Estamos hablando de un Estado feminicida, afirma la coordinadora de Avesa. Más que nuevas reformas de la ley de violencia lo que el país necesita es el reglamento, subrayó

Son asesinadas por sus parejas, por sus exparejas o por los hombres cercanos. Venezolanas que confiaron en alguien y que se enfrentaron a la traición y a la violencia. Una epidemia de feminicidios marca, este lunes 8 de marzo, la conmemoración del día de la mujer. Magdymar León, coordinadora de Avesa, señala que la cuarentena agravó la situación, pero levantar la cuarentena no solucionará la situación.

En entrevista por Whatsapp con contrapunto.com, León enfatizó que en dos meses han ocurrido más de 40 feminicidios en Venezuela.

-Tenemos una pandemia de femicidios en Venezuela? O se está visibilizando algo que ya estaba ocurriendo?

-La violencia contra las mujeres es un problema que ha existido siempre. Con la situación de crisis humanitaria que tenemos en el país, y luego, con la situación de pandemia, esta violencia contra las mujeres ha aumentado. Decimos que ha aumentado teniendo como indicador el número de femicidios que han ocurrido recientemente en el país. Desde el año pasado estamos viendo cómo, de manera impresionantemente acelerada, ha aumentado el número de femicidios. En el año 2016 hablamos de 122 femicidios al año según datos del Ministerio Público. Y el año pasado, 2020 y con pandemia, se superaron los 250 femicidios. Este año, apenas en dos meses, llevamos más de 40 femicidios. Eso quiere decir que efectivamente es un problema que se ha venido incrementando de manera sorprendente, de manera acelerada, desde la pandemia. Ahora, este no es un problema de la pandemia solamente. Esto estaba desde antes, pero hay condiciones actuales que están generando su aumento acelerado.


-Hay complicidad del Estado con los femicidios? Por qué?

-El Estado venezolano tiene la obligación de garantizarles a las mujeres una vida libre de violencia. Así está plasmado en nuestra Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Ahora, esto no está ocurriendo. Las cifras de femicidios lo indican claramente, y sabemos que detrás de estas cifras hay una gran cantidad de mujeres que está viviendo situaciones de esta naturaleza. ¿Que el Estado venezolano es cómplice? Más bien diría que estamos hablando de un Estado feminicida. Es decir, de un Estado que justamente no está realizando su labor para brindar la protección, y en este sentido está permitiendo que las condiciones que generan la violencia contra las mujeres se sigan manteniendo y sigan aumentando. Está agravándose la situación. Estamos hablando de que hay una responsabilidad del Estado venezolano, definitivamente, en esta realidad, en tanto no está garantizando los derechos de las mujeres a una vida libre de violencia.

-Hay que levantar la cuarentena para detener los femicidios?

-Se puede levantar la cuarentena y los femicidios van a seguir ocurriendo, porque ellos no se generan única y exclusivamente por la cuarentena. Hay otros elementos muy importantes que están influyendo, y el principal de ellos es, evidentemente, estas ideas arraigadas que tienen los hombres agresores, los hombres que violentan a las mujeres de que las mujeres tienen un lugar subordinado en la sociedad, o que las mujeres son de su propiedad o pueden utilizar a las mujeres y desecharlas sin importar su condición de persona. Esto sí está en la base. Esos son los elementos que hay que abordar. ¿Cómo es posible que todavía la sociedad venezolana se siga haciendo al vista gorda ante la gravedad de lo que está ocurriendo? ¿Cómo es que no ponemos un límite claro a la violencia contra las mujeres y seguimos reproduciendo los estereotipos machistas, seguimos contribuyendo a que la cultura patriarcal se mantenga y a que los hombres sigan expresando este tipo de comportamientos? En el caso de la joven asesinada en La California el hermano mayor del novio de la muchacha arremete contra la joven y le dice a su hermano “esta es la manera en que deben tratarse las mujeres”. ¿Qué es lo que nos está diciendo? Que las mujeres deben tener un trato violento, que son ciudadanas de segunda categoría, que deben estar bajo las órdenes y la tutela del hombre; en este caso, de la pareja. El que sigamos alimentando este tipo de ideas es lo que está generando el problema. Adicionalmente la fragilidad de las instituciones del Estado en dar una respuesta efectiva a la violencia contra las mujeres es otro elemento que, sin lugar a dudas, está incidiendo. Recordemos que este es un delito, y como todo delito, si no es sancionado, sigue ocurriendo y siguen agravándose sus manifestaciones. Pongamos, por ejemplo, un robo. Una persona comienza robando objetos pequeños, pero si no se le detiene, va robando cantidades más grandes. De la misma manera es la violencia. Comienza con unas manifestaciones pequeñas, una descalificación verbal, alguna manipulación; va aumentando hacia insultos, podemos llegar a la agresión física, después lesiones graves y llegamos al femicidio. Si esta cadena no se detiene lo que va a ocurrir es esto: va a seguir avanzando hasta llegar a su expresión máxima. Para evitarlo están las instituciones del Estado y estamos las personas en la sociedad: Debemos hacer un frente ante la violencia contra las mujeres y no podemos dejar a las mujeres solas. Una mujer sola no está en la capacidad de enfrentar al agresor. Por eso se requiere de un sistema de justicia y una sociedad que sirva como red de apoyo y contención a la mujer que es objeto de violencia.

-Qué opina sobre la reforma de la ley contra la violencia? Qué impacto tiene?

-Esta es la segunda reforma que se le está haciendo a la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Ya tuvimos una reforma en 2014, con un aumento de las formas de delito, se incorporó el femicidio. Entiendo, hasta donde estoy informada, que esta reforma incorporaría delitos informáticos, aumento de penalidades y modificaciones en algunos términos. Sin embargo, en este momento lo que necesitan las mujeres es una adecuada implementación de la ley, y para esto lo que es urgentísimo es el protocolo. ¿Cómo es posible que tengamos una ley desde 2007 y aún no tengamos el protocolo? ¿Por qué es tan importante este protocolo? Porque el protocolo es el que nos indica los procedimientos que se deben realizar para abordar y garantizar a las mujeres una vida libre de violencia. El reglamento es lo que ayudaría a orientar a los órganos receptores de denuncias qué es lo que tienen que hacer y qué es lo que no tienen que hacer cuando reciben una víctima. Es lo que nos daría las pautas y contribuiría, efectivamente, a que el acceso a la justicia de las mujeres fuera efectivo. Pero no. Seguimos insistiendo en mejorar la ley. La verdad es que hago un llamado a que efectivamente desde el Estado se haga este reglamento, y por otro lado se elabore un plan nacional de atención y de prevención de la violencia contra las mujeres. Hace muchos años tuvimos uno que ni recuerdo cuándo se venció. Por cierto, un plan tendría que contar con indicadores, con datos, con presupuesto, con línea articulada de trabajo, con programas, con articulación entre instituciones del Estado y de la sociedad civil. Eso es lo que necesitamos y es lo que daría cuerpo y daría forma a la atención efectiva de todos estos casos.

-Cuántas violencias sufrimos las venezolanas hoy día?

-Son múltiples las formas de violencia que nos están afectando a las mujeres hoy día. Ya hemos mencionado los femicidios, que son la expresión máxima de la violencia física hacia las mujeres. Pero además está la violencia sexual en sus distintas manifestaciones. Tenemos la violación sexual, que implica la penetración en el cuerpo de las mujeres pro la vía vaginal, oral o anal. Tenemos otras formas de violencia sexual que no llegan a la penetración, que son los llamados actos lascivos. También tenemos el acoso sexual, donde hay una clara relación de poder del hombre; por ejemplo, en las instituciones educativas, instituciones deportivas, centros de trabajo. Esa forma de violencia está presente hoy día. También las vinculadas a la explotación sexual comercial de las mujeres, el tráfico de mujeres e cada día más notorio en el contexto venezolano. Vemos cómo hay noticias de jóvenes que son traficadas hacia el exterior, hacia Colombia y países cercanos en el Caribe. Hay toda una situación que se deriva de la mayor vulnerabilidad en la que estamos las mujeres. La violencia doméstica, por supuesto, no podemos dejar de mencionarla: la que se da en el contexto de relaciones de pareja, sean relaciones de convivencia, de noviazgo o relaciones que han culminado. Allí tenemos un problema fundamental. La violencia obstétrica, que se da desde las instituciones de salud hacia las mujeres en labor de parto, también es una realidad con la COVID y la ausencia de protocolos específicos para las mujeres que están en labor de parto. Son múltiples las formas de violencia que estamos viviendo hoy día las venezolanas.

-Maduro dice ser jefe de un gobierno feminista. Lo es realmente?

-Llamarse un gobierno feminista les queda grande, sobre todo cuando vemos que la realidad de las mujeres en el país es tan terrible; cuando se evidencia que nuestros derechos están siendo vulnerados, que nuestras condiciones de vida están desmejorando significativamente, y sobre todo un contexto en el que las brechas de género han aumentado de manera impresionante. No puede llamarse feminista un gobierno que genere estas condiciones y que no haga un trabajo efectivo para combatirlas. Recordemos también, en el caso de Maduro, sus declaraciones muy polémicas cuando nos mandaba a cada una a parir seis hijos para la patria. Que un jefe de gobeirno diga esto es muy lamentable, porque eso dista muchísimo del pensamiento feminista. No es que las feministas estemos en contra de la maternidad, pero que este sea el mandato y la forma de contribuir al desarrollo del país no es la visión de una feminista, ni de un gobierno feminista. Las mujeres efectivamente tenemos la posibilidad de ser madres, pero eso es un derecho, no tendría por qué ser una obligación. Y las mujeres también tendríamos derecho a participar activamente en todos y cada uno de los espacios de la sociedad, no solamente estar enclaustradas en el espacio privado, en el espacio doméstico. Entonces difícilmente pueda llamarse un gobierno feminista.