Nicolás Maduro ya ni siquiera es potable para el chavismo, afirma el excandidato presidencial, quien considera que el mandatario debe apartarse del poder de inmediato. Un año después de las elecciones presidenciales, sostiene que el 20 de mayo de 2018 se perdió la oportunidad de iniciar un Gobierno de transición

Una astróloga podría decir que Henri Falcón se mueve entre el signo géminis de su cumpleaños (lo que lo convierte en dos personas que viven en una perfectamente) y el signo cáncer que casi roza (porque su nacimiento ocurrió a la salida de un signo y la entrada del otro) y que lo vuelve un hombre especialmente sensible. Un chavista rancio lo calificaría como “vendido”, porque apoyó a Hugo Chávez y luego se separó. Un opositor recalcitrante lo definiría como un “guabinoso” que está más cerca de los chavistas que de los opositores. Pero dos datos de Falcón quedarán para la historia contemporánea: fue gobernador del estado Lara y, por encima de las críticas y la guerra en su contra, se lanzó como candidato a la Presidencia de la República en las cuestionadas elecciones del 20 de mayo de 2018.

Un año después Falcón asegura que no está arrepentido de haber participado en el proceso que impugnó cuando poco quedaba de ese 20 de mayo. Pero sí afirma que era previsible que el país, después de lo sucedido, llegara al barranco en el cual parece encontrarse, y que se entrara en el actual “estado de conmoción y caos”.

Su tesis es que el mandatario  Nicolás Maduro debe salir del poder de inmediato. “Elecciones ya, sin dilación, para lo cual hay que tomar decisiones de manera acelerada”, enfatiza. La ruta que propone necesariamente pasa por “reconocer la legitimidad de la Asamblea Nacional, que le corresponde al TSJ, y rápidamente la Asamblea Nacional hace la designación de los nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral para fijar un cronograma, habilitar los partidos y los candidatos. Y, por supuesto, un tiempo prudencial para que se materialicen elecciones primarias en el sector de la oposición venezolana, para que haya -es nuestro criterio- un solo candidato de la oposición venezolana que represente el acuerdo mayoritario de los venezolanos que quieren no solo una salida política, sino soluciones al problema de la economía, al problema social”.

Todo eso debe suceder “lo más rápido”, pero “estamos hablando de decirle la verdad a la gente”, por lo que prometer elecciones en 30 días es irreal, resume.

La ruta que dibuja permite avanzar “sin que tengamos que salir de la Constitución”, asevera, porque incluso es posible pensar en una enmienda de la Carta Magna para “plantear un proceso expedito para una convocatoria a elecciones frente a una situación de real emergencia nacional”.

La oportunidad perdida

Para Falcón el momento presente es “una gran tragedia nacional”, con “un descontrol político absoluto, un deterioro a los más altos niveles de los servicios públicos, una situación de desequilibrio social”. Todo eso, insiste, “se pudo haber atenuado el 20 de mayo” de 2018, porque la participación masiva pudo haber conjurado cualquier componenda.

-¿Por qué pudo ser diferente?

-Porque se pudieron tomar grandes y eficaces decisiones. No se trataba de que ganara Henri Falcón, sino de que se instalara un gobierno de transición en el marco de un gran acuerdo de unidad nacional, que tomara las grandes decisiones en materia de economía. Pero para ello se necesitaba darle gobernabilidad política. Se necesitaba un gran pacto social.

El 20 de mayo “se perdió la oportunidad de comenzar un gobierno de transición”, reitera, y se dejó atrás la oportunidad de tomar medidas como un programa de estabilización económica, la apertura a las inversiones, la recuperación de la producción petrolera, la dolarización de los salarios. Considera que el tiempo le da la razón, porque ahora la moneda venezolana no parece ser el bolívar, sino el dólar; no hay programa económico ni inversiones y la producción de petróleo sigue su retroceso.

Falcón recuerda, además, que los sectores de la oposición que llamaron a no votar el 20 de mayo ofrecieron, como plan alterno, que en tres o cuatro meses el gobierno de Maduro dejaría de serlo. “Y no fue así”, remarca. “Frente a ese gran error histórico no ha habido quien asuma responsabilidades frente al país, y esa secuencia de errores lamentablemente nos ha traído hasta aquí. Se trata de que nosotros, con sentido crítico, reflexivo para la rectificación, podamos ver el retrovisor para no seguir incurriendo en ese error que nos sigue agudizando los problemas y nos sigue hundiendo en este fango al que nos trajo este gobierno incapaz”.

-¿Qué implica esa rectificación?

-Se trata de un abordaje certero, dejar los complejos y el atrincheramiento ideológico de lado y poder asumir una salida política. Política con P mayúscula. Si se ha hablado de que todas las opciones están sobre la mesa, no podemos descartar la posibilidad de un entendimiento. Si no es entendimiento, hablemos de concertación, negociación. Lo que sí es cierto es que no es solo cambiar este gobierno nefasto: Es generar un gobierno que pueda implementar los programas, las políticas en el marco de un espacio de estabilidad y de gobernabilidad para poder llevar a adelante las grandes transformaciones que van a poder permitir la reconstrucción de Venezuela.

-¿Política con P mayúscula? ¿Cuando habla de un entendimiento…?

-Me estoy refiriendo al país. El país somos todos. Son quienes participan de una visión contraria al gobierno y de una visión afecta al gobierno.

-¿Qué implica esto?

-Reconocer que tenemos posiciones encontradas. Que esas posiciones pueden abordarse desde el equilibrio, y el equilibrio no es otro que la posibilidad de una suma de intereses contrapuestos y que podamos lograr lo que más le convenga al país en una negociación que su vez conduzca a la instalación de un nuevo gobierno, pero que ese nuevo gobierno no repita los errores de este: la persecución, el revanchismo, el acorralamiento del otro, la descalificación extrema del otro que busca aplastar.

-¿Eso lleva a la salida de Maduro?

-Sin duda alguna. Es que Maduro se ha convertido en un elemento perturbador para la paz de los venezolanos. No es posible de ninguna manera que este gobierno de Nicolás Maduro genere los cambios que reclama el país.

Contra las cuerdas

-¿Cómo se puede llegar a la salida de Maduro?

-Con un proceso electoral justo, transparente. Un proceso electoral sin inhabilitados, sin partidos políticos inhabilitados, con un Consejo Nacional Electoral confiable, serio y autónomo. Con una Asamblea Nacional legitimada, reconocida, respetada por los otros poderes del Estado.

Henri Falcón celebra el apoyo internacional, pero subraya que “la decisión la tenemos que tomar nosotros, los venezolanos”. El camino es, describe, una elección presidencial libre, con la inclusión de todos los candidatos, con un nuevo CNE.

¿Y por qué Maduro aceptaría esa ruta? La enumeración de Falcón es larga: “No tiene control sobre el gobierno, no es reconocido por buena parte de la comunidad internacional, ha generado grandes distorsiones en la economía venezolana”. Por si fuera poco, sostiene que Maduro no es querido ni en las filas políticas de las que salió: “Maduro no es potable ni en el chavismo; el chavismo es una realidad, hay que reconocerlo como realidad, y ese pudiera ser un error de nuestra parte: subestimar la realidad del chavismo en la calle. Pero ese chavismo también quiere salir de Maduro, no lo representa; por el contrario, Maduro lo hizo más pobre, lo puso a pasar trabajo, porque quienes hoy viven con mayor fuerza la severa situación del país son los pobres”.

-Pero puede seguir así. ¿Usted ve un punto de inflexión?

-Sin duda alguna: Vamos directo al colapso. No solamente el colapso en la pérdida de energía eléctrica, el suministro de combustible, servicio de agua potable, el sistema de prestación de salud pública, el sistema de producción de alimentos y de las importaciones. Si un gobierno no puede sostener a un Estado, ese gobierno, por una razón de responsabilidad humanitaria histórica debería abrir paso y permitir que surja una salida.

-¿Cree que Maduro debería renunciar?

-Si Maduro tuviese la altura que le reclama el país se apartaría del poder. Ese gobierno y ese partido, si han sido como fueron saboteadores de todas las iniciativas de diálogo pasado y en condiciones distintas de las actuales, deben entender que una salida negociada no solo beneficia al país; también los beneficiaría a ellos.

-¿Qué haría a Maduro negociar en este momento?

-Lo está forzando la realidad. No hay otra. Está contra las cuerdas. No tiene ninguna posibilidad de éxito.

-¿Tiene seis años contra las cuerdas?

-Jamás como ahora. Dificulto que en alguna parte del mundo se haya vivido una crisis en todas las áreas de la vida de un pueblo -política, económica, social, ética, institucional- como la que se está viviendo en Venezuela. Si de ello está consciente el pueblo venezolano y la comunidad internacional, también la Fuerza Armada, los señores magistrados del Tribunal Supremo de Justicia. Creo que llegó la hora del gran pacto social, el gran acuerdo de unidad nacional que nos permita explorar una salida pacífica, democrática y constitucional.