De 100 empresas afiliadas a Cavelibro quedan unas 30. La Cámara Venezolana de Editores tenía unos 23 afiliados y hoy “solo quedamos seis”, explica su vicepresidente, Julio Mazparrote. Este viernes se celebra el día del idioma español y del libro

Podemos llenar las palabras de moretones, por tantos golpes que les damos, o dejarlas lisas y sin las arrugas del mal uso. Podemos convertir el libro en el mejor compañero de viaje, o renunciar a él y renunciar a un mundo. Podemos hacer de las bibliotecas el mejor lugar para estar, u olvidarnos de ellas y que la soledad nos abrume. Este viernes 23 de abril es el día para honrar el idioma, el libro y la biblioteca.

“El español es la segunda lengua del mundo por número de hablantes nativos. México es el país hispanohablante más grande del planeta”, destaca Naciones Unidas. Al expresidente y pacifista sudafricano Nelson Mandela se le atribuye esta frase: “Hablarle a alguien en un idioma que entiende permite llegar a su cerebro, pero hablarle en su lengua materna significa llegar a su corazón”.

Hablando de palabras, las de Venezuela en este presente son hiperinflación y conflicto al infinito. Los libros no se salvan de este ambiente hostil. En el mes de marzo la canasta alimentaria familiar costaba 322,5 dólares, según el reporte del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM).

“El sector editorial venezolano no escapa de la crisis económica general del país y ha presentado una disminución de sus operaciones desde el año 2013 de manera sostenida. Nos encontramos en una situación en la que difícilmente nos podemos mantener a flote”, señala Julio Mazparrote, vicepresidente de la Cámara Venezolana de Editores (Cavedit).

Desde 2013 hasta el presente el consumo de libros se ha reducido en 90%, calcula Mazparrote en entrevista con contrapunto.com. El mercado ha caído más de 90% y las empresas “solo estamos trabajando al 5% de su capacidad productiva”.

Hace 10 años en Cavelibro había unas 100 empresas, “de ellas quedan unas 30”. La Cavedit tenía unos 23 afiliados y hoy “solo quedamos seis”. El cierre de librerías es constante: “El poder adquisitivo ha disminuido de tal manera que la venta de libros no es rentable”.

La pandemia, con el cese de operaciones de librerías y por no ser calificado como un sector prioritario, “nos ha colocado en una situación precaria”. La pérdida de poder adquisitivo ha llevado a que el libro no sea visto como una necesidad, sino como un producto no prioritario en un país en el que el presupuesto de las familias “se centra en alimentos”.

Alimentos que permanentemente suben de precio, y que consumen los escasos ingresos de las familias, tal como lo señala Oscar Meza, director del Cendas-FVM.

Hoy día “hay menos lectores, menos editoriales, menos librerías, no se importan libros y el poder adquisitivo del consumidor común es muy bajo”, aseguró en agosto de 2020, en entrevista para contrapunto.com, la presidenta de la Cámara Venezolana del Libro (Cavelibro), Ana Carola Fernández. “Al menos 70% de las librerías o editoriales han cerrado o disminuido sus espacios en los últimos 10 años. Se han desvanecido silenciosamente editoriales e imprentas. Hemos visto desaparecer tanto librerías connotadas como librerías pequeñas… e incluso muchos puntos de venta y hasta cadenas completas de librerías, porque este es un negocio de baja rentabilidad y muy sensible a los aprietos de la economía”.

Encima, al caer los volúmenes de impresión, los precios se elevan, y el libro hecho en Venezuela puede costar más que el elaborado en el exterior. “A haber tan poca producción, y las imprentas verse también en situación de cierre, suben los costos. Como la demanda disminuye esto no permite disminuir los costos de impresión”.

Tampoco existe “una plataforma tecnológica venezolana para vender libros en moneda local”, los que se venden de modo digital dependen de plataformas ubicadas en el exterior que se pagan en dólares. El país necesita su propio Amazon.

Cavedit, en un comunicado público y usando los términos impuestos por la pandemia, solicitó “respiradores” para poder sobrevivir.

El respirador principal “es recuperar el poder adquisitivo”, que haya “una apertura al crédito al consumo, una apertura al crédito a las empresas para poder apalancar tirajes de impresión”, expone Mazparrote. También, que cese la prohibición de la entrada de las editoriales privadas a colegios públicos, “que representan 80% de los estudiantes en Venezuela” y que se retomen las compras para las bibliotecas. “Eso daría un gran impulso para poder continuar nosotros con nuestra labor”.

También plantea reducción de impuestos y pago de servicios públicos “que están subiendo a un nivel que las empresas no pueden soportar”. Para el libro escolar y surtir el mercado estudiantil se necesita resolver el material en estos primeros meses del año para comenzar el año escolar 2021-2022. Si se toman las medidas adecuadas entre sector público y privado será posible “que la industria editorial continúe surtiéndonos de cultura y conocimiento”.