Han pasado cuatro meses del doble terremoto del día de San Juan y se hace necesario comparar las fotos de La Guaira en el día uno a este momento.
Nos fuimos a La Guaira, y en la Cámara de Comercio conversamos con su primera vicepresidenta, Cipriana Ramos, a quien le pedimos que evaluáramos la situación.
La destacada dirigente gremial hace un acercamiento a la situación de hoy y nos dice como respuesta la frase que le escuchó a una comerciante de la zona: «Cipriana, hay que hacer cosas, hay que trabajar por nosotros, hay que trabajar por la comunidad porque no vemos que otros lo hagan».
¿Cuál es la situación que ustedes perciben en este momento? ¿Cuál es la foto de hace cuatro meses con respecto a hoy?
– La foto de hace cuatro meses fue devastadora. Antes no teníamos idea realmente de qué era lo que estaba pasando, hoy tenemos claro qué fue lo que ocurrió en el estado. Aun cuando no tengamos cifras oficiales, sabemos que tuvimos muchas pérdidas y que comercialmente estamos avanzando. El comerciante de La Guaira avanza. A desde la Cámara de Comercio de La Guaira, nuestra principal propuesta —la cual hemos hecho desde el tercer día que trabajamos con el tema del Seniat, viendo si los barcos llegan o no llegan, porque además nuestra principal actividad es que somos ciudad portuaria y como tal teníamos que avanzar— es la división político-territorial. Vargas no puede seguir siendo un estado y un municipio. No estoy diciendo con esto que deberíamos ir a dos o tres municipios, pero si hubiésemos sido dos o tres municipios, los municipios foráneos que no sufrieron hubiesen apoyado a los otros.

– ¿Esa centralización atentó contra la capacidad de respuesta?
– Sí, yo estoy clarísima de que sí. Académicamente lo trabajé hace muchísimos años, dos o tres décadas, cuando en un posgrado de gerencia pública estudié la factibilidad de la creación de nuevos municipios en el estado Vargas. Por eso insisto y lo digo con propiedad: no podemos seguir siendo un estado y un municipio con sus competencias solapadas.
– En este momento entonces, ¿la propuesta de la cámara avanza hacia ese sentido?
– Sí, sin duda.
– ¿Y qué hubiese podido hacer un estado de varios municipios en un momento como este?
– Es que en un estado de varios municipios, cada uno tiene su gobierno local que lo representa. Cada municipio hubiese tenido su alcaldía, su protección civil y su policía, y todos hubiesen salido a apoyar a los que estaban aquí en esta circunstancia. ¿Pero qué ocurrió aquí? Aquí no fue solamente el comerciante ni el edificio que se cayó, donde vivía gente de Caracas. No, ahí vivían los policías, vivían los militares, vivían los funcionarios públicos; todos vivíamos aquí y todos estábamos aquí. Cuando salías a la calle, al día siguiente o al tercer día, todavía veías a los funcionarios y a los policías temblando por la situación que estaban viviendo, porque estaban buscando familiares igual que nosotros y estaban viendo sus empresas igual que nosotros. Cuando visibilizas eso y te preguntas qué hubiese pasado si hubiésemos tenido dos municipios, tienes que darte cuenta de que es distinto.
– Hablaba usted de que esto es una ciudad portuaria. La reactivación del puerto y del aeropuerto, ¿en qué estatus está en este momento y cuál es el dinamismo que le ha podido imprimir a cuatro meses de la tragedia?
– Totalmente reactivados, porque toda nuestra actividad portuaria permea a la actividad comercial. Si yo tengo ingresos por ser operador portuario, por ser agente aduanero o auxiliar de la administración aduanera en toda la capacidad logística, yo puedo ir a la panadería a comprar. Si yo no tengo ingresos, ¿dónde compro? El comercio de Vargas en estos momentos, en el cual tenemos una situación con los playeros porque para el gobierno las playas están cerradas, está percibiendo ingresos de la actividad en el sector portuario. Los consolidados, los almacenes, los agentes aduanales, todos los que trabajamos en la cadena logística y el transporte nos beneficiamos.
– Todo ese sector, todo ese andamiaje, ¿está activo en este momento?
– Está activo y está funcionando. Se ha incrementado la llegada de buques y de contenedores. Tenemos un tema ahorita porque precisamente no estábamos preparados para este incremento y hay una demora en la salida de la mercancía, algo que estamos abordando en reuniones en la aduana de La Guaira. Como les dije, antes estaba en la aduana de La Guaira en una actividad distinta a esa, pero estamos trabajando en ello. El lunes hubo una reunión de la Comisión de Aduanas de Comercio Exterior donde cada quien hizo su planteamiento de qué es lo que está pasando y las propuestas de cómo solucionar esa demora que tenemos ahorita en la salida de la carga.
– ¿Y a qué se debe eso? ¿A congestión, a volumen o a la falta de capacidad?
– Hay varios temas: infraestructura, no hay máquinas suficientes y no se han establecido mecanismos adecuados. Por eso es que le presentamos al gerente de la aduana de La Guaira un esquema de trabajo en el cual participamos la Cámara de Comercio de La Guaira, la Cámara de Transporte de Vargas, la Asociación Naviera y todos los que hacemos vida dentro, para sentarnos allí y comenzar a definir qué es lo que consideramos que nos va a destrancar el juego que tenemos ahorita.
– Pero se había dicho que había una serie de medidas que el Seniat había tomado para tratar de agilizar los trámites.
– Sí, es que estoy hablando del puerto, no estoy hablando del Seniat directamente; estoy hablando de la aduana. Menciono la reunión en el Seniat, porque el Seniat es el que ejerce la potestad aduanera, es como el órgano rector y es quien realmente tiene que tomar ese toro por los cachos y definir cómo vamos a trabajar aquí. Pero no es el trámite en sí, es un tema operativo. Le he reiterado en las reuniones a la gerencia que el esfuerzo que está haciendo el Seniat al acelerar el trámite, trabajando hasta las seis de la tarde y los sábados, se está perdiendo cuando se va a retirar la carga. Tengo todo mi trámite perfecto en 24 horas para despachar, pero resulta que cuando voy a sacarlo, no tengo la máquina. Exactamente allí es donde se tranca el juego.
– ¿Y eso es lo que se está resolviendo?
– Eso es lo que estamos resolviendo, exactamente.
¿Y las playas?
– Le quería preguntar también sobre el tema de la actividad de las playas. ¿Cómo lo perciben ustedes desde la Cámara de Comercio? ¿Cuántos trabajadores de la playa pueden estar afectados por el cierre?
– Como te dije antes, somos ciudad portuaria y somos ciudad recreacional. Tenemos dos ingresos: uno como ciudad portuaria que permea al comercio y los servicios, y uno como recreacional turístico que también permea al comercio y los servicios. El cerrar las playas no permite que esas personas que hacen vida allí, que pueden ser 300 en un espacio bien limitado y que además son de nuestras zonas periféricas y marginales de enfrente, tengan ingresos.
– ¿Y a qué se debe el cierre de las playas?
– Mira, de verdad que no entendemos por qué.
– Hay gente que dice que hay que respetar el dolor.
– Pero es que eso no tiene nada que ver con el dolor o con el respeto. Aquí hay playas que no están precisamente en frente de donde todavía están rescatando personas. El dolor que debe sentir un gobierno es apoyarme a mí a rescatar a esas personas que están allí, no cerrarme las playas. Eso no soluciona nada. Lo que me soluciona es que tú vengas conmigo y te pongas a escarbar allí; eso sí me soluciona, pero no que me cierren las playas. Porque además, el domingo cerraron Los Caracas a las tres de la tarde. Es decir, Los Caracas, de Naiguatá hacia allá, ¿qué tiene que ver con esto o con aquello? Lo que estoy viendo y visibilizando es que están dejando a una gente sin trabajo.
– El tema del desempleo, que ya era una preocupación antes del terremoto, ¿cómo lo abordan ustedes y cómo creen que debe hacerse dentro de ese proceso de reconstrucción?
– Fíjate que estamos trabajando con el proyecto «Fortaleza La Guaira», que es de Consecomercio. Es un tema de formaciones en el que hemos ido avanzando porque tenemos que cambiar. Por ejemplo, el piscinero, ¿cuántas piscinas perdió y cuántas le quedaron? Ahí hay una realidad. El herrero, ¿cuántas rejas de apartamentos o portones perdió? Entonces, hay oficios que tenemos que canalizar hacia otros, evidentemente dentro de las competencias de cada quien. No es como decir que el trabajador playero se va a ir a trabajar en las construcciones. Eso no es así, porque el trabajador playero generalmente tiene una edad que no le va a permitir ir a una construcción; no es lo mismo un muchacho de 20 años al que sí puedes llevar a una obra, que un playero de 50, 60 o 70 años. Hay que preparar ese oficio, que es lo que estamos haciendo con el plan «Fortaleza La Guaira: Vida y Producción», preparar oficios para que nos ayudemos en esto. Cuando hicimos la primera reunión aquí, oíamos a una oficina de contadores que decía: «Perdí a todos mis clientes». Y después oías a ese piscinero que decía: «Me quedé con tantas piscinas». Ahí es donde te das cuenta. Si sigues observando, todos los oficios están en esa situación.
La reconstrucción
– ¿Cómo se reconstruye La Guaira? ¿Cuál es la propuesta de «Fortaleza La Guaira» y qué es lo que le falta al estado en este momento para poder salir adelante a cuatro meses de la tragedia?
– División político-territorial y un plan de ordenación urbanística. Cada municipio debe tener su propio plan de ordenación urbanística. Ahí vamos a saber las vocaciones de cada sector y de cada zona. Una de las ventajas del estudio —por no llamarlo censo— que se está haciendo con el plan «Fortaleza La Guaira» es conocer esa vocación. Si tú estás en Maiquetía, tu vocación no es el sector playero; en Maiquetía es comercio, servicios, aduana y puerto. Eso es Maiquetía. Pero cuando te vas hacia la costa, ¿cuál es la vocación de la costa? Agrícola y turística. Entonces, se trata de darle la vocación a cada sector para hacer una reconstrucción o una construcción ordenada, porque nosotros actualmente desconocemos el plan de ordenación urbanística. Nosotros trabajamos hasta el 2012, con el Plan de Ordenación Territorial del Estado Vargas de cuando ocurrió el deslave; pero allí se trabajó en función del agua. Solo un artículo hablaba del tema sísmico y la sismorresistencia que se debía tener, pero no se desarrolló el tema sísmico a fondo. Nosotros aquí no lo hemos hecho y hay que trabajar en eso. O sea, ¿cuál es la vocación de cada territorio aquí? A mí me llamaba una amiga hace dos meses y me decía: «Tengo un cliente que necesita un galpón de 1.000 metros en La Guaira, ¿dónde lo ubico?». Si yo no sé cuál es la vocación de La Guaira, si yo no sé realmente si esto que están tumbando ahorita me va a permitir allí construir un galpón.
– ¿Están trabajando las empresas de La Guaira en este proceso que se está llevando adelante?
– No todas. De verdad que la semana pasada hubo una protesta en el aeropuerto por el tema de los trabajadores que no están recibiendo. Cuando estás en la calle, la gente te dice: «No nos llaman, no nos están tomando en consideración». Eso ocurre siempre. Eso ocurrió en el 99 y pensamos que esta vez iba a ser distinto.
– Los mismos problemas.
– Sí, es que pensamos que iba a ser distinto porque estamos hablando de un gobierno humanista, de un gobierno que está con la gente y que cree en la gente. Por eso pensamos que iba a ser distinto, porque el error del 99 no podían cometerlo en el 2026. Y, sin embargo, vemos que no ha sido así; estamos igual que ayer.
– ¿Qué le dice hoy Cipriana Ramos a las autoridades para poder reconstruir La Guaira con los guaireños?
– Es que ni siquiera es a las autoridades. Yo creo que el llamado es al guaireño; yo creo que el llamado es a nosotros. Porque cuando comenzamos con esto, como te decía, con el Seniat trabajamos muy bien, pero no hemos tenido la primera reunión con la alcaldía ni con la gobernación. Entonces, qué llamado le puedo hacer yo a ellos cuando desde un principio se les dijo que necesitábamos alivio tributario y no se ha dicho absolutamente nada. ¿Qué llamado le puedes hacer? El llamado es a cada uno de nosotros a que continuemos avanzando a pulmón propio, cumpliendo con lo que tengamos que cumplir. Y hay que cumplir de una manera perfecta, estamos clarísimos; yo no puedo decir: «No hagas esto o no hagas lo otro» que vaya en contra de la ley. Pero avancemos. Avancemos cada uno de nosotros olvidándonos de que vas a recibir una ayuda de la gobernación o de la alcaldía.
– Ahorita están ayudando con el tema de la recuperación de ciertos condominios.
– Sí, eso se está recibiendo. Pero el crédito para el sector comercial no tiene ninguna ventaja; tú vas a pedir un crédito y es igualito. Es más, tienes una desventaja, porque si perdiste la oficina, ¿qué puedes dar en garantía? Si perdiste la casa, ¿con qué puedes garantizar? Entonces, más bien tienes desventajas con ese tema, y ese es el llamado que tendría que hacerle no al gobierno, sino a la banca: que revisen a través de la Sudeban.
– ¿Cuánto han contabilizado o proyectado en recursos de financiamiento que necesitaría el sector comercio?
– Mira, las proyecciones que dio el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) reflejan que es mucho dinero y mucho tiempo lo que se necesita. No estamos hablando de que te entreguen todo de una sola vez, estamos hablando de que hay fondos no reembolsables con los que se puede trabajar junto al sector privado. Nosotros la semana pasada tuvimos una actividad con un fondo de inversiones para ver cómo buscamos fondos no reembolsables y créditos con bajos intereses, porque si a mi comercio me vas a prestar con lo que está cobrando la banca ahorita, que es un 20 % o 26 %, es inviable. Entonces, necesitamos que revisen eso, pero ahí tiene que intervenir el gobierno, porque el gobierno es el que tiene que definir junto a la banca y la Sudeban cómo vamos a hacer con esto.
– Ahí está el llamado a las autoridades.
– Ahí, exacto. Sí, el llamado tiene que ser ese. Yo te digo que no le hagamos un llamado a las autoridades en el sentido de «si no haces esto, yo no hago aquello»; no, avance. Avance, que cuando vaya avanzando ellos tendrán que darse cuenta de qué es lo que se está haciendo y qué es lo que no se está haciendo, aun cuando a veces los ves tan felices que parece que de verdad no pasó nada.





