Los incendios forestales han arrasado en todo el mundo 157,5 millones de hectáreas entre enero y abril, casi el doble que en el primer cuatrimestre de 2025 (88 millones de hectáreas) y el 20 % más que en el anterior máximo, registrado en 2020 (129 millones de hectáreas), según datos de Our World in Data, publicación científica que analiza información desde 2012.
Aunque en muchas partes del mundo la temporada de incendios aún no ha alcanzado su punto álgido o ni siquiera ha empezado, los datos hasta abril, combinados con la esperada llegada de El Niño (fenómeno natural que este año se prevé intenso con un 30 % de probabilidades de que sea muy fuerte), hacen prever que podríamos estar ante un año de incendios «particularmente severo», según expertos.
Junto a ello, un cambio climático que está dejando temperaturas de récord en mar y tierra y condiciones muy secas, mientras muchos gobiernos se alejan de los compromisos adquiridos para frenarlo, han advertido.
En lo que va de año, África acumula la mayor superficie quemada, con máximos históricos de superficie afectada en Gambia, Senegal, Guinea, Mauritania, Mali, Ghana, Togo, Benín, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Camerún, Chad, República Centroafricana, Sudán y Sudán del Sur. En total, la región ha perdido 85 millones de hectáreas, el 23 % más que en el anterior récord.
En Asia, las superficie ardida suma 44 millones de hectáreas, el 40 % más que en el anterior récord (2014) con grandes fuegos en India, el sudeste asiático (especialmente Laos, Myanmar y Tailandia) y el noreste de China.
De telón de fondo, las quemas agrícolas unidos a unas condiciones extremadamente secas y elevadas temperaturas, ambas acentuadas por el cambio climático, ha explicado , en rueda de prensa Theodore Keeping, investigador del Centro de Política Ambiental del Imperial College de Londres y miembro de World Weather Attribution.
En Estados Unidos, la superficie quemada suma 5 millones de hectáreas, casi el doble del récord anterior (2,6 en 2022), debido a la gran ola de calor registrada en marzo en el oeste del país y unas condiciones muy secas desde comienzos de año.
En Australia, el calor extremo y las condiciones secas al comienzo del año provocaron importantes brotes de incendios, y la sequía persistente en Nueva Gales del Sur y Victoria ha hecho que la temporada de fuegos se prolongue más avanzado el otoño de lo habitual.
En paralelo, las temperaturas de la superficie del mar en todo el mundo se acercan a los niveles más altos jamás registrados y, en algunos días, incluso han superado los récords de 2024, mientras que la extensión del hielo marino en el hemisferio norte alcanzó sus niveles más bajos para esta época del año, y el hielo marino del Ártico registró mínimos históricos por segundo año consecutivo.
Groenlandia vivió el enero más cálido de su historia, España vivió los meses de enero y febrero más lluviosos en casi medio siglo, Australia alcanzó temperaturas récord muy por encima de los 40 °C, en la India llegaron a 46 °C, en Francia, febrero elevó también el mercurio a récords, y en Brasil, varios estados experimentaron el mes más lluvioso registrado, con inundaciones y deslizamientos mortales.
El Niño es un evento climático por el que las aguas del Pacífico Central y oriental sufren un calentamiento anómalo y alteran la circulación atmosférica, lo que afecta a la meteorología del resto del mundo y puede provocar, entre otros fenómenos, sequías y calor, ha apuntado Keeping.
«No es un frente cálido, no tiene impacto directo en Europa pero si afecta a patrones climáticos a nivel global que adicionalmente se pueden dejar notar indirectamente en los países del Viejo Continente», ha apuntado el experto.
Aunque es difícil pronosticar su impacto, El Niño se asocia con aumento de las precipitaciones y del riesgo de inundaciones en África Oriental, el norte de México, el sur de Estados Unidos, Perú y Ecuador; alto riesgo de incendios en Indonesia, Australia y el Amazonas; sequía en India, el sur de África, Filipinas, Indonesia, el Amazonas y Australia; condiciones cálidas en Canadá y el norte de Estados Unidos; y una mayor probabilidad de actividad de tormentas tropicales en el Pacífico, menor en el Atlántico.
Es un fenómeno que se repite, El Niño «va y viene», el problema es que ahora se combina con el cambio climático, que está empeorando porque no dejamos de quemar combustibles fósiles, eso es lo que realmente debe preocuparnos, ha subrayado Friederike Otto, profesora de Ciencias Climáticas en el Centro de Política Ambiental del Imperial College de Londres.
En ese sentido, Jemilah Mahmood, directora ejecutiva del Sunway Centre for Planetary Health, ha advertido de que en los últimos años, hemos visto cómo los gobiernos se alejaban silenciosamente de sus compromisos climáticos.
«El lenguaje se ha suavizado, la ambición ha retrocedido y algunos han actuado como si la crisis climática fuera un capítulo ya superado (…) Pero la naturaleza no lee memorandos políticos. La Organización Meteorológica Mundial nos dice ahora que nuestro planeta está más desequilibrado que en cualquier otro momento de la historia observada», ha lamentado.
Por su parte, Patricia Espinosa, ex secretaria ejecutiva de la ONU para el Cambio Climático y directora ejecutiva de onepoint5, ha expresado su preocupación por la falta de acción, cuando ya se sabe qué hay que hacer y cómo se debe hacer, y ha subrayado que la acción climática, no es un coste, es una inversión.
«El cambio es posible, como está demostrando claramente la revolución en curso de las energías renovables y la electrificación, y que nuestra tarea es acelerarlo y ampliarlo», ha firmado Espinosa, que ha puesto los casos de China, sobre todo, y de España, como ejemplos a seguir en lo que respecta al despliegue de renovables.





