Contrapunto te explica | Qué es el «síndrome del sismo fantasma» y por qué afecta a los venezolanos

Los especialistas en salud mental que atienden la contingencia en los campamentos de desplazados señalan que este síndrome suele acompañarse de síntomas de ansiedad, taquicardia, hiperventilación y una constante necesidad de mirar objetos colgantes (como lámparas o cables) para verificar si la tierra se mueve en verdad | Theodoraskis Morales Flores-@theodoraskis

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Han pasado dos semanas desde que el doblete sísmico del pasado 24 de junio cambiara para siempre la geografía y el espíritu del centro-norte de Venezuela. Mientras los equipos de rescate continúan removiendo toneladas de concreto en la zona cero de La Guaira y en sectores caraqueños como Altamira y Los Palos Grandes, una nueva crisis, silenciosa e invisible, empieza a manifestarse en los refugios y hogares que quedaron en pie: el miedo a que el suelo se mueva otra vez. O peor aún, la certeza de que se está moviendo cuando no es así.

A la colosal tragedia humanitaria que mantiene al país en estado de emergencia nacional, se suma un fenómeno psicológico masivo conocido por los especialistas como el síndrome del sismo fantasma.

¿Qué es el síndrome del sismo fantasma?

No es una enfermedad física, sino una respuesta adaptativa y psicológica ante un trauma agudo severo. Quienes lo padecen experimentan la sensación vívida y repentina de que el suelo está vibrando, balanceándose o hundiéndose, a pesar de que los sismógrafos marquen una calma absoluta.

El síndrome del sismo fantasma es una distorsión perceptiva donde el sistema vestibular, encargado del equilibrio en nuestro oído interno, permanece en un estado de hiperalerta tras un fuerte trauma, recreando de forma imaginaria las sensaciones físicas del terremoto original.

Para la población venezolana, expuesta a un sismo premonitor de magnitud 7,2 y a un evento principal de 7,5 en la escala de magnitud de momento, los estímulos cotidianos se han convertido en detonantes. El paso de un camión, la vibración de una nevera o un mareo repentino son interpretados de inmediato por el cerebro como el inicio de una nueva catástrofe.

Un país en vilo tras el doblete sísmico

El impacto mental es directamente proporcional a la magnitud de lo vivido. El terremoto del 24 de junio azotó el eje central del país durante las festividades de San Juan, dejando un rastro de destrucción sin precedentes en el último siglo de la historia nacional. La violencia del movimiento destruyó por completo infraestructuras históricas, colapsó un edificio de 22 pisos en Chacao e incomunicó comunidades costeras enteras.

La constante aparición de réplicas reales en los días posteriores ha agravado el cuadro, impidiendo que el sistema nervioso de los ciudadanos regrese a sus niveles basales de tranquilidad. En este escenario, diferenciar una réplica real de un sismo fantasma se vuelve una tarea desgastante para miles de personas que apenas logran conciliar el sueño.

¿Cómo identificarlo y manejarlo?

Los especialistas en salud mental que atienden la contingencia en los campamentos de desplazados señalan que este síndrome suele acompañarse de síntomas de ansiedad, taquicardia, hiperventilación y una constante necesidad de mirar objetos colgantes (como lámparas o cables) para verificar si la tierra se mueve en verdad.

Para mitigar los efectos de esta condición, los psicólogos recomiendan aplicar técnicas de estabilización de forma inmediata:

  • Verificación visual objetiva: Mirar un vaso de agua o una lámpara. Si el agua y el objeto están inmóviles, ayuda al cerebro a entender que la amenaza no es real en ese instante.
  • Técnicas de «Anclaje» (Grounding): Sentarse, poner los pies firmes sobre el suelo y tocar superficies duras. Concentrarse textualmente en el tacto ayuda a resetear la percepción del equilibrio.
  • Evitar la sobreexposición informativa: Si bien es vital estar alerta a los canales oficiales de protección civil, el consumo desmedido de videos de la tragedia en redes sociales perpetúa el estado de shock.

La reconstrucción de Venezuela no solo requerirá cemento, maquinaria pesada y ayuda humanitaria para levantar las zonas devastadas; demandará también un profundo e integral esfuerzo de acompañamiento psicológico para sanar las heridas de una sociedad cuyo suelo físico y emocional se movió de golpe.

Para comprender mejor la magnitud inicial del desastre que desencadenó esta crisis emocional en la capital, puede ver este reporte sobre el sismo del 24 de junio en Caracas, el cual capta el ambiente de alarma y los primeros momentos de tensión vividos por los ciudadanos en las calles.

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