa preferencias. Me parece que el camino recto es el de la elección presidencial, pero puestos frente a la circunstancia, y si no queda otro camino para abrir un espacio democrático hacia una situación nueva, y si eso favorece la solución de las calamidades que está viviendo la gente, la oposición debería ir a las parlamentarias.

-¿En qué condiciones?

-Bajo condiciones de competencia: devolviendo las tarjetas a los partidos inhabilitados, cambiando el CNE.

-¿Con este CNE no?

-No. Es un factor de deterioro de la confianza muy grande en los electores.

-¿Necesitamos un gobierno de transición?

-Si hay un entendimiento para la reconstrucción del país debe formarse un gobierno de transición como condición para iniciar la ejecución de las primeras medidas que reduzcan los sacrificios económicos impuestos a la población, y que abra camino para realizar elecciones justas. Es un gobierno de civiles, plural, donde deben estar presentes representantes de los dos proyectos rivales: el democrático y el revolucionario.

-¿Chavistas y opositores?

-Sí, pero no se puede reducir su composición solo a factores políticos. Es importante que entre en escena un tercer actor, la tercería social, en el gobierno y en las decisiones. Pero no debe confundirse con un tercer polo partidista.

-¿Quién preside ese gobierno de transición?

-Un gobierno de transición es resultado de las negociaciones en marcha.

-¿Cómo se hace gobernable el país?

-Es un compromiso entre élites, entre los actores sociales que pueden dar aportes concretos a la reconstrucción. Tienen que estar factores económicos, que reconstruyan un aparato que está diezmado y con un atraso tecnológico. Necesitas eliminar los factores de perturbación y abrir la posibilidad de que se conviertan en factores de reconstrucción.

-¿Y los militares?

-En una visión optimista parto de que la opinión de la institución militar se comporta de manera similar a como dicen las encuestas que se comporta la opinión del país. Debe haber una mayoría de militares que están a favor de una solución pacífica, en la que no actúen las armas, en la que ellos no intervengan. Eso implica que la solución no es la constitución de un gobierno militar, sino de un gobierno civil que ponga en vigencia el principio de que los que tienen el monopolio de las armas están subordinados a la autoridad civil. A partir de esta aceptación se puede conversar sobre la participación de los militares en un gabinete.

-¿Como convences a los militares de que acepten perder poder?

-Porque el poder no garantiza el mantenimiento de los privilegios de los que una capa de militares disfruta hoy. Una parte de esos privilegios está unida a las madejas del proyecto político, y otra, a la madeja delincuencial. Para la supervivencia de la institución tienen que estar calculando la necesidad de ser un factor de reconstrucción, y no de dominio o privilegios. Ellos tienen ese dilema, y yo confío en que lo van a resolver con un pensamiento favorable a la institución.