Escribir es “disciplina y mucho trabajo”, afirma el autor. Su tercer libro, “Tu mano en mi rostro”, ya está disponible en Venezuela. Tiene un bolígrafo de tres colores para corregir, implacablemente, lo que sale de sus manos

Por lo que cuenta, el escritor venezolano Jaime Huertas Fernández es tan bueno para enhebrar la escritura como para destejer lo escrito; para que sus manos desaparezcan lo que hicieron aparecer. Implacable crítico de sí mismo, corrige sin piedad, con un bolígrafo de tres colores y con base en un doble filtro: el que llama científico, en función de las normas del castellano; y el esencial, el de las palabras y sus evocaciones.

Su tercer libro, “Tu mano en mi rostro”, ya está disponible en formato electrónico y también en físico en las librerías Tecniciencia. El título lo puso uno de sus personajes. Huertas habla de sus personajes como seres con vida propia, que deciden el nombre de un texto. “El personaje Samuel Amaya fue el que inventó el título. Yo lo que hice fue copiarlo”, refiere.

“Uno tiene un formato y una idea a la hora de escribir, pero en el desarrollo de la novela suceden cosas inesperadas, que uno no tenía planeadas”, comenta. Samuel Amaya es alto, le gusta comer, baja a comer un dulce “y en ese momento siente una mano en el rostro, muy cálida”. De allí el nombre.

Descarta que sea un libro autobiográfico. Se basa en la discusión eterna entre el libro comercial y la novela de creación, explica Huertas. “Autobiográfica no, porque nunca he tenido ese tipo de encuentro, ni es una discusión en la que yo esté de un lado o de otro”.

-Jaime no escribe por dinero. Escribe por…

-Son mis inquietudes. En mi primera novela (Panteón vacío) yo había leído que el cuerpo de Simón Bolívar había estado 12 años en Santa Marta (Colombia), y eso fue lo que me motivó: A lo mejor el cuerpo que está en el Panteón Nacional no es el cuerpo de Bolívar. En mi segunda novela, generaciones vencidas, me interesó lo de la corrupción, pero no la corrupción de denuncia, sino las personas que delinquen pero nunca salen en los medios porque nadie las conoce; se salen con la suya. De esos personajes es de los que quería hablar.

-¿Qué emociones lo llevan a la escritura?

-En mi caso, una idea. Yo tengo una idea, que me inquieta, y a partir de esa idea empiezo a crear personajes. Durante un tiempo voy anotando nombres, voy anotando características, una serie de elementos que me sirven para el trabajo posterior. Cuando todo lo tengo que me satisface, me siento a trabajar y a crear una obra que intento que sea coherente.

-¿La escritura es disciplina? ¿Inspiración? ¿Talento? ¿Trabajo constante?

-Disciplina y mucho trabajo. Escribir es complicado. No solamente es el hecho de narrar; es, en mi caso, el difícil trabajo de la corrección. Me puede llevar muchísimo tiempo.

-¿Por qué tanto tiempo?

-Uno no se debe enamorar nunca de lo primero que escribe. Acabo de terminar una novela, creo que tiene como 250 páginas, y ya empecé a corregirla. Las tres primeras páginas me han tomado un mes: volverlo a hacer, volverlo a analizar. El autor tiene que tener en cuenta dos elementos: las palabras, de las cuales uno tiene que estar enamorado, deben tener dos vertientes: Una, que yo llamo científica, lo que consigues en los manuales de dramática y en los diccionarios; y otra, que es la esencia de la palabra. Cuando uno ya empieza a dedicar el tiempo para la corrección debe tomar en cuenta las dos. Una tiene unas reglas, y por eso la llamo científica; y la otra es lo que llamo esencial, que es el espíritu de la palabra. En esas dos vertientes se lleva mucho tiempo. Uno revisa oración por oración, la concatenación y la armonía. Eso lleva tiempo.

La idea es que, después de la revisión profunda, la novela se guarde por 30 días o más “para leerla prácticamente desde cero, y ahí uno empieza a ver más errores o más fallas, y viene la segunda etapa”.

-¿Cuáles son los errores que no perdona como escritor?

-Los catalogo de tres maneras, porque tengo un bolígrafo de tres colores. Cuando rayo rojo es un error de sintaxis grave. Cuando rayo en verde es para algo que podría mejorar. Y azul es cuando la palabra está mal vestida, el sustantivo está mal acompañado, un adjetivo simplón, o me extendí mucho. Cuando eliminas esa parte, y lo unes, queda de una manera más grata.

-¿Ese bolígrafo de tres colores lo ha usado siempre?

-Lo uso siempre. Las hojas quedan todas garabateadas. En la computadora, cuando reviso, es una revisión somera. Cuando veo todos mis errores es en el papel. Imprimo y ese papel queda todo garabateado.

Es crítico con lo que escribe: “Debe ser así, porque uno debe presentar lo mejor de sí”, hacer el mejor esfuerzo.

Para escribir bien hay que leer. Huertas afirma que lee siempre; que comenzó con la historia y luego pasó a la literatura. “Me gusta mucho hablar con los libreros que conocen su trabajo. Hay que leer mucho, de manera tranquila y pausada. No mucho en cantidad; mucho en calidad y dedicarle tiempo suficiente a cada novela. No leer por gula, sino para nutrirse. Todo escritor es realmente un lector”.

Pero para escribir hay que escribir, y mucho. Huertas detalla que le dedica por lo menos cuatro horas al día. El tiempo de corrección lo organiza de otra manera. Admite que tiene una relación de amor-odio con los correctores. “A todos los escritores les leen sus obras”, precisa. “Cuando me corrigen, me molesto. Y cuando veo lo que me han corregido, me molesto más todavía porque tienen razón. Primero me molesto con ellos y después me molesto conmigo”.

Jaime Huertas terminó una novela sobre periodistas venezolanos -de diferentes generaciones- en el año 2019. “Lo quise llevar netamente al plano social”, adelanta. Todavía no tiene título: “No me da algo que me satisfaga”.

-¿Cuándo espera tenerla lista?

-Es imposible decirlo, porque estoy en la engorrosa etapa de corrección, y de ahí pasa a la difícil etapa de buscar quién quiera editarlo, y eso lleva su tiempo. Te adelanto que tengo una novela que terminé hace muchos años y es la que voy a presentar el año que viene.

-¿Cómo se llama?

-No quisiera adelantar mucho, pero el tema que me inquietaba es la relación de un científico