Las múltiples lecturas que se hacen de las medidas adoptadas por Estados Unidos frente al caso Venezuela hacen evidente la polarización que vive el país. El dogal contra Maduro se cierra y aprieta a toda la realidad del país

La decisión de la Casa Blanca de presionar al Gobierno de Nicolás Maduro ha tenido una paso lento pero sostenido y cada vez se percibe sus avances. El debate gira alrededor de las consecuencias de estas acciones y sobre el impacto que tienen en lo político, en lo social y lo económico.

Las argumentaciones llueven y la mayor parte de las veces terminan teñidas por la polarización. Esto esconde las causas, consecuencias y efectos reales sobre el Gobierno de Maduro y la población venezolana.

Los objetivos que quieren ser alcanzados

Las razones esgrimidas para adelantar una serie de sanciones contra funcionarios del Gobierno de Nicolás Maduro apuntaban a los presuntos vínculos con el narcotráfico y la corrupción, para evitar la legitimación de capitales y el uso de los recursos expoliados a Pdvsa y el erario público venezolano.

Así comenzaron a ser publicados nombres de personajes vinculados al Gobierno que eran incluidos en una especie de “lista negra” con la cual se impedía que cualquier empresa de los Estados Unidos se vinculara con ellos.

Así aparecían militares, ministros del área de las finanzas públicas, altos integrantes del partido de Gobierno que fueron sancionados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés), del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

Esto comenzó a complicar las operaciones del Gobierno de Maduro porque los acreedores de deuda venezolana, empresas proveedoras servicios del sector petrolero, entes financieros internacionales comenzaron a tener reservas a la hora de entablar relaciones con la burocracia oficial.

Esto ha cerrado las posibilidades de financiamiento internacional al Gobierno de Maduro y asfixia sus movimientos, causándole trabas al desempeño de su gestión.

El objetivo de estas decisión del Gobierno de los Estados Unidos es obligar a el establishment venezolano a buscar una negociación que les permitiera conseguir oxígeno a cambio de ceder en el plano político.

La Casa Blanca ha sostenido reiteradamente que las presiones para lograr un cambio político en el país se mantendrán. Esa palabra empeñada ha sido honrada.

El Gobierno de Maduro se defiende y utiliza estas acciones para justificar los problemas internos de abastecimiento y carencias en lo económico y las complicaciones para sostener sus políticas sociales.

Los Estados Unidos amplió sus sanciones.

Sin dejar de agregar a la lista de la OFAC a personeros oficiales, se integró a ese rosario de nombres a Petróleos de Venezuela y el Banco Central de Venezuela, lo cual complicó aun más la operatividad financiera del Ejecutivo dirigido por Maduro.

Incluso se puso precio a la cabeza de la alta dirigencia del Psuv y del Gobierno incluyendo a Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Tareck El Aissami.

Para morigerar el impacto de esta política los Estados Unidos reitera cada vez que puede que las sanciones no afectan “las transacciones vinculadas con medicinas y alimentos”.

Desde el interior del país un sector de la oposición ha apoyado esta política de sanciones a personalidades sin embargo, al integrarse las empresas del Estado, una facción de los opositores comenzó a tener reservas con las acciones desarrolladas por los Estados Unidos.

La respuesta

El Gobierno de Maduro reconoce que las decisiones de la Casa Blanca le han golpeado. Se asume perseguido y construye un discurso en donde todos los males que afectan la economía nacional están vinculados con estas sanciones.

La caída de la producción de Pdvsa, que complica la generación de recursos para la compra de medicinas y alimentos en el exterior, es endilgada a esta política desarrollada por los Estados Unidos.

Este han sido un argumento utilizado para cohesionar a la base de apoyo del Gobierno invocando la agresión externa. Esta herramienta ha sido exitosa para el chavismo durante toda su historia.

Maduro ha acudido a sus aliados internacionales. Empresas rusas y chinas triangulaban operaciones y de esta manera se accedía a insumos y recursos necesarios para darle oxígeno al Gobierno.

Sin embargo, las acciones de EEUU alcanzaron a empresas como Rosneft de Rusia y CNPC de China que dejaron de operar con Venezuela para evitar las represalias ordenadas por la Casa Blanca.

Las asfixia continúa para administración Maduro, sin embargo, no cede en el control territorial del país y no ablanda su posición frente al objetivo final de la Casa Blanca de generar un cambio político en el país.

Al contrario. La posición de Maduro se hace más dura y si bien enuncia por un lado la posibilidad de un diálogo con los opositores, por el otro lado no cede un ápice en la posibilidad de adelantar elecciones presidenciales.

Consigue el apoyo de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y desde allí hace su defensa en el plano político asumiendo el papel de David frente al Goliat estadounidense.

El Gobierno de Maduro corre en los pasillos de los mercados internacionales buscando alternativas para hacer sus compras con los escasos recursos que cuenta debido a la falta de financiamiento y a la destrucción de la industria petrolera que cada día rebaja más su producción y le cuesta venderla.

Una muestra de los resultados

Después de este apretado y limitado paneo sobre las sanciones miremos la foto de estos tiempos en medio de cuarentena.

Escasez de gasolina, se agrava el problema de suministro eléctrico, se agudizan las limitaciones para el suministro de agua, se complica la distribución de alimentos, la Corte Suprema de los Estados Unidos falla en contra de Citgo en el caso Cristallex y Direct TV deja de operar en Venezuela.

Maduro acude a Irán para tratar de reparar el parque refinador del país y resolver el suministro de gasolina.

Los persas sufren las sanciones de los Estados Unidos desde hace años sin embargo están en capacidad de ayudar a Venezuela.

Esto de suyo pone en entredicho que las sanciones sean las responsables de la debacle de Pdvsa y de la crisis del aparato productivo nacional. En un escenario similar los iraníes han mantenido la capacidad de su industria petrolera al punto que pueden ayudar a terceros.

Tampoco se conoce de carencias de servicios públicos en tierras iraníes aunque, ciertamente, la información fluida no es uno de los atributos que pueden exhibir los persas.

Las preguntas que quedan

A estas alturas del partido surgen un sinfín de interrogantes de las que queremos destacar solo tres:

¿Las sanciones han sido eficientes para lograr el cambio político en Venezuela?

¿Por qué los iraníes han mantenido las capacidades de su industria petrolera en medio de las sanciones y PDVSA está postrada con una producción que apenas llega a los 600.000 barriles diarios, sin posibilidad alguna de refinar en este momento?

¿Es la capacidad de control del Gobierno de Maduro sobre el país la afectada por las sanciones?

Mientras se responden estas preguntas la gente hace cola en las estaciones de servicio en el país con las mayores reservas de petróleo probadas del planeta, la mendicidad aumenta en las calles de Caracas, los contagios por coronavirus comienzan a crecer en las estadísticas oficiales y se complica el acceso a la TV paga en un entorno donde la exigencia es quedarse en casa.

¿Qué viene?

Desafortunadamente no tenemos bolas de cristal para ver el futuro. Solo tenemos los pies planos para pisar tierra y seguir viendo la realidad que nos toca enfrentar.

El juego sigue.