A las estructuras colapsadas llegaron sobrevivientes para encender un velón y recordar a quienes se marcharon. En las Opppe 26 y 27 los pastores cristianos clamaron por la aparición de los desaparecidos / Texto y fotos: Vanessa Davies y José Gregorio Yépez
Habrá música ensordecedora en el por puesto, algún que otro bañista en la playa y mucha actividad en Maiquetía. Pero la normalidad está lejos de volver a La Guaira, donde todavía hay damnificados en carpas y topos en búsqueda de víctimas. Por eso, los cuatro meses de los terremotos del 24 de junio se vivieron, este sábado 24 de octubre, como un día de luto a puro sol.
En los restos del Rita Mar Palace, en Los Corales, funciona el campamento del grupo de topos liderado por el capitán Carlos López e integrado, entre otros, por Eriber Chacón y Yhovany Silgado. Entre los tres improvisaron un altar al que llegaron, este sábado, los esposos que perdieron a su hijo en la estructura, y a quien recordaron con un velón blanco y un ramo de flores. Un poco más tarde, se presentó en el lugar otra de las sobrevivientes, todavía recuperándose del trauma, contenta de poder caminar y con los ojos anegados.

López contó que esta semana lograron recuperar el cuerpo de Joao, un señor de 80 años de edad que quedó sepultado por escombros en un edificio en Macuto y a quien nadie se había atrevido a sacar. Para el veterano bombero no deja de ser lamentable que Joao tuviera una data de muerte relativamente reciente, porque piensa que, si alguien hubiese ingresado al lugar, el señor estaría con vida. López, que sobrevivió a la tragedia de Tacoa en 1982, asegura que no había visto cosas tan terribles como las que ha debido afrontar en La Guaira tras los sismos.

También esta fue una semana de trabajo duro para los rescatistas de UBE26 y Topos Adrenalina, destacados en residencias Caribe, en Tanaguarena. La voluntad de seguir los ayudó a encontrar entre las ruinas a Gerald Millán, de 48 años de edad. Pero las labores no cesan, porque quedan muchos cuerpos por extraer. Manuel Luque y Rafael Sabala El Inquiebrantable, decididos a permanecer hasta «lo último», compartieron sus reflexiones luego de cuatro meses entre paredes derrumbadas: abracen y besen a sus seres queridos, porque no saben cuándo será la última vez que los vean. Para Luque, el mayor tormento en estos 120 días ha sido sacar a niños. Para Sabala, el mayor hallazgo ha sido encontrar a familias abrazadas en el instante final. Ambos se comprometieron a ayudar a la quienes buscan a sus deudos, y quieren honrar esa palabra aún a costa de su salud.

Cuatro meses después, Eillen Solano se mantiene en pie para hallar a su hijo, Jhoniel Morales, de 11 años, desaparecido en la Opppe 26. Eillen no solo estuvo días y noches hurgando entre las ruinas para ver si el cuerpo de Jhoniel aparecía, sino que, una vez culminadas las labores de remoción, comenzó la campaña Hasta encontrarlos, para exigir que las instituciones se pronuncien sobre el caso, que se hagan las exhumaciones de rigor y que se abran las puertas de los refugios a fin de continuar la búsqueda. Este 24 de octubre, entregaron volantes en Caracas para romper el silencio.

Poco antes de las 6:00 pm, los alrededores de la Opppe 26 y la Opppe 27 se llenaron de gente. Personas que llevaban franelas con las caras de sus seres queridos, que portaban globos blancos, que encendieron velas y luces, que dejaron flores entre las cabillas retorcidas. Como si de un cementerio se tratara, cada grupo se puso en un lugar distinto mientras la lucha se llenaba de luz. Hasta que varios pastores cristianos comenzaron la ceremonia. El pastor José Gregorio admitió que no tenía todas las respuestas, pero instó a orar para encontrarlas. El pastor Néstor invitó a hacer una ceremonia de entierro simbólico de los desaparecidos: tomó polvo de las ruinas y lo dispersó con sus manos, mientras recordaba que somos polvo y en polvo nos convertiremos. La oscuridad fue la confidente del llanto.





