Entre las seis óperas del Festival M4 Music Theatre de la ciudad de Maastricht, en los Países Bajos, debutó este fin de semana la pieza “Disparatismo” con música del colombiano Felipe Hoyos y libreto del escritor caraqueño G. Galo

La diáspora artística venezolana sigue adelante dejando huella y presencias insospechadas en todo el mundo. Donde quiera que se indague ahora hay un venezolano o venezolana aportando, colaborando y dejando su impronta. Y entre las noveles “camadas” de creadores está el joven escritor caraqueño G. Galo, quien conjuntamente con el compositor colombiano Felipe Hoyos González debutaron este sábado 29 y domingo 30 de junio en el M4 Music Theatre Festival de la ciudad de Maastricht, Reino de los Países Bajos, con la puesta es escena de una nueva ópera.

Disparatismo –que lleva el subtítulo de Cómo acabar con el arte-, es el segundo trabajo creativo conjunto que hacen estos dos jóvenes, enmarcada en el formato de cámara y música académica contemporánea, y es una de las seis óperas que están siendo estrenadas en dicho Festival impulsadas y patrocinadas por el Conservatorium Maastricht, el European Opera Academy, EO-Lab, el Programa ERASMUS de la Unión Europea, el Royal Conservatoire Antwerp, Stockholm University of the Arts, entre otras organizaciones culturales.

Contrapunto pudo conversar con el venezolano G. Galo quien explica que el tema de esta segunda ópera plantea “lo que es ser un creador dentro de la moral y el espíritu de principios del siglo XXI”.

-¿Cuál dirías que es la energía y el espíritu de esta segunda puesta en escena que estrenaste este fin de semana?

A pesar de que todas las óperas en las que me he embarcado son de mi gusto personal y se acercan a lo trágico, esta, Disparatismo, se encuentra probablemente dentro del universo satírico que, sin acercarse a lo buffo o al mero hecho de buscar carcajadas de un público, pretende más bien partir de la ironía y la sagacidad para crear en la mente del espectador o del intérprete ciertos contrasentidos, ambigüedades y contradicciones de nuestra realidad.

El drama de Disparatismo es el de un artista plástico obsesionado con la idea de innovar en la dialéctica de la historia del arte, que ve en el asesinato el vehículo para ello. Es el antiguo tema de la fama por el escándalo o del erostratismo: quemar y destruir con tal de quedar en la memoria de la historia.

“El libreto de esta ópera está dedicado a la memoria de Thomas de Quincey quien, como sabemos, escribió Del asesinato como una de las bellas artes, ese ensayo audaz, de humor negro, que es la otra forma en que podríamos tildar al género de esta ópera, pero que al final lo que pretende no es reprender, ni educar ni guiar moralmente, sino retratar, mostrar las paradojas del arte contemporáneo de nuestro siglo, que en general no pueden parecer más que un chiste muy bien armado por el extraño circuito de la cultura. No es una sátira con reflexión ética para producir cambios, es tan solo un drama donde el espectador será una mosca en la pared que ve lo que ocurre y que, como una mosca en una habitación, puede terminar muy comprometido -o no- con lo que ahí ocurra”, explica G.Galo.

G. Galo es escritor venezolano y libretista de la nueva òpera Disparatismo

-Cuéntanos de los detalles distintivos de la puesta en escena.

Esta es una ópera frenética en tema, música, puesta en escena y texto. Cuando se dio el reto de hacer una nueva ópera de cámara, Felipe y yo nos guiamos por la angustia que siente un creador en las horas previas de poder realmente plasmar eso que desea. Todo eso nos llevó a descubrir elementos que favorecían ese frenesí, a ratos claros, a ratos oscuros. Por ejemplo, hay un objeto que a mí me gusta ver como un personaje pero que es un símbolo escénico: el martillo; pero más allá de solo eso, también está incluido en la partitura, casi como parte del ensamble de percusión pero manejado por los cantantes quienes en tanto actúan y cantan también deben dar los golpes de martillo como exigencia de partitura.


No por estar enmarcada en el formato de cámara, esta no es una òpera ligera ni expedita ni breve; los 40 minutos que dura la puesta tienen el propòsito de hacer sentir al espectador frente a una ópera total: cumplir con lo que nos exige la forma artística en cuestión y a la que nos debemos, la cual, al menos para mí como espectador, es de los productos más anímicamente movilizantes al que me puedo enfrentar.

-Sin embargo, hacer ópera en cualquier época de la historia es un riesgo y ser tan jóvenes como ustedes, en tu caso que no pasas de los 24 años, pues más exigente aún. ¿Por qué elegir este género?

La sola pregunta de por qué hacer ópera es una cuestión que aparece tormentosa de vez en cuando así como cuando a uno se le da por cuestionarse quién soy, adónde voy, por qué estoy acá… es decir, es pregunta en momento de crisis. ¿Por qué me estoy enfrentando a la enorme dificultad que representa hacer ópera, y además voluntariamente, o sea, casi masoquista? Hay muchas respuestas. La primera, la más rápida y menos obscura, es que hacemos ópera en castellano porque se hace muy poco, porque en el mundo en que la ópera tiene un valor más allá del inane estatus representa un arte vivo de impacto sociocultural y por ende hay plataformas y espacio para recibir una nueva ópera en castellano; espacios que han estado casi absolutamente acostumbrados a entender al castellano como zarzuela en el escenario lírico y que son amables con este nuevo repertorio.

Ahora bien, como autor, que es el lugar que ocupo en el festival M4 Music Theatre pues estoy invitado como libretista, puedo decir que hacemos ópera porque, y contrario a lo que podría pensarse, si fuese fácil lo haríamos solos o simplemente no lo haríamos. La gratificación de las arduas metas es que también para lograrlas necesitamos la ayuda de los otros, de los grandes equipos —esa momentánea, instantánea pero profunda familia sanamente caótica que es un equipo de ópera. Lo hacemos precisamente porque es difícil. Solo los temas que se abordan son siempre tan arduos que necesitamos unirnos para poder verlos suceder. También es cierto que en sentido egocéntrico, autor de una literatura para ser representada pero al final literatura sin segundo nombre, siento que el libreto es un lugar fabuloso —en ambos sentidos— para propiciar la experimentación.

Pero sí, ha sido tremendamente arriesgado. En muchos momentos, un camino a ciegas. No porque ser joven lleve necesariamente la inexperiencia —cierto en la mayoría de los casos—, sino porque lo difícil es hacer que alguien confíe en lo joven y, si algo necesita la ópera como ya he expresado, es precisamente la confianza de varias voluntades titánicas. Afortunadamente los oficios del mundo del arte gozan de ser súbditos de la intuición, de lo espiritual que no sabe ni le interesan los años humanos. Puede comenzar uno muy temprano o muy tarde y eso no determina si el camino será gozoso porque no hay fórmulas dispuestas. La única es hacer.

Para mí todavía es increíble cuando camino por la sala de ensayo y me topo con las partituras y veo el título de la obra en la primera página que, como dicta el formalismo, lo nimban dos nombres: el del compositor y, al otro lado, el del autor de las letras. Y resulta que uno de esos nombres es el mío. Yo todavía no sé cómo es que tantas personas terminaron apoyándonos, creyendo en esto, aceptando materializar y mejorando todo como es el caso del director escénico de este montaje, Sybrand van der Werf. Con todos ellos quedo en eterna deuda porque nos ayudan a descreer de ese devoto pero mal consejero que es el pánico.

Este festival, que comenzó el pasado 26 de junio, ha reunido seis óperas, cuatro de ellas en estrenos mundiales. El evento tiene además una gran programación académica en simultáneo: workshops, laboratorios, paneles de discusión, ponencias, conferencias.

G. Galo cuenta parte de su experiencia en el marco del festival.

“De verdad acá se siente lo que La Nueva Escena, nuestra compañía, usa de lema: la ópera está viva. Hay un intenso replantear cómo hacer ópera hoy no es ni siquiera lo mismo que en el siglo XX. Este festival surgió como una iniciativa del Conservatorio de Maastricht que es donde Felipe Hoyos ha estado estudiando su maestría y donde les propusieron la creación de las óperas. Ahí es cuando Felipe me llamó a mí, así que esta obra fue creada casi como una comisión: responder —y eso es típico de escribir literatura para ser representada— a los requisitos logísticos que un contexto/realidad determina. Así llegamos a este festival pionero para la ciudad de Maastricht que no puede representar otra cosa que un honor inmenso para nosotros. Es abrumador ver tal apoyo a las artes interdisciplinarias, especialmente a la ópera, porque en Latinoamérica ni siquiera nos soñamos estos espacios puesto que la ópera sigue siendo allá una excusa de los grandes teatros para decir que hicieron tal o cual obra célebre”, afirma.

-¿Cómo observas desde afuera la actividad creativa de venezolanos en el exterior y en el país.

La producción artística de los venezolanos en el exterior se está robusteciendo al entrar en contacto con cosas y elementos que nunca se imaginaron que tendrían que afrontar, así como los que siguen todavía en el país que juntos compartimos las dos caras de una misma horrible moneda: el exilio y el insilio. A los creadores venezolanos que están dentro, no logro explicarme con qué fuerzas pueden ir contra todos los obstáculos que se les imponen. Mi más absoluta admiración para alguien que aun cuando la casa ya no es una casa y no tiene paredes ni luz ni agua todavía se sienta en la noche a contar un cuento. Es la única cosa que, dentro del inmenso pesimismo que tengo frente al país, me calma: de todo esto va a quedar una buena y distinta sensibilidad. Estemos fuera o adentro. Habrá un arte del dolor inenarrable al que se nos ha sometido a todos y de muy buena factura porque será genuino.

-Desde Bogotá, donde resides, ¿cuáles son tus próximos proyectos?.

A Bogotá le deberé siempre el poder haberme iniciado profesionalmente en el cine y la ópera, y más recientemente en la edición literaria, es decir, todas las áreas en que hoy me desempeño. La gente que ahí he conocido me ha permitido poder continuar con mi obra. Me gustaría que este año pudiese retornar al cine, del que tengo un buen rato alejado, incluso quizás para filmar en la propia Venezuela porque hay historias que ir a retratar. Acabo de terminar con Felipe nuestra tercera ópera, La superstición de la paloma. Además, pretendo retomar también la creación de literatura para ser leída, volver al relato, al ensayo, siempre con la búsqueda de mezclar los géneros. La meta en general siempre ha sido la misma: seguir leyendo y seguir escribiendo.